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Familias y empresas bajan un 24% el consumo de luz, pero pagan un 68% más
  1. Economía
El impacto de la inflación

Familias y empresas bajan un 24% el consumo de luz, pero pagan un 68% más

Los registros de facturación de las eléctricas evidencian el esfuerzo que están realizando los agentes económicos para reducir su consumo de energía ante la escalada de los precios

Foto: Torres de alta tensión en A Coruña. (EFE/Cabalar)
Torres de alta tensión en A Coruña. (EFE/Cabalar)
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La escalada de los precios de la energía ha obligado a las familias a rascarse el bolsillo para cubrir sus necesidades. Los datos publicados en los últimos meses mostraban claramente cómo los hogares y las empresas se habían visto obligados a elevar su gasto para mantener el consumo. Lo que no estaba tan claro era si la inflación estaba frenando la demanda. Ya no hay dudas: el encarecimiento de la energía ha forzado una importante reducción del consumo real a los agentes económicos. Ahora consumen mucho menos, pero pagan mucho más.

Así se desprende de los datos de declaración del IVA de las grandes empresas (en el sector de la energía es la práctica totalidad del mercado) que realizan mensualmente a la Agencia Tributaria a través del SII. Las cifras muestran que la facturación de las empresas de electricidad y gas se ha disparado un 69% en el mes de mayo en comparación con el mismo mes del año anterior (mes en el que ya no hubo estado de alarma). Sin embargo, si se corrigen los datos de la inflación, el resultado es que el gasto real ha sido un 23% inferior. Y no se trata de un hecho aislado, sino que es ya una tendencia desde que comenzó la guerra en Ucrania.

Esto explica la urgencia del Gobierno por seguir adoptando medidas para bajar la factura eléctrica que pagan empresas y familias. Sin embargo, los esfuerzos adoptados hasta ahora no han conseguido recortar el recibo, ya que el precio del gas sigue disparado y los resultados de las subastas no han salido como esperaba el Ejecutivo. De hecho, en el mes de entrada del ‘tope al gas’ es muy posible que el precio de la factura vuelva a subir. Y lo que es peor, la bajada del IVA del 10 al 5% será insuficiente para compensar el ‘efecto escalón’ por la gran bajada de junio del año pasado, cuando se redujo del 21% al 10%.

Foto: Gracias a las bombillas inteligentes es posible ahorrar en la factura de la luz. (Zach Lucero para Unsplash)

Los datos de la Agencia Tributaria confirman que los hogares y las empresas no solo se están ‘rascando el bolsillo’ para soportar la inflación, también están consumiendo menos energía. En el caso de la electricidad para los contratos del mercado regulado, el precio se llegó a disparar un 108% en el mes de marzo respecto al mismo periodo del año anterior. En los dos meses siguientes se moderó esta escalada, en parte gracias al efecto base y a la caída del precio del gas, situando su subida de precios en torno al 30% en el mes de mayo.

Esta alza ha sido tan fuerte que desde que comenzó el año el consumo real de energía eléctrica y gas se ha reducido significativamente. En febrero, la caída interanual empezó a ser de doble dígito y se ha mantenido así hasta el mes de mayo.

También se está reduciendo el consumo de petróleo, aunque en menor medida. Es importante tener en cuenta que la recuperación de la movilidad tras el estado de alarma ha obligado a muchos ciudadanos a elevar su consumo de gasolinas, de modo que si en términos agregados se ha producido una caída, es porque también se está produciendo una gran contención del gasto. En el mes de mayo, el volumen de ventas de las petroleras fue casi un 2% inferior al del mismo periodo del año anterior, pero su facturación total fue un 83% superior.

Así se traslada la inflación

Otra de las conclusiones más relevantes de los datos publicados por Hacienda es que las empresas están trasladando con mucha intensidad sus costes a precios finales. Tanto, que dos terceras partes de la subida de la facturación de las empresas se deben a la inflación.

​En concreto, la facturación total de la gran empresa española (que copa ya casi el 80% del mercado) en mayo fue casi un 31% superior a la del mismo periodo del año anterior. Esto es, la mayor subida interanual de toda la serie histórica si se excluye la del final del ‘gran confinamiento’. Sin embargo, las ventas reales fueron ‘apenas’ un 11% superiores. Si bien es cierto que el consumo ha crecido intensamente en el último año (los datos comparan con el mes en que acabó el último estado de alarma), la realidad es que la mayor parte de la facturación procede de las subidas de precios. Las empresas están trasladando el alza de costes a los precios. Y su facturación está siendo tan abultada que es posible que en algunos sectores estén protegiendo, o incluso ganando, márgenes de beneficio. Por ejemplo, la industria manufacturera ha elevado sus ventas reales un 6,5%, sin embargo, está facturando un 26% más que hace un año. Esto es, solo una cuarta parte del incremento de los ingresos es consecuencia del aumento de la producción, el resto se debe exclusivamente al ‘efecto precio’.

Foto: Vista de la Calle Serrano, en Madrid. (Getty/Oli Scarff)

En la industria de la alimentación, la diferencia es mucho más abultada: las ventas han crecido un 2,5%, mientras que la facturación se ha disparado un 22%. Esto es, casi nueve veces más. En el caso del comercio, las ventas reales apenas son un 3% superiores a las del año anterior, pero la facturación declarada es ya un 28% mayor.

El sector servicios es el único que todavía no traslada con esta intensidad los costes. Por ejemplo, en el caso de los hoteles y las empresas de alojamiento, los precios son un poco inferiores a los del año 2021. Es posible que aquí haya una parte de ‘efecto composición’, ya que los hoteles que más han tardado en abrir son aquellos cuya rentabilidad potencial es inferior. En cualquier caso, su facturación se está disparando más de un 200% este año gracias al final de las restricciones y al regreso de los turistas internacionales.

Esta subida de precios tan intensa es ya un gran motivo de preocupación para el Gobierno y para el Banco Central Europeo (BCE). Es urgente frenar este contagio de los costes energéticos al resto de la cesta de bienes y servicios que pagan los españoles. De lo contrario, el riesgo de entrar en una espiral inflacionista se multiplica, incluso aunque se terminase la crisis energética.

La escalada de los precios de la energía ha obligado a las familias a rascarse el bolsillo para cubrir sus necesidades. Los datos publicados en los últimos meses mostraban claramente cómo los hogares y las empresas se habían visto obligados a elevar su gasto para mantener el consumo. Lo que no estaba tan claro era si la inflación estaba frenando la demanda. Ya no hay dudas: el encarecimiento de la energía ha forzado una importante reducción del consumo real a los agentes económicos. Ahora consumen mucho menos, pero pagan mucho más.

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