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"Alemania está abocada a una reestructuración como la que le impuso a los países del sur"
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ENTREVISTA A JAVIER BLAS

"Alemania está abocada a una reestructuración como la que le impuso a los países del sur"

"Los precios seguirán altos hasta que entremos en recesión o se acabe la guerra. No hay alternativa", vaticina el periodista de Bloomberg, referente mundial en materias primas

Foto: El columnista de Bloomberg Javier Blas.
El columnista de Bloomberg Javier Blas.
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Si los accionistas de las empresas que mueven el negocio global de las materias primas caben en una sala de cine, los periodistas que los fiscalizan no llegan ni a ocupar todas las butacas de la primera fila. Javier Blas (Sabiñánigo, Huesca, 45 años) es uno de ellos. Entre metáforas como la anterior y tantos datos como los que comparte cada día en su popular cuenta de Twitter, el columnista de la agencia Bloomberg solo detiene su discurso para buscar en el móvil una cifra que se le escapa o una palabra en español oculta en algún rincón de su memoria. Su profesor del instituto le dijo que nunca hablaría bien inglés, pero el año pasado publicó 'The World for Sale', que acaba de ser traducido a nuestro idioma como 'El mundo está en venta' (Península).

Tras dos décadas en Londres, Blas habla para El Confidencial de su libro —escrito a cuatro manos junto al también periodista de Bloomberg Jack Farchy— con la misma pasión con la que describe los 16 kilómetros que recorre cada día en bicicleta para llegar a la redacción, situada en plena 'City'. El diálogo, aquí presentado a la inversa, empieza por el opaco mercado de las 'commodities', que supone un tercio de la economía mundial, pero acaba derivando irremediablemente hacia las consecuencias de la crisis energética ante la guerra en Ucrania.

Blas dibuja dos salidas posibles a la situación actual. Y ambas son muy difíciles de asumir para Europa: o un acuerdo con Rusia o la recesión. "Los precios de las materias primas van a seguir altos hasta que entremos en recesión o hasta que se acabe la guerra. Son las dos opciones. Yo no veo una alternativa", afirma con naturalidad, mientras el hilo musical que suena en la biblioteca de un hotel de la Gran Vía madrileña resta gravedad al lapidario pronóstico. El periodista matiza: eso no significa que vayamos a sufrir una hecatombe como la de 2008, pero sí unos trimestres en negativo, que la subida de tipos emprendida por los bancos centrales "para generar capacidad en el sector de bajar la demanda" y así luchar contra la inflación no hace más que anticipar. "Tengo dudas de que nos podamos independizar del gas ruso sin sacrificios", enfatiza.

El entrevistado habla sin pelos en la lengua, y reconoce un punto cínico en sus análisis, a menudo discordantes con la opinión mayoritaria, pero no por ello carentes de argumentos. En este caso, la clave, opina, no será tanto el desabastecimiento, sino el coste: "Si prescindimos del petróleo y el gas rusos seguiremos pagando precios históricamente altos no unas cuantas semanas más, sino unos cuantos meses y quizá años. Es posible reemplazar el volumen, pero no es posible reemplazar el volumen al mismo precio". Mientras los barcos metaneros llegan desde Qatar, Nigeria o Estados Unidos para demostrar que existe una alternativa al chantaje del Kremlin, los futuros de referencia en Europa baten récords y amenazan los cimientos económicos del continente.

"Alemania tiene la mayor planta química del mundo y no es competitiva. Tendría más sentido que estuviese en EEUU, México, India o China"

Blas rebate a quienes justifican la dependencia comunitaria de Moscú como una política de apaciguamiento que con el paso del tiempo se ha revelado fracasada y señala directamente a los intereses económicos de Alemania, la gran beneficiada hasta ahora gracias al suministro a precios de saldo para sus empresas. Sin el gas siberiano, la locomotora comunitaria vería amenazado su modelo, en una suerte de justicia poética ejecutada por la guerra. "Alemania está abocada a una reestructuración económica. Necesitamos un ajuste, el mismo tipo de ajuste que le impuso a los países del Sur", afirma, en referencia a los rescates tras la crisis de deuda de la década pasada. El columnista de Bloomberg pone el énfasis en la industria pesada: "Alemania tiene hoy en su territorio la mayor planta química del mundo, que no es competitiva. Tendría más sentido que estuviese en el sur de Estados Unidos, México, India o China".

Para evitar este escenario, Berlín —pero también París y Roma— buscan una salida diferente a la que se ha pregonado en público. Pese a reconocer que esta vez la respuesta de la Unión ha sido rápida y contundente, en forma de sanciones al Kremlin y una estrategia para garantizar la autonomía energética, Blas no cree que esta sea la opción prioritaria. Más bien se trata de un plan de contingencia por si el presidente ruso, Vladímir Putin, decide cerrar el grifo el próximo invierno. Para conocer la apuesta de las principales capitales basta leer este reciente editorial del diario estadounidense 'The New York Times', que defiende una negociación para que Ucrania renuncie a una parte de su territorio a cambio de paz para el mundo y gas barato para Europa.

placeholder Javier Blas, en una explotación petrolífera libia.
Javier Blas, en una explotación petrolífera libia.

Al final, el principio lampedusiano se puede acabar imponiendo: todo es susceptible de cambiar para que nada cambie. Pero eso nadie lo puede saber, ya que depende de la evolución de un conflicto que hasta ahora se ha revelado imprevisible. Lo que sí está claro es que la guerra deja algunas lecciones que, tras su despertar como potencia geopolítica, la Unión Europea tardará mucho tiempo en olvidar. "Nos hemos dado cuenta de que depender del petróleo y del gas crea un montón problemas políticos y tiene un coste tremendo en seguridad", resume Blas. Y agrega: "También nos hemos dado cuenta de que depender solo de las renovables tiene sus problemas cuando hay una sequía o falta de viento. Hasta hace unos meses se vendía como todo ventajas y ningún inconveniente, pero no solucionan el problema".

Dogmas fuera, Europa vuelve a quemar carbón y el petróleo cerrará 2022 con la demanda más alta de la historia, mientras Estados Unidos libera reservas y los países productores se niegan a poner suficientes barriles en el mercado. El golpe de realidad alumbrará una política energética "más pragmática, equilibrada y segura", añade quien fue responsable de materias primas del diario londinense 'Financial Times'.

Sobre el Midcat: "Llevamos 25 años hablando de hacer más infraestructuras que no se han construido. Todo se quedará en palabrería"

Como casi siempre, en ese nuevo escenario España se quedará fuera. Pese a las dudas sobre su rentabilidad, Blas defiende la inversión en nuevas infraestructuras que permitan mejorar la seguridad energética de Europa, como el ducto Midcat: "El coste es inferior al riesgo" Sin embargo, cree que nuestro país perderá la oportunidad geopolítica de convertirse en la puerta de entrada del gas en la UE. Básicamente, porque no le interesa desde el punto de vista económico. Ni al Estado, ni al oligopolio energético. "Ser una isla ha permitido al Gobierno desconectar los precios del resto de Europa, lo ha hecho bien", afirma, en referencia al tope al gas para la producción eléctrica avalado por Bruselas. "A las empresas también les viene muy bien, porque significa no tener competencia", añade. El imprescindible acuerdo con Francia para retomar las interconexiones se demora, y la falta de voluntad política se maquilla con una demanda de financiación comunitaria que no está garantizada.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el primer ministro italiano, Mario Draghi. (EFE)

Según Blas, el papel al que la Península está renunciando para abastecer el centro de Europa lo ejercerán Italia y Francia, o incluso directamente Alemania y los Países Bajos a través de nuevas plantas regasificadoras en el Mar del Norte. "Llevamos 25 años hablando de hacer más infraestructuras que no se han construido. Todo se quedará en palabrería y nuestra capacidad de regasificación seguirá ociosa", vaticina, tras criticar la ausencia de diplomacia energética de Madrid. El periodista aragonés, que dirigió la oficina africana del 'Financial Times' durante dos años, considera que nuestro potencial se encuentra en la llegada de gas natural licuado (GNL) a los puertos, pero descarta que el Sahel pueda convertirse en una fuente de abastecimiento para Europa, por medio de tubos que unirían Nigeria con Marruecos o Argelia hasta llegar a España: "Eso no pasará nunca. El GNL te da más alternativas que unos gasoductos larguísimos".

"Los nuevos amos coloniales"

Los países en vías de desarrollo se presentan como la opción más factible para cubrirse las espaldas frente al desafío de Rusia, pero detrás de las promesas de obras faraónicas e inversiones mareantes se esconden obstáculos que ponen en duda su rol como suministradores fiables. Inseguridad jurídica, corrupción e intereses geopolíticos —como ha comprobado recientemente España con Marruecos y Argelia por el conflicto del Sáhara Occidental— se entremezclan en el mercado de la energía, que acapara toda la atención desde que Putin lanzó sus tanques hacia Kiev.

Sin embargo, el negocio verdaderamente oscuro no es el de las petroleras, gasísticas o eléctricas tradicionales, actualmente en el foco por los récords en sus beneficios, sino el de apenas 10 empresas que operan en paraísos fiscales, sobornan con impunidad y se comportan como "los nuevos amos coloniales", define Blas. Son los 'traders' que compran y venden materias primas, un mercado opaco y altamente especulativo que el entrevistado considera necesario en el mundo global, pero carece de cualquier regulación y se caracteriza por su impunidad.

¿Por qué Juan Carlos I medió ante Bill Clinton para que el español Marc Rich, fundador de Glencore, fuese indultado por EEUU?

El mismo día de la entrevista, la multinacional Glencore se enfrentaba a un proceso criminal en Estados Unidos tras haber reconocido que manipuló los precios durante una década. "En cualquier otro sector hubiese sido un escándalo mayúsculo. Los han pillado una y otra vez con las manos en la masa, pagando sobornos, lavando dinero y manipulando el mercado", denuncia Blas. Sin embargo, sus dirigentes, entre ellos Daniel Maté —uno de los hombres más ricos de España— siguen en sus puestos y, en muchos casos, en el anonimato. El articulista de Bloomberg desenmascara en el libro quiénes son estos personajes, cómo actúan con la protección de sus Gobiernos —o, si es necesario, en contra de los intereses nacionales— y qué mecanismos utilizan para financiar regímenes como el de Putin, o incluso al bando rebelde en la guerra de Libia, con tal de preservar su negocio.

¿Por qué Juan Carlos I medió ante el expresidente de Estados Unidos Bill Clinton para que el español Marc Rich, fundador de Glencore, fuese indultado? ¿Qué relación tiene la burguesía catalana con la mayor empresa de 'commodities' agroindustriales del mundo? ¿Cómo consigue la británica Vitol sortear las sanciones para comerciar con el petróleo ruso? Javier Blas tiene (casi) todas las respuestas, pero algunas prefiere guardárselas tras una pregunta retórica. En la nebulosa de dudas alrededor de las compañías que han puesto el mundo en venta, solo existe una verdad indiscutible, una regla que se cumple siempre: "Los grandes beneficiados de la guerra van a ser las empresas de materias primas". Y no habrá Gobierno que pueda gravar los beneficios caídos de las bombas.

Si los accionistas de las empresas que mueven el negocio global de las materias primas caben en una sala de cine, los periodistas que los fiscalizan no llegan ni a ocupar todas las butacas de la primera fila. Javier Blas (Sabiñánigo, Huesca, 45 años) es uno de ellos. Entre metáforas como la anterior y tantos datos como los que comparte cada día en su popular cuenta de Twitter, el columnista de la agencia Bloomberg solo detiene su discurso para buscar en el móvil una cifra que se le escapa o una palabra en español oculta en algún rincón de su memoria. Su profesor del instituto le dijo que nunca hablaría bien inglés, pero el año pasado publicó 'The World for Sale', que acaba de ser traducido a nuestro idioma como 'El mundo está en venta' (Península).

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