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Italia y España, abocadas a repartirse los papeles en su lucha por ser el 'hub' energético europeo
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UNA CUESTIÓN DE MAPAS

Italia y España, abocadas a repartirse los papeles en su lucha por ser el 'hub' energético europeo

Argelia pone en evidencia la competencia entre Madrid y Roma por asegurar la independencia comunitaria del gas ruso, pero ambas capitales pueden jugar roles complementarios

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el primer ministro italiano, Mario Draghi. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el primer ministro italiano, Mario Draghi. (EFE)
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Cuando Super Mario bajaba las escalerillas del avión para ser recibido en Argel como un jefe de Estado, los restos de la cena en el Palacio Real de Rabat todavía estaban calientes. En menos de cuatro días se cerraba el cuadrado en el Mediterráneo Occidental, que siempre estuvo descompensado entre la parte de arriba, europea y cristiana, y la de abajo, magrebí y musulmana. Pero ahora también lo empieza a estar a izquierda y derecha. Y no precisamente por la forma de Estado, que comparten las seculares monarquías borbónica y alauí, al oeste, y las más recientes repúblicas italiana y argelina, al este.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, fue a Marruecos a taponar la llegada de inmigrantes; el presidente del Consejo de Ministros italiano, Mario Draghi, acudió a Argelia a descorchar la botella del gas. En ambos flujos, el migratorio y el energético, el sentido es el mismo, pero no siempre tienen la misma dirección. Del camino que sigan depende la estabilidad de la frontera sur de Europa y, ahora más que nunca, su abastecimiento de gas. La autonomía de los Veintisiete frente a Rusia se juega en el Mare Nostrum.

Foto: Abdelmajid Tebboune, en una imagen de 2019. (REUTERS/Ramzi Boudina)

Italia y España compiten por convertirse en la puerta de entrada de la energía a la Unión Europea. Lo han hecho siempre, en una relación a menudo tensa que contrasta con la historia común, los lazos culturales y, sobre todo, los problemas compartidos en el seno de los Veintisiete (o precisamente por eso). En el tira y afloja, que no ha impedido grandes hitos —la entente entre Mario (Monti) y Mariano (Rajoy) para aflojar la austeridad alemana con el patrocinio del propio Draghi, en 2012, o el impulso, tras la crisis pandémica, del primer endeudamiento conjunto de la historia de la UE son algunos de los más destacados—, el escenario actual revive la añeja rivalidad. Incluso ha motivado discretos contactos de máximo nivel entre ambos países para que los intereses de uno no vayan en detrimento de los del otro. No tendría por qué ser así. La tercera y la cuarta economía del euro está condenadas a repartirse los papeles para asegurar un bien mayor: el suministro energético de los Veintisiete.

Simone Tagliapietra habla en italiano, pero piensa en europeo. El experto de Bruegel, laboratorio de ideas de referencia en Bruselas, aporta una visión comunitaria de los movimientos de las últimas semanas: "A medida que nos independizamos de Rusia, el Mediterráneo importa más que nunca. El desafío que estamos viviendo es tan grande que hay un rol para cada país". Para conocerlos, solo hace falta acudir a los mapas.

En el de la península Ibérica abundan los barcos azules, que representan las plantas de regasificación de gas natural licuado. Actualmente funcionan siete: seis en España y una en Portugal, a las que habría que añadir la próxima apertura de la del puerto del Musel (Gijón, Asturias), aunque solo como infraestructura de almacenamiento y sin conexión a la red nacional. Nuestro país puede devolver a su estado natural más de 60.000 millones de metros cúbicos (60 bcm, en la jerga del sector) de gas al año, después de que este llegue en forma líquida (GNL) a los puertos a través de grandes buques. Es más del triple que Italia, con solo tres plantas, y cerca de un tercio de la capacidad de regasificación total de la Unión Europea.

En el mapa de la península Itálica, en cambio, predominan las líneas negras, que representan los ductos que trasportan el gas por tierra o bajo el agua. Son cinco. De ellos, dos acercan el gas del norte de África a las costas de Sicilia: el Greenstream, que llega de Libia y puede transportar 8 bcm al año, y el TransMed, también conocido como Enrico Mattei, que atraviesa Túnez procedente de Argelia y tiene una capacidad potencial de 30 bcm. Además, en noviembre de este año se finalizó el TAP, que arriba a las costas del Adriático procedente de los Balcanes, y permite diversificar el suministro gracias a 6 bcm con origen en Arzerbaiyán. A ellos habría que unir, ya en el norte, el Transitgas, que abastece a Suiza con cantidades 'irrelevantes', y el gigantesco TAG, que transporta a través de Centroeuropa hasta 41 bcm procedentes de Rusia.

El aumento de la capacidad del Medgaz es un parche que el lunes se convirtió en tirita después de la triunfal visita de Draghi a Argel

El tamaño importa. Como se aprecia en el trazo de las líneas, Italia cuenta con un potencial de importación a través de gasoductos 10 veces superior al español, que apenas puede recibir 8 bcm procedentes de Argelia vía el Medgaz. El fracaso del Magreb-Europa, clausurado desde el 1 de noviembre, supone un fiel reflejo de hasta qué punto las relaciones bilaterales entre los países del cuadrado influyen en la seguridad de suministro del sur de Europa: Argelia renunció a las divisas que le aportaban las exportaciones de gas para castigar a Marruecos, que también obtenía ingresos por el paso de la infraestructura por su territorio. Otra vez, los mapas.

El aumento previsto de la capacidad del Medgaz, en 2 bcm más al año, es un parche que el pasado lunes se convirtió en tirita después de la triunfal visita de Draghi a Argel. Italia recibirá de su vecino del sur 29 bcm al año, un 43% más que hasta la fecha, lo que garantizará el funcionamiento del Enrico Mattei a pleno rendimiento. El ducto recibe el nombre del fundador de Eni, la mayor empresa energética de la Unión Europea, que participa de la infraestructura junto a la estatal argelina Sonatrach.

El acuerdo entre Italia y Argelia se llevaba perfilando varios meses, antes incluso del giro español sobre el Sáhara

El acuerdo se llevaba preparando varios meses: el presidente de la República, Sergio Mattarella, y el ministro de Exteriores, Luigi Di Maio, ya habían visitado la capital previamente, antes incluso del giro del Gobierno español sobre la autonomía del Sáhara, que precipitó el deshielo con Marruecos y enfadó a Argelia. Pese a ello, ha causado estupor en el Ejecutivo y la opinión pública española.

Aunque durante la visita de Sánchez a Rabat todos quisieron restar importancia al viaje de Draghi a Argelia, fuentes del Ministerio de Exteriores reconocen la preocupación por el giro de ese país hacia Italia. Según Bloomberg, ambos socios europeos están en contacto para evitar cualquier malentendido. El primer ministro italiano no mencionó el pacto en su reciente reunión en Roma con el presidente del Gobierno español, centrada, precisamente, en el nuevo modelo energético tras la guerra en Ucrania. Y eso que sí se habló de proyectos tan llamativos como la construcción de un gasoducto entre Barcelona y Génova. Fuentes de la diplomacia argelina consultadas por El Confidencial contrastan la amistad que preside sus relaciones con Italia con el comportamiento de otros países de la región, en referencia a España, a la que acusan de "cálculos egoístas".

Foto: Pedro Sánchez y Mario Draghi. (EFE)

¿Realmente tiene sentido competir? Ambos socios europeos parten de posiciones distintas, y los datos indican que cada uno está siguiendo su propia estrategia. Mientras Sánchez ha girado hacia el gas natural licuado, Draghi promueve las importaciones a través de ductos. Tagliapietra comparte la explicación oficial de Madrid y Roma, según la cual el aumento de las exportaciones a Italia no tendría que suponer una reducción hacia España, cuyo suministro, reiteran Moncloa y Sonatrach, está asegurado. "Los nuevos volúmenes que Argelia podría enviar a Italia son producción adicional", asegura el experto, que recuerda que la capacidad de producción del país está infrautilizada tras la falta de inversiones de los últimos años. El actual escenario de récords del gas beneficiaría a la economía argelina si aumentase la extracción. Y en esa espiral inflacionista se halla, precisamente, la clave.

Dos ventajas y una desventaja

Las recientes declaraciones del presidente de Sonatrach, en las que aseguraba que mantendría los precios a todos sus clientes europeos menos a España, ayudan a explicar el agravio que siente Madrid, y llegan en un momento especialmente inoportuno, cuando se están renegociando los contratos entre la empresa magrebí y Naturgy. La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ya asume que los precios subirán, lo que solo agudizaría una de los dos desventajas comparativas de España frente a Italia: el coste de la energía. Mientras que la tercera economía de la zona euro recibe la inmensa mayoría de su gas a través de ductos, el cierre del Magreb-Europa ha disparado las importanciones españolas de GNL, mucho más caro. De hecho, Estados Unidos ya supuso en febrero el 43% de las compras, frente al 29% de Argelia, según el informe mensual de Enagás.

España tiene una gran desventaja frente a Italia: la falta de conexiones con el resto de Europa

El giro en la política de importaciones española tiene mucho más que ver con las tensiones de Argel con Rabat, y ahora con Madrid, que con la dependencia del gas ruso, que apenas representa el 8,9% del consumo nacional. El caso de Italia es muy diferente: con una dependencia del 40%, que la sitúa en una situación mucho más complicada, está buscando nuevas vías para abastecerse. Por eso recurre a Argelia. Y no solo por eso. En la cabeza de Draghi —y de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen— hay un segundo motivo: ahora que el gigantesco TAG dejará de llevar gas ruso a Roma, podría servir para transportar gas magrebí hacia Centroeuropa a través de la sinuosa Península. Este cambio de sentido ayudaría a conseguir el objetivo de eliminar las importaciones del Kremlin antes de 2030, especialmente sensible para naciones como Alemania, que compran más de la mitad a Moscú.

El otro vector de esta estrategia sería España, gracias a su red de regasificadoras. Pero nuestro país tiene un gran problema que supone una segunda desventaja comparativa frente a Italia: la falta de conexiones con el resto de Europa. Actualmente, solo existen dos: una a través de Euskadi (Irún) y otra a través de Navarra (Larrau), que apenas tienen capacidad para transportar 7 bcm entre ambas. Tagliapietra considera urgente finalizar el gasoducto Midcat, que permitiría doblar la capacidad gracias a la conexión a través de Cataluña. Pero, incluso así, España seguiría muy por detrás de Italia a la hora de llevar gas al resto de Europa para reducir su dependencia de Moscú.

Foto: Foto: Reuters/Maxim Shemetov.

La complementariedad suena bien: España recibe GNL, principalmente estadounidense, e Italia gas convencional del norte de África, y ambos acaban en Berlín. "No hay diferencia en si España es capaz de importar más gas de Argelia. Una vez está en España, da igual de dónde venga o si es gas natural licuado", remarca el experto. Y añade: "El gas al final del día es una 'commodity', no viene con una bandera… Lo importante es que España pueda exportar más, para ser una vía importante y no una isla energética". Desde la perspectiva europea no cabe duda, mas el problema para las capitales es otro: a qué precio.

Hidrógeno verde: una oportunidad perdida

El gas condiciona el presente, pero el futuro pasa por el hidrógeno verde. Y ahí, a diferencia de lo que ocurre con el primero, existe terreno para diseñar el modelo que más le interesa a Europa casi desde cero. Desde hace dos años, los gestores del sistema de los Veintisiete —en España, Enagás— publican con el patrocinio de Bruselas una guía con sus propuestas para el trazado de la futura red comunitaria. Para ello, combinan la readaptación de algunas infraestructuras ya existentes —principalmente gasoductos— con la construcción de otras nuevas. Y establecen prioridades temporales: 2030, 2035 y 2040. En la primera de esas fechas, Italia ha adelantado a España como puerta de entrada del hidrógeno verde del norte de África a la UE.

El documento, elaborado por la consultora Guidehouse y titulado 'European Hydrogen Backbone', señala cinco grandes corredores para transportar esta energía a lo largo del continente. El que viene del Magreb llegaría directamente a Sicilia a través del ducto TransMed, que actualmente se usa para transportar gas. A partir de ahí, podría unirse al producido en el sur de Italia para abastecer al resto de Europa "a precios competitivos", reza el informe. España, en cambio, quedaría encuadrada en el corredor suroeste, que conectaría la Península con Francia y podría prolongarse hasta Alemania. "A largo plazo, este corredor también puede proporcionar acceso a las importaciones de Marruecos", continúna el texto.

Un detalle relevante: hace solo dos años, el mismo documento situaba ambos países europeos en una posición similar para convertirse en el 'hub' del hidrógeno verde procedente de Magreb. En este tiempo, Italia ha sido capaz de mostrarse como una opción a medio plazo, mientras que España, ya sin ninguna infraestructura de conexión activa con Marruecos, tendrá que esperar a 2040.

Las conclusiones de los gestores del sistema gasístico europeo no son únicamente negativas: reconocen el inmenso potencial de producción nacional, muy superior al de Italia, y que el Gobierno estima en el 10% del objetivo europeo para el final de la década. El Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica (Perte) para las energías renovables y el hidrógeno verde, que recibirá 6.900 millones de euros de los fondos europeos, será una pieza clave en este sentido. Sin embargo, urge una reflexión sobre la escasa diplomacia energética que está desarrollando nuestro país.

Ninguno de los 16 puntos de la declaración conjunta entre Madrid y Rabat hace referencia al hidrógeno verde

Mientras que Alemania normalizó las relaciones con Rabat a cambio de asegurarse un acceso preferente al suministro de hidrógeno verde, España carece de acuerdos con su vecino en este campo. Sobran los motivos para buscarlos: Marruecos está a la vanguardia regional en energías limpias, muy por delante de Argelia, y ha sido señalado por diferentes organismos internacionales, como la Agencia Internacional de Energías Renovables, como uno de los países del mundo con mayor potencial en esta nueva fuente. Hasta el Instituto de Comercio Exterior (ICEX), dependiente del Ministerio de Industria, reconoce lo obvio: "España tiene aquí una gran oportunidad".

Sin embargo, ninguno de los 16 puntos de la declaración conjunta entre Madrid y Rabat hace referencia al hidrógeno verde. Tampoco se habló de él en la cena entre Pedro Sánchez y Mohamed VI, al menos según el relato de los hechos aportado por el ministro de Exteriores y el propio presidente del Gobierno en sendas conversaciones informales con periodistas. La política internacional ocupó más espacio que el futuro energético de nuestro país. Draghi, en cambio, cerró un pacto para impulsar las energías renovables y el hidrógeno verde en Argelia.

Foto: El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. (EFE/Mariscal)

Tan bien le sentó al primer ministro italiano la visita que cometió un lapsus en su discurso tras reunirse con el presidente anfitrión, Abdelmadjid Tebboune: "Las relaciones entre Italia y Argentina tienen raíces profundas". Como saben en el Palazzo Chigi, el tango se baila con movimientos improvisados, pero nunca puedes soltar a tu pareja. El problema es que a España siempre le toca bailar dos veces, y una de ellas es con la más fea.

Cuando Super Mario bajaba las escalerillas del avión para ser recibido en Argel como un jefe de Estado, los restos de la cena en el Palacio Real de Rabat todavía estaban calientes. En menos de cuatro días se cerraba el cuadrado en el Mediterráneo Occidental, que siempre estuvo descompensado entre la parte de arriba, europea y cristiana, y la de abajo, magrebí y musulmana. Pero ahora también lo empieza a estar a izquierda y derecha. Y no precisamente por la forma de Estado, que comparten las seculares monarquías borbónica y alauí, al oeste, y las más recientes repúblicas italiana y argelina, al este.

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