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La prima de riesgo de España se tensa (80 puntos) al calor de la subida de tipos
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CAMBIO DE SIGNO EN LA POLÍTICA MONETARIA

La prima de riesgo de España se tensa (80 puntos) al calor de la subida de tipos

Un viejo indicador vuelve a la palestra. Las primas de riesgo empiezan a tensarse a medida que el endurecimiento de la política monetaria se acerca. El euro vuelve a apreciarse

Foto: Christine Lagarde. (EFE/Thomas Lohnes)
Christine Lagarde. (EFE/Thomas Lohnes)
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El endurecimiento de la política monetaria ya está aquí. Y lo acompaña un viejo fantasma de la economía española que vuelve a otearse en un horizonte todavía lejano.

Ayer fue el Banco de Inglaterra quien elevó su tasa de política principal al 0,5%, menos de dos meses después de subirla al 0,25%, y el mes que viene lo hará con toda seguridad la Reserva Federal. Los inversores esperan al menos tres subidas en lo que queda de año en EEUU, aunque es probable que sean cinco. El BCE, por el momento, en coherencia con la posición cíclica de la economía europea, más retrasada en la recuperación, ha comenzado a dar señales de un endurecimiento que será “gradual”, como ayer avanzó Christine Lagarde. En cualquier caso, condicionado a la marcha de la inflación, cuyos riesgos son “al alza”, como también ayer reconoció la presidenta del BCE.

Y es que en el BCE todavía resuena la doble subida de tipos que decidió Trichet, por entonces presidente del banco central, en 2011, que aceleró la crisis del euro y supuso una pausa en la recuperación de la crisis financiera.

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La primera consecuencia para España ya se ha dejado notar. La prima de riesgo, es decir, el diferencial con el bono alemán, se ha ensanchado hasta los 80 puntos básicos, la mayor distancia desde mayo de 2020. O lo que es lo mismo, mientras que Alemania paga por su deuda a 10 años un 0,14%, la rentabilidad del bono español se sitúa en el 0,94%, el máximo desde abril de 2020, a comienzos de la pandemia, con una subida de 15 puntos básicos en un solo día. En los mercados ya se considera probable que España, como otros países del sur, vuelva a tener en los próximos meses un diferencial de tres dígitos.

Básicamente, porque el mercado castiga a los países con calificaciones de crédito más bajas y más endeudados en un contexto en que el BCE frenará su política de compra de activos, lo que encarece las emisiones del Tesoro. Y ayer, no hay que olvidarlo, Lagarde no quiso repetir el mantra que le ha acompañado desde hace unos meses, cuando consideraba “muy improbable” una subida de tipos en 2022. Ahora prefiere no responder directamente a esa pregunta.

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Los tesoros de los otros países periféricos, Portugal, Grecia e Italia, también han sufrido correctivos especialmente intensos en medio de un aumento generalizado de las rentabilidades y, por el contrario, caída de precios, que se mueven en sentido inverso. El bono alemán, de hecho, se sitúa en los niveles de hace tres años, lo que es una señal clara de que la política monetaria del BCE camina hacia la normalización, aunque todo dependerá de la evolución de la inflación, que seguirá en tasas muy elevadas bastante más tiempo de lo que preveía hace pocos meses el propio banco central.

“No estamos para contener primas”

La evolución de las primas de riesgo, en todo caso, vuelve a estar sobre la mesa de los operadores. Y hay que recordar que la última vez que Lagarde habló de diferenciales, como sostienen los analistas de Cimd Intermoney, fue en marzo de 2020, cuando dijo “no estamos aquí para contener las primas”, palabras que mandaron el diferencial italiano hasta los 250 puntos básicos desde niveles inferiores a los 150 puntos.

La prueba del algodón es la apreciación del euro, que ha recuperado buena parte del terreno perdido frente al dólar en los últimos meses. Ayer cotizó ya ligeramente por encima de 1,14 unidades. Esta es, sin embargo, una buena noticia para controlar el aumento de los precios de importación, en particular el petróleo, pero la cara amarga es que un endurecimiento de la política monetaria reduce la renta disponible a las familias y al propio Estado, que tiene que pagar más por el servicio de la deuda. Las expectativas de subidas son tan sólidas que ya el euríbor se ha situado en el 0,42%, cuando hace pocas semanas estaba en el entorno del -0,50%. En todo caso, todavía en niveles extremadamente bajos cuando la inflación en la eurozona alcanza el 5,1%.

Todo apunta que la línea de actuación del BCE pasa primero por una subida de la llamada facilidad de depósito, que es el coste que tienen para los bancos sus excesos de liquidez, que podría pasar del -0,5% actual al -0,1% a final de año. Sería el primer aumento de esa tasa —clave en la política monetaria— en una década. A partir de ahí, el escenario central está lleno de incógnitas. Dependerá de la inflación, pero también de cómo quedarán las nuevas reglas fiscales que discute hoy la Unión Europea. No tendría sentido que las políticas fiscales y monetarias siguieran caminos divergentes.

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La presión inflacionista viene de forma más directa de la energía, pero el BCE también debe tener en cuenta que la tasa de participación laboral se encuentra en niveles prepandémicos, mientras que la tasa de desempleo se encuentra en niveles históricamente bajos, como sostienen los analistas de Cimd Intermoney. Es verdad, aseguran, que no se observan incrementos generalizados en los salarios, pero los principales indicadores del mercado laboral apuntan a que estas subidas “se podrían producir en el futuro cercano”.

El BCE ya se curó en salud y en su última revisión de la política monetaria ya anticipó que aceptaría un periodo “transitorio en el que la inflación sea moderadamente superior al objetivo” (2%). Es decir, esto sugiere que actuará con más prudencia de lo que le piden algunos consejeros del BCE, partidarios de dar señales más claras de un próximo endurecimiento de la política de tipos de interés y de acelerar la retirada de estímulos. “Son uno o dos consejeros”, dijo a 'Financial Times' una fuente no identificada.

El endurecimiento de la política monetaria ya está aquí. Y lo acompaña un viejo fantasma de la economía española que vuelve a otearse en un horizonte todavía lejano.

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