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El mercado no se cree al BCE y ya descuenta subida de tipos este año
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Tras el repunte de la inflación

El mercado no se cree al BCE y ya descuenta subida de tipos este año

La sorpresa en la inflación de enero, junto a los buenos datos de empleo, refuerza los argumentos de los 'halcones' ante la reunión que celebra el banco central este jueves

Foto: La presidenta del BCE, Christine Lagarde. (Reuters/Kai Pfaffenbach)
La presidenta del BCE, Christine Lagarde. (Reuters/Kai Pfaffenbach)
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Cuando la presidenta del BCE, Christine Lagarde, señaló hace apenas dos semanas que contaba con “todas las razones” para no actuar tan rápido como había hecho la Fed, sin duda contaba con que los datos económicos conocidos esta semana respaldarían su postura. Sin embargo, las cifras de inflación conocidas este jueves han caído como un jarro de agua fría sobre el discurso imperante en el banco central, que asegura que es “muy poco probable” que suban los tipos de interés en la eurozona a lo largo de 2022.

Desde la institución, se ha defendido con insistencia que las elevadas tasas de interés que se han venido registrando desde la mitad del año pasado responden, principalmente, a una serie de factores transitorios (principalmente, los problemas de las cadenas de suministro y los elevados precios de la energía) que deberían aliviarse a lo largo de este año. Pero el repunte de los precios en enero, del 5,1% (una décima más que en diciembre, lo que supone un nuevo récord), ha dado al traste con las expectativas de una rebaja sustancial —el consenso pronosticaba una tasa del 4,4%— y pone ya en cuestión, desde un primer momento, las proyecciones lanzadas por el propio BCE el pasado diciembre, que pasaban por una inflación media en el primer trimestre del 4,1%.

Este dato, unido a la caída histórica del desempleo en la eurozona conocida el día anterior, supone un importante refuerzo para los argumentos de los 'halcones' del BCE de cara a la reunión que la institución celebra este mismo jueves. Y esto no ha pasado desapercibido en los mercados, donde los inversores ya contemplan la posibilidad de que la institución apruebe su primera subida de los tipos de interés en más de una década en la reunión del próximo mes de julio.

Foto: Un supermercado en Madrid. (Chema Moya/EFE)

“La gran sorpresa al alza de hoy [por el miércoles] ejercerá aún más presión sobre el BCE en su próxima reunión. La inflación está muy por encima del pronóstico del BCE y con las ganancias en los futuros de petróleo y gas, otra gran revisión al alza en marzo del pronóstico de inflación del BCE para 2022 parece un hecho. Las ‘palomas’ se verán en apuros para contrarrestar el empuje de los ‘halcones’ por un endurecimiento adicional de la política, dado que la inflación subyacente contribuyó significativamente a la sorpresa alcista, lo que se sumó a la presión inflacionaria de la energía y los alimentos”, observan los analistas de Oxford Economics.

El BCE ya planteó en su última reunión de política monetaria, el pasado diciembre, la hoja de ruta para la retirada de los estímulos extraordinarios aprobados para hacer frente a la crisis del coronavirus. Así, la institución prevé dar por concluido el próximo marzo el plan especial de compra de bonos durante la pandemia (conocido como PEPP), mientras mantiene en vigor el APP, el programa de compra de activos existente desde 2015. La intención del banco central es que este programa trabaje a un ritmo de 40.000 millones de euros al mes durante el segundo trimestre de este año, para rebajarlo a 30.000 millones en el tercero y a 20.000 millones a partir de entonces. Esto supondría situar los estímulos a partir de octubre en el mismo punto en que se encontraban justo antes del ‘shock’ del covid.

Pero con unas tasas de inflación sin precedentes desde hace varias décadas y un mercado laboral cada vez más tensionado, no faltan voces que consideran insuficientes los pasos dados por Lagarde y sus compañeros y abogan por medidas más contundentes, como las que ya han anunciado la Fed o el Banco de Inglaterra. “El aumento implacable de la inflación ha llevado a la mayoría de los bancos centrales a comenzar a normalizar sus posiciones políticas. El BCE se destaca como más moderado, con buenas razones, pero es probable que la paciencia de los 'halcones' del banco central se agote a medida que las presiones inflacionarias subyacentes continúen aumentando en los próximos meses”, observan en Pictet.

El interés del bono español a 10 años marcó este miércoles un nuevo máximo desde 2020

En estas circunstancias, las rentabilidades de los bonos soberanos de la eurozona prolongaron este miércoles la marcha ascendente que llevan registrando desde el pasado diciembre. El interés del bono español a 10 años alcanzó su nivel más elevado desde mayo de 2020, en el 0,78%, mientras el bono italiano al mismo plazo alcanzó el 1,43%. Ambos han sumado alrededor de 50 puntos básicos en el último mes y medio. El ‘bund’ alemán también se ha visto afectado por este movimiento y ya registra tasas positivas por primera vez desde 2019.

Las posibles turbulencias en los mercados de deuda soberana son el principal freno al que se enfrenta el BCE a la hora de articular un plan de normalización de la política monetaria. En la teoría, una subida de los tipos de interés como consecuencia —al menos en parte— de la mejora de la actividad económica distaría de ser una mala noticia, pero después de años de estímulos extraordinarios en el mercado se teme que cualquier paso atrás del banco central desencadene una oleada de ventas que ponga en entredicho la estabilidad financiera de los países más vulnerables de la región, como ya ocurrió durante la crisis del euro hace una década.

“El mercado de bonos de la zona del euro ha estado operando durante mucho tiempo bajo el supuesto de que el BCE compraría una gran parte de la oferta neta de bonos soberanos en el futuro previsible, manteniendo las primas de riesgo bajo control. El BCE podría tolerar un aumento gradual en los rendimientos de los bonos siempre que las perspectivas económicas sigan mejorando, pero no un movimiento abrupto al alza. El problema es que las herramientas de política destinadas a prevenir una ampliación injustificada de los diferenciales periféricos probablemente sean menos creíbles y menos eficientes en la fase de normalización”, observan a este respecto Nadia Gharbi y Frederik Ducrozet, de Pictet WM.

Foto: La presidenta del BCE, Christine Lagarde. (Reuters)

Esta visión y la idea de que el BCE no querrá repetir el error que supuso en 2011 un endurecimiento prematuro de la política monetaria es lo que sostiene la idea imperante entre las firmas de análisis de que la institución se moverá con cautela en esta fase y probablemente no decidirá un alza de los tipos de interés hasta 2023, cuando se espera que el banco central comience a elevar el tipo de la facilidad de depósito (actualmente situado en el -0,5%). La expectativa de que, aunque más duradera de lo inicialmente previsto, la inflación acabará remitiendo a lo largo del año y la ausencia, hasta el momento, de datos que respalden que la presión en los precios se está trasladando a los salarios (lo que supone una gran diferencia con lo que está aconteciendo en Estados Unidos o Reino Unido) vendrían en apoyo de esa postura de normalización muy gradual.

Pero parece obvio que los últimos datos envalentonarán a los partidarios de una retirada de los estímulos más decidida y una vuelta lo antes posible a un posicionamiento monetario más normal. Es por eso que algunas firmas contemplan que en sus próximos comunicados, quizá ya este mismo jueves, el BCE ofrezca nuevas señales que permitan al mercado atisbar una mayor preocupación por la evolución de la inflación.

“Seguimos pensando que la presidenta del BCE, Lagarde, se opondrá a la proyección del mercado de una subida de tipos a finales de este año. Pero no nos sorprendería si un cambio gradual del consejo la viera también señalar que podría haber un endurecimiento adicional, además de la eliminación del PEPP y la reducción del APP ya anunciadas. Esto daría luz verde a los mercados para continuar descontando una subida de tipos en 2023”, observan en Oxford Economics.

Cuando la presidenta del BCE, Christine Lagarde, señaló hace apenas dos semanas que contaba con “todas las razones” para no actuar tan rápido como había hecho la Fed, sin duda contaba con que los datos económicos conocidos esta semana respaldarían su postura. Sin embargo, las cifras de inflación conocidas este jueves han caído como un jarro de agua fría sobre el discurso imperante en el banco central, que asegura que es “muy poco probable” que suban los tipos de interés en la eurozona a lo largo de 2022.

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