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Adaptarse o morir: CCOO se reinventa para no caer aplastado por el big data
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12º CONGRESO CONFEDERAL

Adaptarse o morir: CCOO se reinventa para no caer aplastado por el big data

No solo los salarios preocupan a los sindicatos. También las nuevas formas de trabajo o los algoritmos. El próximo Congreso de CCOO mirará más al futuro que al presente

Foto: El secretario general de CCOO, Unai Sordo. (EFE)
El secretario general de CCOO, Unai Sordo. (EFE)
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Joan Coscubiela, durante muchos años secretario general de CCOO en Cataluña, lo puso negro sobre blanco hace algún tiempo. "Al sindicalismo", señaló durante una charla, "le está desapareciendo el hábitat que lo vio nacer".

El estado-nación, vino a decir, está sucumbiendo por el auge de multinacionales más poderosas que los propios Estados; la sociedad industrial retrocede ante el avance imparable de los servicios; la empresa integrada, fruto de las condiciones de trabajo fordistas que habilitaban unas condiciones laborales homogéneas para todos los trabajadores, se bate en retirada. Y ni siquiera el empresario tradicional, dibujado durante décadas por los ilustradores con una chistera y puro de gran calibre bajo una chimenea humeante, es ya la figura omnipresente y todopoderosa en el tajo.

Foto: Un repartidor de Uber Eats. (Reuters)

Hoy su imagen oronda y engreída ha sido sustituida por ejecutivos con traje de raya diplomática o fondos de inversión sin dueño reconocible. A los sindicatos, concluía Coscubiela, les ha pasado como al oso panda, que están desapareciendo porque también lo hacen los bosques de bambú en los que vivía y de los que se alimentaba. También el propio concepto de empresa —y por ende el de empresario— está en crisis. El viejo taylorismo ha claudicado ante el empuje del 'big data'.

Nada indica, sin embargo, que CCOO se encuentre en vías de extinción. De hecho, con sus 974.471 afiliados al corriente de pago, según los datos oficiales, es la organización más numerosa de las que existen en España. Pero no hay ninguna duda de que el nuevo ecosistema laboral le ha obligado a reinventarse.

Nuevas formas de trabajo

Poco queda de aquel sindicato de nuevo tipo que fue clave durante la dictadura, y que ha sufrido, como el conjunto del sindicalismo en los países avanzados, las consecuencias de un nuevo hábitat en el que la vieja dialéctica trabajo-capital ha sido superada por la globalización y por los algoritmos. Incluso, por nuevas formas de trabajo que han creado nuevas dinámicas en el tejido productivo. Hay quien ha hablado ya de una nueva clase social: trabajadores sin empresa.

Como ha puesto de manifiesto un trabajo editado por la Fundación 1º de Mayo, la empresa, históricamente, ha sido concebida como una estructura organizativa de fronteras relativamente bien definidas, pero hoy su esencia ha sido profundamente transformada: empresas en red, plataformas cuya materia prima es el algoritmo y la inteligencia artificial, subcontratación o cadenas globales de valor. Y si cambia la naturaleza de la empresa, por puro darwinismo sindical, también las centrales obreras están obligadas a cambiar de piel.

Con sus 974.471 afiliados al corriente de pago, según los datos oficiales, es la organización más numerosa de las que existen en España

Entre el 21 y el 23 de octubre, CCOO celebrará su 12º Congreso, en el que Unai Sordo saldrá elegido, con toda seguridad, para dirigir el sindicato cuatro años más. Y esta es, precisamente, una de las características de las nuevas CCOO. Por raro que parezca en un sindicato que ha vivido episodios muy tensos ya desde los tiempos de Marcelino Camacho —hubo un tiempo en que ninguno de los secretarios generales que por allí han pasado se dirigía la palabra— el Congreso será una balsa de aceite. Como recuerda Fernando Lezcano, secretario de Organización saliente, que no renovará en el cargo, en los congresos previos ningún dirigente ha salido con menos del 60% de los votos, y en algunos ha habido votaciones 'a la búlgara', con más del 95% de los apoyos.

Probablemente, porque el propio sindicato ha madurado y hoy tiene un carácter más institucional. Ley de vida. Pero también porque en la propia estructura de la organización existe una brecha generacional de indudable relevancia. En CCOO se reconoce que el hecho sindical es ajeno a los jóvenes, y eso hace que la mayoría de los cuadros tengan hoy más de 40 o 45 años. Son, por lo tanto, sindicalistas experimentados, avejentados y curtidos en los tajos, con mayor propensión a la negociación, como lo demuestran los numerosos acuerdos firmados con este Gobierno. De hecho, el pacto social forma parte del paisaje político desde la primera Transición. La conflictividad laboral, incluso ahora que la inflación ha infligido un serio correctivo a los salarios, está bajo mínimos.

'Soy un correo electrónico'

Muchos lo han achacado a una individualización creciente de las relaciones laborales que fragmenta el sentido colectivo del sindicalismo como instrumento de presión. A lo que habría que añadir fenómenos emergentes como el teletrabajo. Hace unas semanas, en el 'Financial Times', una empleada de alto nivel, se quejaba amargamente de que para su empresa era ya una dirección de correo electrónico.

Esto es así porque el principal agujero que tienen hoy los sindicatos es la escasa propensión de los jóvenes a afiliarse. No solo a las centrales obreras, como se decía antes, sino a cualquier organización. "Si los jóvenes no se incorporan al mercado laboral, como van a afiliarse", se pregunta Lezcano un tanto defraudado.

Es singular, sin embargo, que en plena crisis sindical —que empieza a ser como la del teatro— lo que se está produciendo es un aumento relevante de la afiliación de mujeres, lo que es un síntoma de que algo está cambiando en el tejido productivo.

Foto: El ministro de Inclusión y Seguridad Social, José Luis Escrivá. (EFE)

La industria encoge y eso alienta el crecimiento del sector servicios, donde la participación de las mujeres es mayor. Algo que puede explicar que también en la dirección de CCOO se esté dando un cambio de indudable importancia. De las 26 secretarías de Organización que existen en el sindicato, 14 las dirigen mujeres, algo impensable hace pocos años. Es más, incluso la Federación de Industria la dirige una mujer, Garbiñe Espejo. Inimaginable hace pocos años, cuando Begoña San José fue elegida primera secretaria confederal de la mujer. Unas 450.000 mujeres están afiliadas hoy a CCOO, lo que representa el 46% del total de afiliación.

Esto ha permitido que el sindicato tenga hoy una enorme capilaridad. Sin duda, porque cuenta con unas estructuras muy flexibles que hacen posible que las distintas organizaciones tengan una elevada autonomía, principalmente en territorios más complejos, como Cataluña.

Foto: El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá (EFE)

CCOO, según las cuentas que maneja el sindicato, tiene presencia en empresas en las que trabaja el 54% de la población trabajadora. "Somos los más representados con 95.000 personas delegadas. Somos el sindicato mayoritario, la afiliación crece en torno a un 5% y hemos reforzado el nivel de autonomía e independencia económica: CCOO se financia con recursos propios en un 83% de su presupuesto", concluía el secretario general, Unai Sordo, hace unas semanas.

¿Y a cuánto ascienden estos recursos propios? En total, según la auditoría, fueron en 2019 casi 128 millones de euros, de los que alrededor del 10% los maneja directamente la Comisión Ejecutiva Confederal, que corresponde al pago de la cuota. El sindicato, desde hace algún tiempo, publica —aquí la lista— en su página de transparencia las subvenciones que obtiene por otras vías. En 2019, ascendieron a 6,12 millones de euros, todas con carácter finalista. Toca reinventarse.

Joan Coscubiela, durante muchos años secretario general de CCOO en Cataluña, lo puso negro sobre blanco hace algún tiempo. "Al sindicalismo", señaló durante una charla, "le está desapareciendo el hábitat que lo vio nacer".

Joan Coscubiela
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