El BCE cuestiona que la globalización sea la culpable de la presión desinflacionista
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INFORME DEL BANCO CENTRAL EUROPEO

El BCE cuestiona que la globalización sea la culpable de la presión desinflacionista

¿Qué explica las bajas tasas de inflación que vive el mundo? El BCE descarta que la causa principal sea la globalización. En su opinión, son más relevantes los factores internos

Foto: El Banco Central Europeo. (Reuters)
El Banco Central Europeo. (Reuters)

¿Por qué la tasa de inflación en las economías avanzadas se ha situado desde 2014 en niveles históricamente bajos? La respuesta a esta pregunta la da el Banco Central Europeo (BCE) en su último Boletín de Coyuntura, y su conclusión es que “el efecto desinflacionista de la globalización ha sido reducido en términos económicos”.

Es decir, que, frente a lo que de manera intuitiva puede parecer, el incremento del comercio mundial, en particular el procedente de China, con unos costes sensiblemente inferiores, apenas habría contribuido a que la inflación se haya situado sistemáticamente por debajo de los objetivos de los bancos centrales. Hay que recordar que las tasas de inflación en las economías avanzadas han pasado de un promedio de alrededor del 10% durante la década de 1970 (en España llegó a situarse por encima del 25% en 1977) a tasas por debajo del 2% desde 2014.

Los autores del artículo ofrecen, al menos, tres argumentos. En primer lugar, recuerdan que el acusado descenso de la inflación en las economías ‘ricas’, tras las políticas monetarias contractivas practicadas en EEUU y Europa, comenzó ya en los años 80, por lo tanto, antes de que China ingresara en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Es decir, “cuando la globalización estaba todavía latente”, y se interrumpió, precisamente, a mediados de los años 90, cuando los bancos centrales abrieron la mano con políticas monetarias más expansivas dejando atrás la era Volcker.

En segundo lugar, dicen los autores del estudio, el proceso de desinflación ha sido general, ha afectado por igual al sector servicios que a las manufacturas, cuando las condiciones de mercado, en ambos casos, son muy diferentes. En el primer caso, su exposición a la competencia es menor, mientras que en la industria es sensiblemente mayor.

Esto respalda la opinión de que la globalización provoca cambios en los precios relativos, pero no necesariamente una disminución de la inflación general. Como recuerda el artículo, la intensidad del comercio mundial, medida como la participación de las importaciones de bienes y servicios respecto del PIB, ha pasado de un 30% en 1980 a más del 50% en 2008, aunque desde entonces se ha estabilizado alrededor de ese nivel por factores como las guerras comerciales, el nacionalismo económico o los procesos de automatización, que hace que la localización geográfica en la instalación de industrias sea cada vez menos relevante.

Espiral deflacionista

En tercer lugar, y aunque se acepta que la globalización ejerce presiones desinflacionistas, su impacto estimado es reducido desde el punto de vista económico. Es decir, que existen factores internos en las economías nacionales que explican que el mundo haya vivido en los últimos años (salvo excepciones) en una espiral desinflacionista. Y en algunos países, incluso, deflacionistas. Por ejemplo, la participación en las cadenas de valor globales, que influye en la fijación de precios y salarios. Algo que provoca, como sostiene el artículo, una disminución de los márgenes de las empresas y hace que la competencia exterior sea más dura, lo que favorece los procesos desinflacionistas.

El BCE, incluso, observa que la globalización también ha tenido efectos generalizados en los mercados laborales, “erosionando el poder de negociación de los trabajadores en las economías avanzadas y moderando aún más los costes de producción”. El aumento de los flujos migratorios hacia los países avanzados, igualmente, ha influido en esa tendencia, ya que ha aumentado la holgura laboral, aplanando, como sostiene el artículo, la llamada curva de Philips (relación entre empleo y precios).

La participación en las cadenas de valor globales provoca una disminución de los márgenes de las empresas y favorece procesos desinflacionistas

La lectura que hace el BCE es que algunas de sus herramientas de política monetaria son cada vez menos eficaces para influir sobre la inflación. En particular, cuando los tipos de interés son nulos o cercanos a cero. O lo que es lo mismo, como dice el estudio, habida cuenta de que en los últimos años los tipos de interés se han ido aproximando al límite inferior en muchos países, una razón que puede explicar la inflación persistentemente baja observada en las últimas décadas es el “margen limitado” del que dispone la política monetaria para neutralizar la influencia de factores estructurales (de origen interno o externo) en la inflación. Por ejemplo, los avances tecnológicos, la creciente digitalización de los sectores productivos o el envejecimiento, que tienen un sesgo deflacionista e influye de forma decisiva sobre la productividad.

El documento aclara que el análisis se hace sobre la inflación subyacente, que es la que tiene un carácter estructural al eliminar los componentes más volátiles, como la energía y los alimentos no elaborados. Y que explican hoy, junto al efecto base derivado de la pandemia, que la inflación repunte hasta niveles próximos al 3% en España.

Algunos trabajos académicos han evidenciado, de hecho, que los precios de los bienes se han vuelto significativamente más uniformes en países como EEUU, gracias a los algoritmos que permiten hacer comparaciones, lo que favorece a los consumidores, que antes tenían que someterse a un mercado mucho más estrecho. El BCE reconoce que esa uniformización de los precios es menor en Europa.

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