El experimento de los ERTE o cómo Europa le ganó la partida a Estados Unidos por una vez
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El experimento de los ERTE o cómo Europa le ganó la partida a Estados Unidos por una vez

La recuperación económica en el país norteamericano ha sido mucho más intensa. Sin embargo, la evolución del mercado laboral ha sido más favorable en Europa

Foto: El presidente de EEUU, Joe Biden. (EFE)
El presidente de EEUU, Joe Biden. (EFE)

El estallido de la pandemia del coronavirus obligó a los diferentes gobiernos a reaccionar con celeridad para contener los contagios y sostener la economía en medio del caos sanitario. Las economías desarrolladas pusieron en marcha diversos mecanismos de protección de rentas de los hogares para todas aquellas personas que no pudiesen trabajar por las medidas de confinamiento. Sin embargo, la estrategia de Europa fue muy diferente a la de Estados Unidos.

Mientras EEUU centró sus esfuerzos en proteger la renta de los hogares, Europa incluyó el objetivo de protección del empleo. Ambas políticas fueron muy costosas para las arcas públicas, ya que los estados optaron por soportar una parte muy significativa de los salarios de los trabajadores que no pudieron salir de sus casas. Sin embargo, mientras que en el caso europeo se canalizó como una prestación para la suspensión del contrato, en Estados Unidos la mayoría de las prestaciones fueron independientes del mantenimiento del empleo.

Foto: Una mujer espera ante una oficina de empleo en Madrid. (EFE)

Esta diferencia es clave, ya que los gobiernos europeos forzaron a las empresas a mantener los contratos. Todos estos esquemas fueron similares al de los ERTE de España, que consiste en que el estado se hace cargo de una parte del salario del trabajador y una parte de las cotizaciones sociales a cambio de que la empresa no haga despidos. En Estados Unidos, el grueso de las ayudas no estuvieron vinculadas al mantenimiento del empleo; sí se estableció un esquema de protección de empleo, pero su incidencia fue muy baja, mínima en comparación con Europa, por los duros requisitos de acceso.

La gran ayuda pública a las familias de EEUU se canalizó a través de tres cheques a las rentas medias y bajas vinculados a su declaración de la renta y cuya cuantía superó los 3.000 dólares. Además, también se potenció la prestación de desempleo con ayudas semanales a los trabajadores que se quedaron en el paro. Estas medidas permitieron mantener la situación financiera de los hogares, de hecho, apenas se redujo la renta disponible durante los meses del confinamiento y recuperó rápidamente los niveles precrisis. Sin embargo, la ausencia de medidas específicas de mantenimiento del empleo derivó en una destrucción masiva de puestos de trabajo en unas semanas.

En concreto, en los dos primeros meses de pandemia se perdieron más de 22 millones de empleos en Estados Unidos, lo que supone casi un 15% del total. Como consecuencia de este desplome, la tasa de paro se triplicó, quedándose a las puertas del 15%.

En España, por el contrario, la destrucción de empleo fue mucho más suave. En concreto, se perdieron casi 1,2 millones de puestos de trabajo, lo que supone el 6% del total, y eso a pesar de que la recesión en España fue más larga y mucho más profunda que en Estados Unidos. La causa de esta diferencia de pérdida de empleo está precisamente en los ERTE, que permitieron a las empresas suspender el contrato de sus trabajadores sin destruirlo. La realidad es que, si se descuentan los trabajadores en ERTE, el empleo perdido asciende a más de 4,6 millones de trabajadores, esto es, el 24% del total.

Este dato sí es consistente con el del PIB y muestra la magnitud de la recesión en España, que fue casi el doble que la estadounidense. La elección del sistema de los ERTE o de los despidos pudo ayudar a EEUU a contener la caída inicialmente, ya que las empresas tenían mayores incentivos para acogerse a un ERTE que para despedir a sus trabajadores, ya que esta opción es más costosa y puede acarrear problemas legales.

En cualquier caso, el motivo que explica la diferencia en la recesión de EEUU y la de España nada tiene que ver con los ERTE. Hay dos factores que explican básicamente los comportamientos diferenciales. El primero es la severidad y duración de las restricciones y el segundo es la dependencia de los sectores más vinculados al contacto social, en especial el turismo. En ambos casos España destacó por ser uno de los peores países desarrollados, si no el peor. Las restricciones fueron severas y largas, dado el fracaso para contener la pandemia, y la dependencia del turismo internacional es muy elevada.

La recuperación

El diseño de los ERTE pudo tener un efecto negativo en el número de horas trabajadas, ya que prácticamente 'todos colaron', debido a que las autoridades laborales autonómicas y nacionales estaban saturadas y no pudieron controlar todos los expedientes. Sin embargo, evitaron la destrucción de más de tres millones de puestos de trabajo. La clave está en conocer cómo han influido estos esquemas temporales en la recuperación. Lo que muestran los datos es que la vuelta de trabajadores a sus empleos ha sido mucho más rápida en España, y eso a pesar de que la recuperación del PIB ha sido más lenta. Esto indica que la protección de empleos ha acelerado la reactivación. El motivo vuelve a estar en los incentivos: para una empresa es más fácil reintegrar a sus trabajadores de los ERTE que realizar una contratación.

Foto: EC.

Desde los mínimos del 'gran confinamiento', España ha recuperado el 90% del número de afiliados y al 91% de los trabajadores en ERTE. Por el contrario, en EEUU la reactivación ha sido del 75%. En estos tres datos hay uno que destaca: la recuperación de los trabajadores en ERTE ha sido más rápida que la de los trabajadores despedidos, tanto en EEUU como en España. Esta es una primera evidencia de que existe un claro incentivo para la reincorporación de los trabajadores cuando tienen el contrato suspendido. De hecho, durante el cuarto trimestre de 2020 y el primero de 2021 España creó empleo sin crecimiento del PIB, un evento histórico para el país que nunca antes se había producido.

En julio, España tenía un 0,4% menos de afiliados que antes de la crisis (datos desestacionalizados) y, si se restan los trabajadores en ERTE eran un 2,2% menos. Ambos datos son mejores que los de EEUU, que estaba todavía un 3,7% por debajo de los niveles previos a la crisis. Y eso a pesar de que el volumen de PIB en Estados Unidos está casi en niveles precrisis, mientras que en España todavía sigue casi un 6% por debajo.

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Estos datos muestran cómo la existencia de los ERTE ha permitido acelerar la recuperación del empleo gracias a los incentivos con que cuentan empresas y trabajadores para retomar su relación. Desde el punto de vista de la empresa, la contratación siempre genera desincentivos, lo que se elimina con la reintegración de los trabajadores con el contrato suspendido. Y en el caso de los trabajadores, porque la empresa puede forzar su reincorporación, algo que no ocurre en EEUU. De hecho, las empresas estadounidenses están teniendo muchos problemas para encontrar trabajadores porque la población inactiva ha incrementado durante la pandemia. Los trabajadores en ERTE pierden su prestación si no quieren volver a trabajar.

¿Milagro? No tanto

Estos datos muestran un primer indicio sobre el efecto positivo de los ERTE sobre el empleo en una situación extraordinaria como la actual. Sin embargo, estos esquemas de protección de empleo no son un milagro que evite futuras crisis. Es importante tener en cuenta que las características particulares de esta crisis han provocado que su efecto haya sido tan positivo.

Ante una crisis provocada por la acumulación de desequilibrios (como suele ser habitualmente), las empresas tienen mayores incentivos a despedir para reducir su exceso de capacidad. En esta crisis, su naturaleza genuina de coyuntural daba motivos a las empresas a mantener sus trabajadores para no descapitalizarse, pero este escenario no existe en las crisis habitualmente.

Foto: Un repartidor descarga mercancía en Madrid. (Efe)

De hecho, cuando las crisis son prolongadas, mantener a los trabajadores en ERTE de forma indefinida supone sostener empleos zombis y trabajadores que no buscan alternativas para recolocarse en otras empresas o sectores. En esta pandemia del coronavirus no importó que no hubiese un incentivo a que los trabajadores buscaran otro empleo, ya que el objetivo era precisamente salvar el capital humano de cada empresa, pero en una crisis habitual es necesario permitir los reajustes en el tejido productivo.

Además, los ERTE han sido muy costosos para las arcas públicas, ya que se han sostenido los salarios de centenares de miles de empresas sin apenas más requisitos que el mantenimiento del empleo. Tampoco los trabajadores han tenido ninguna obligación al cobrar esta prestación y han mantenido el contador a cero, de modo que conservan todo el periodo cotizado anteriormente para futuras prestaciones de desempleo.

De ahí que estos ERTE hayan sido una solución excepcional ante una orden administrativa de cierre que ha dado resultados positivos a la hora de estimular la recuperación del empleo. Sin embargo, los ERTE del futuro serán 'más austeros', esto es, el Estado no soportará el gasto de prestaciones y exoneraciones aplicado durante esta pandemia.

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