LA ELECCIÓN SE CELEBRARÁ EL 9 DE JULIO

Centeno deja el Eurogrupo y empiezan las quinielas: ¿Calviño presidenta?

La salida de Mário Centeno abre la carrera sucesoria, y muchos miran a Nadia Calviño como una de las principales candidatas para hacerse con un asiento que España siempre ha ambicionado

Foto: Calviño charla con el presidente del Eurogrupo. (EFE)
Calviño charla con el presidente del Eurogrupo. (EFE)

La dimisión de Mário Centeno como ministro de Finanzas de Portugal no ha sido una gran sorpresa en Bruselas, pero acelera el proceso para buscar un sustituto al frente del Eurogrupo, la antaño poderosa reunión informal de ministros de Finanzas de la eurozona, cuyos miembros votarán a un nuevo presidente el próximo 9 de julio. El próximo encuentro se celebra este jueves, cuando se lanzará el proceso para presentar candidaturas.

Centeno llegó a la presidencia en diciembre de 2017 sustituyendo al holandés Jeorem Dijsselbloem, que como ministro de Finanzas y líder del Eurogrupo fue mano derecha del ‘halcón’ alemán Wolfgang Schäuble, con quien lideró la respuesta europea de la crisis del euro, que a partir de 2017 empezó a ser revisada en Bruselas, considerándola llena de errores de gestión y comunicación. Centeno fue, en parte, producto de esa revisión de la estrategia. Un ministro del sur, de uno de los países sometidos al ‘antiguo régimen’ del Eurogrupo, que lavara la cara al órgano.

Sin embargo, junto al lavado de imagen, lo que se ha producido ha sido una caída en la irrelevancia. La gestión de la crisis ha dado paso a debates de largo alcance no menos importantes sobre reformas de calado en la eurozona, cuya estructura sigue incompleta. El Eurogrupo ha sido incapaz de alcanzar acuerdos y los ministros se han comportado como un órgano técnico, sin lograr avances y devolviendo las propuestas a los jefes de Estado y de Gobierno buscando que les sacaran del atolladero.

De esta forma, el próximo líder del órgano tiene el reto de mantener la tendencia de lavado de cara de la reunión, pero al mismo tiempo intentar devolverle la relevancia de la que gozó en su momento. A diferencia de Centeno, el próximo presidente del Eurogrupo tiene que ser capaz de hablar por la eurozona, generar confianza en la sala de reuniones y liderar una cierta independencia de la agenda de los líderes que lo dote de un dinamismo que aporte a los importantes debates que la zona euro afronta en el futuro a medio y largo plazo.

Mário Centeno. (EFE)
Mário Centeno. (EFE)

Apuestas para la sucesión

Para España el cargo tiene un interés especial. En 2015, con el país demostrando ser uno de los buenos alumnos de la clase, Luis de Guindos intentó arrebatar la presidencia a Dijsselbloem, pero finalmente perdió. En 2017, el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, quería que un cansado Guindos se presentara a una victoria ya garantizada, pero el ministro jugó sus cartas y prefirió apostar, sin el apoyo de Moncloa, por la vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE), cargo que finalmente logró.

En las quinielas el nombre que más destaca, aunque todavía no ha confirmado que tenga interés en el cargo, es el de la española Nadia Calviño, actual vicepresidenta económica del Gobierno. Pero no es la única a la que se ve con intención, y capacidad, de ganar esta carrera. En la elección pesan muchos criterios, como geográficos (sur-norte, este-oeste) e ideológicos (reparto de los cargos de la cúpula de la UE entre las distintas familias políticas). Por el momento, Centeno ve "prematuro hacer declaraciones sobre potenciales candidatos".

Calviño tiene varios puntos a su favor. El principal es que es una figura respetada dentro del órgano, en el que está desde junio de 2018, y es conocida en Bruselas, donde fue directora general de Presupuestos de la Comisión Europea. En la capital comunitaria saben que es una persona de referencia y confianza en el Ejecutivo español. Además, su elección ayudaría a ajustar los desequilibrios de género del Eurogrupo, que nunca ha tenido una mujer como presidente, y que en las últimas elecciones de cargos para el BCE tuvo presión para apostar por mujeres.

Pero tiene también puntos en contra. Uno de los principales es que es una candidata de un país sureño, cuando ha sido Portugal el que ha ostentado la presidencia durante los últimos dos años y medio. Según la tradición europea, debe haber un cierto equilibrio geográfico, y eso significaría que en principio el próximo presidente no debería ser mediterráneo.

Calviño charla con Gentiloni, comisario de Economía. (EFE)
Calviño charla con Gentiloni, comisario de Economía. (EFE)

El sur copa hoy los principales puestos claves a nivel económico de la Unión: el italiano Paolo Gentiloni es comisario de Economía, el español José Manuel Campa preside la Autoridad Bancaria Europea (EBA), Guindos es el número dos del BCE, y muchos consideran que Francia entra dentro de la esfera sureña, lo que hace que se considere que la presidencia del eurobanco, que ostenta Christine Lagarde, también está en sus manos.

Pero a la vez los nórdicos ya controlan la reunión preparatoria, el poderoso Eurogroup Working Group, que tras la salida del holandés Hans Bijlbrief cayó en manos del candidato de Finlandia. Eso dejaría más posibilidades a un eventual candidato del este de Europa, donde las opciones son bastante reducidas y que, además, también tiene la vicepresidencia económica de la Comisión Europea, o del siempre socorrido ‘Benelux’. Y muchos apuntan en ese caso al luxemburgués Pierre Gramegna, que es uno de los veteranos del Eurogrupo y un miembro de la familia liberal.

Otro punto en contra de Calviño tiene que ver con este reparto geográfico, pero en este caso concretamente sobre España, que ya tiene dos cargos económicos importantes mencionados con anterioridad: la vicepresidencia del BCE en manos de Guindos y a Campa al frente de la EBA. Además, Arancha González Laya, ministra de Exteriores, suena como una de las posibles favoritas para ponerse a las riendas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), a la que la UE quiere presentar un candidato europeo único. Aunque la española tendría competencia, como la del comisario de Comercio, el irlandés Phil Hogan, si finalmente fuera ella la elegida Calviño tendría más difícil pelear por la presidencia del Eurogrupo.

La actual vicepresidenta del Gobierno ya fue uno de los nombres que se barajaron para la candidatura europea al Fondo Monetario Internacional (FMI), y es una figura que genera consenso dentro de la reunión. Es respetada, tiene experiencia y un perfil técnico que no le sitúa en un extremo ideológico de la habitación. Aunque tenga puntos en contra, es una de las favoritas en el inicio de esta carrera por la sucesión.

El proceso, que culminará el próximo 9 de julio, tiene mucho trabajo de fontanería, llamadas y reuniones. Los candidatos tienen que mover todos los hilos posibles para atar bien los apoyos en unas votaciones en las que hay que jugar todas las cartas que tengas a tu disposición. El puesto consume mucha energía y tiempo del elegido, y el Consejo Fiscal Europeo, un órgano que aconseja reformas para mejorar el funcionamiento económico de la Unión, ya propuso que la presidencia, creada en 2004, fuera un cargo a tiempo completo que no fuera ninguno de los ministros. Una de las propuestas que se han hecho en los últimos años es fusionar el cargo de comisario de Economía con el de presidente del Eurogrupo, una semilla de un futuro ministro de Finanzas de la eurozona.

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