El último sector inmune a la desaceleración

Las constructoras ya sienten el frenazo y vaticinan despidos en el sector

El deterioro de las expectativas económicas y la escalada de los precios de la vivienda empiezan a pasar factura a la demanda. Las constructoras temen un deterioro brusco del sector

Foto: Vista de una grúa de la construcción. (EFE)
Vista de una grúa de la construcción. (EFE)
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El sector de la construcción es el que más tarda en reaccionar a las oscilaciones del ciclo económico. Su inercia es tan fuerte porque necesita que los cambios de sentimiento económico se consoliden para modificar las tendencias de inversión de largo plazo de familias y empresas. De ahí que siempre se incorpore con retraso a la coyuntura económica. Pero, tarde o temprano, acaba reaccionando.

Y ese momento ha llegado. El sector de la construcción empieza a mostrar claros síntomas de agotamiento influido por la coyuntura económica delicada y por la subida de precios de las regiones más dinámicas. Así se pone de manifiesto en la última encuesta de coyuntura del sector de la construcción, que elabora mensualmente el Ministerio de Industria. Las constructoras reconocen un cambio de tendencia en el sector, que ya habría tocado techo y ahora inicia una senda de corrección como el resto de la economía.

El problema de la construcción es que se trata de un sector intensivo en empleo, por lo que sus vaivenes pueden afectar de forma significativa al mercado laboral. Y ya hay una mayoría de empresas que prevé destruir empleo en los próximos meses. Según los datos de la encuesta de coyuntura, en noviembre hay un 14% más de constructoras que prevén realizar despidos de las que pretenden realizar contrataciones.

Este indicador, que ofrece el saldo entre respuestas negativas y positivas, apunta ya claramente en negativo. Esto es, si el resultado es negativo, significa que hay más empresas con una expectativa de destruir empleo y viceversa. Si se tienen en cuenta los saldos de las encuestas mensuales de los últimos 12 meses, se observa que por primera vez en más de dos años hay una mayoría de empresas que esperan ajustes de plantilla.

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Es el resultado de los nubarrones que se ciernen sobre el sector desde hace unos meses. El índice de clima de la construcción, que llevaba en fase de recuperación desde finales de 2016, se dio la vuelta al inicio del verano y está consolidando este cambio de tendencia.

El sector de obra no residencial (oficinas y locales) todavía mantiene el optimismo y los peores presagios se concentran sobre la construcción de viviendas. La demanda empieza a agotarse, en algunas regiones por la debilidad económica y en otras porque los precios han subido tanto que ya no son asequibles para las rentas salariales. El resultado es que la compraventa de viviendas ha empezado a reducirse en 2019 y acumula una caída del 3,2% en los nueve primeros meses del año.

Los peores datos se concentran en Madrid y en los dos archipiélagos: Canarias y Baleares. Justo en las regiones en las que más han subido los precios en los últimos años. En la Comunidad de Madrid, el número de transacciones de vivienda libre se ha reducido un 7,6%, y en Baleares y Canarias, la caída supera el doble dígito, en su caso, afectadas por la pérdida de dinamismo del turismo.

La caída de la demanda afecta inmediatamente a la inversión. Los últimos datos trimestrales de la Contabilidad Nacional que publica el INE ya mostraron el cambio de tendencia en el sector durante los meses de verano. La producción de la construcción se redujo un 1,3% en el tercer trimestre respecto al segundo (datos corregidos de estacionalidad), en lo que supone el primer descenso de la actividad desde el inicio de 2014, hace más de cinco años.

El otro lado de la misma moneda es el de la inversión en construcción, que también evidencia la situación del sector. Según los datos de Contabilidad Nacional, la inversión se redujo un 2,6% trimestral y en tasa anual el descenso fue del 0,7%. Esto significa que la inversión en construcción no solo se está ralentizando, sino que está reduciéndose.

El ladrillazo

El sector de la construcción se incorporó a la recuperación de forma generalizada en 2014, casi un año más tarde que el resto de la economía. Sin embargo, en los últimos ejercicios ha crecido sistemáticamente por encima del PIB. Esta racha está cerca de revertirse y podría ocurrir en el último trimestre del año. El indicador adelantado del Ministerio de Industria no invita al optimismo. Si además se unen a ello la desaceleración de los últimos meses y la gran inercia que arrastra la construcción, las expectativas no son halagüeñas.

El Banco de España ya advirtió en su último informe trimestral, publicado en septiembre, de que “los indicadores relativos a la actividad en la construcción, como, por ejemplo, las cifras de afiliación, muestran que este sector ha experimentado también una desaceleración significativa”. También el Ministerio de Economía ha reconocido la ralentización del sector en su informe mensual de síntesis de indicadores económicos: “Los indicadores de actividad en la construcción muestran signos de moderación”.

El resultado de la menor inversión es que cada mes se inician menos construcciones. En los nueve primeros meses del año, se han expedido 81.957 visados de obra nueva de viviendas, lo que supone el menor incremento desde 2014, cuando el mercado inmobiliario comenzó a recuperarse. Hace un año, el ritmo de crecimiento superaba el 16%.

Si se toman series móviles de 12 meses, también se observa esta rápida ralentización: el ritmo de crecimiento del número de visados es el más lento desde 2015.

Esta pérdida de dinamismo está afectando ya al empleo en el sector, que se ha frenado de forma brusca en los últimos meses. El número de afiliados en la construcción, que aumentaba a ritmos superiores al 8% al inicio del año en tasa interanual, ahora avanza por debajo del 3,5%. Se trata del menor avance desde 2016 y evidencia cómo el empleo en la construcción está ya contagiado por la desaceleración económica.

“Las expectativas del empleo disminuyeron [en octubre] por tercer mes consecutivo”, señala el informe del Ministerio de Economía refiriéndose a la encuesta de confianza entre las empresas de la construcción. Un indicador que va en línea con la encuesta de coyuntura del Ministerio de Industria y que pone sobre la mesa el riesgo de turbulencias en las constructoras durante los próximos meses.

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