MANTIENE EL OBJETIVO DE PIB

Calviño se aferra a los números de Guindos para que Bruselas acepte más gasto

La economía española ha entrado en una fase de clara descaleración. Pero la ministra Calviño mantiene sus previsiones para que Bruselas le aprube la nueva senda de déficit

Foto: El comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici, y la ministra de Economía y Empresa, Nadia Calviño. (EFE)
El comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici, y la ministra de Economía y Empresa, Nadia Calviño. (EFE)

Entre predicar y dar trigo suele mediar una eternidad, sobre todo en política. Pero, a veces, y de manera inexplicable, sucede lo contrario. Hay más cereal del que públicamente se ofrece. Esto mismo es lo que le puede estar pasando al Gobierno y, en particular, a la ministra Calviño, que en lugar de desmarcarse políticamente del momento económico, al fin y al cabo el presidente Sánchez no lleva ni 100 días en La Moncloa, ha asumido la desaceleración de la actividad económica —de eso ya no hay ninguna duda— como si el Gobierno fuera el único culpable.

Esto explica que la ministra Calviño se haya lanzado a defender el “robusto” y “sólido” crecimiento de la economía española, como dijo ayer en RNE, cuando hace poco más de tres meses el Partido Socialista, por entonces en la oposición, no paraba de advertir sobre los pies de barro en que se sustentaba el avance del PIB. Es decir, España crecía fundamentalmente gracias a los célebres vientos de cola (tipos de interés, petróleo o evolución del comercio mundial) que han empujado con fuerza la economía en los últimos años.

Habrá quien piense que se trata de una respuesta oficial fruto de un mal diagnóstico, pero tiene que ver, según fuentes autorizadas, con algo mucho más prosaico. España debe enviar a Bruselas a mediados de octubre su Plan Presupuestario 2019, y eso obliga al Gobierno a seguir la nueva senda de déficit, que, aunque no está formalmente aprobada ni por Europa ni por España, es la guía que marca el camino.

El exministro de Economía Luis de Guindos. (Reuters)
El exministro de Economía Luis de Guindos. (Reuters)

Y ocurre que si la economía no es capaz de crecer este año tanto como lo previsto (2,7%), las probabilidades de cumplir con el déficit público se encogen, de ahí que la ministra Calviño se agarre al cuadro aprobado en su día por el exministro De Guindos —como Ulises lo hacía al palo del velero que lo devolvía de Troya— para tratar de convencer a los técnicos de la Comisión Europea de que es posible cumplir con los nuevos objetivos de déficit en un contexto de desaceleración de la actividad económica. Precisamente porque la economía crece con fuerza.

El Gobierno, de hecho, mantuvo las previsiones del anterior Ejecutivo el pasado 20 de julio, pese a que algunos indicadores advertían ya de una ligera desaceleración, lo que se ha confirmado con los datos de este verano (empleo, turismo o comercio minorista).

Hay que tener en cuenta que en 2019, según sus propia hoja de ruta, el Gobierno debe bajar el déficit nueve décimas de PIB (del 2,7% al 1,8%), lo que supone unos 10.500 millones de euros tras la ligera revisión que hizo Estadística este jueves. Y no hay que olvidar que el ciclo económico es lo que explica la totalidad del ajuste fiscal nominal que se habrá realizado este año, según reconoció el anterior Gobierno a Bruselas en el Plan Presupuestario.

Posición cíclica

A partir del próximo año, sin embargo, y por la nueva posición cíclica de la economía española, la aportación del ciclo al ajuste fiscal será menor, de 0,6 puntos porcentuales en 2019, de 0,4 puntos en 2020 y de 0,3 puntos en 2021.

Las últimas estimaciones de la AIReF, de hecho, estiman que la economía española ha vuelto a finales de 2018 a situarse en una situación cíclica neutral. Es decir, que los vientos de cola desaparecen. Por lo tanto, se ha cerrado, como sostiene el presidente de la AIReF, José Luis Escrivá, “un ciclo larguísimo de 20 años y de una amplitud enorme: 13 puntos del PIB de máximo a mínimo cíclico”.

El vigoroso crecimiento de la economía —en torno al 3% en los últimos años— fue, de hecho, el principal argumento que siempre esgrimió De Guindos ante Bruselas para convencer a los técnicos de la Comisión, y sobre todo al comisario Moscovici, de que España podía incumplir los objetivos de déficit, toda vez que lo contrario hubiera significado sacrificar el crecimiento y, por lo tanto, menor empleo.

La desaceleración de la actividad se manifiesta en que el PIB crece ya a un ritmo anual del 2,7% (el objetivo del Gobierno para todo el ejercicio), mientras que en términos intertrimestrales el avance entre abril y junio fue del 0,6%. Esto significa que si se anualiza esa tasa por los cuatro trimestres de un año, el PIB estaría creciendo en torno al 2,4%-2,5%. En todo caso, la cifra que vale es la media anual.

En su último informe de coyuntura, BBVA Research estimó que con la información presupuestaria conocida y en un entorno de “desaceleración moderada de la actividad”, se esperaba una recuperación, fundamentalmente cíclica, de las bases imponibles. Algo que debería derivar en un aumento de la recaudación impositiva, en línea con lo esperado a comienzos del año. Igualmente, la mejora del mercado laboral contribuirá al incremento de los ingresos por cotizaciones sociales a lo largo de 2018. Como resultado de ello, BBVA mantiene la previsión de los ingresos públicos, que se elevarán hasta el 38,2% del PIB, tres décimas por encima del cierre de 2017.

El conocimiento de la posición cíclica de una economía es esencial para hacer política presupuestaria, ya que de esta manera se conoce qué parte del déficit es estructural y qué parte se debe a la coyuntura, de ahí que a la Comisión Europea le interese más el primero.

El exministro Miguel Sebastián, que algo sabe de crisis, habla ya de apocalípticos refiriéndose a quienes advierten sobre las consecuencias de la ralentización, y otros socialistas no se cansan de repetir en las redes sociales que no pasa nada. Es más, algunos sugieren que se trata de un catastrofismo infundado.

Sería ridículo, y hasta grotesco, comparar la coyuntura actual con la de hace una década, cuando Zapatero se negaba a reconocer lo que se le venía encima a la economía española, pero sorprende la insistencia en el 'no pasa nada' cuando es algo más que evidente que algo está pasando.

No es que por el momento sea una catástrofe, pero quitar hierro a los datos de afiliación (la primera caída del empleo desde 2015 en términos desestacionalizados) es, al menos, singular en un país con el 15% de desempleo. Claro está, a no ser que se acepte lo que dijo el martes el secretario de Estado de Seguridad Social, Octavio Granado, quien explicó en conferencia de prensa que el paro baja menos que en anteriores meses porque estamos ante “tasas de ocupación razonables” (sic).

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