Se enfrenta a una hiperinflación del 1.000.000%

Venezuela ya ha devaluado, renombrado y 'digitalizado' su divisa... ¿Y ahora qué?

Maduro ha trazado un plan para frenar la hiperinflación que evita los ajustes, aumenta el gasto público, dispara el salario mínimo y devalúa la moneda un 95%

Foto: Promoción de la criptodivisa venezolana, el petro, en Caracas (Efe)
Promoción de la criptodivisa venezolana, el petro, en Caracas (Efe)

‘Se le quitan cinco ceros a la divisa y la inflación desaparece’. Podría parecer arte de magia, pero nada de eso, en realidad es un truco que en rara ocasión da resultado. Venezuela no será el primer país que intente frenar la escalada de precios quitando ceros a su divisa -en esta ocasión han sido cinco ceros menos-, pero se trata de una medida más operativa que efectiva. Con los nuevos billetes, los venezolanos no tendrán que cargar una mochila llena de fajos para comprar un rollo de papel higiénico y no será necesario que el Banco Central de Venezuela emita tanto papel. Sin embargo, su efectividad para frenar la escalada de precios está en entredicho.

La batería de medidas que anunció Maduro el viernes y que ya han empezado a funcionar, están dirigidas a frenar la grave crisis económica y financiera que vive el país. Lo más urgente es frenar la hiperinflación, pero el presidente quiere hacerlo sin pagar un coste social por el descontrol de precios que provocó. El resultado es que las medidas para frenar la escalada del IPC son poco efectivas y están acompañadas por estímulos que, en la mayoría de los casos, serán contraproducentes.

El presidente de la Reserva Federal entre 1979 y 1987, Paul Volcker, mostró al mundo que la lucha contra la inflación era un camino doloroso. El banquero central doblegó a la escalada de precios con una política monetaria restrictiva encaminada a subir los tipos de interés y a limitar la liquidez del mercado. Medidas impopulares que, sin embargo, se mostraron como exitosas.

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Venezuela ha decidido seguir el camino opuesto, lo que dispara las dudas sobre la efectividad de las medidas. Una de ellas fue multiplicar por 60 el salario mínimo, hasta 180 millones de bolívares fuertes. Una subida salarial de esas proporciones provoca dos efectos: desempleo e inflación (que es lo que se quiere evitar), pero Maduro ha prometido que no será así. Para evitar este efecto, el Gobierno financiará esta subida durante 90 días. Esto es, una medida que solo retrasa el impacto sobre la inflación y el empleo, pero que obliga a realizar un gran esfuerzo presupuestario al Estado que elevará más el descontrolado déficit público.

Lo más urgente es frenar la hiperinflación, pero el presidente quiere hacerlo sin pagar un coste social por el descontrol de precios que provocó

Para compensar el mayor gasto público, Maduro ha anunciado también una subida de impuestos que incluye un incremento del IVA del 12% al 16%. Como este tributo grava los precios finales, supone un estímulo más para la inflación. 'Bloomberg' ha elaborado el índice 'café con leche' en el que mide la inflación en el país a través del precio de este producto. Según estos datos, en el último año, el precio del café con leche alcanza ya los 2,5 millones de bolívares fuertes tras dispararse más de un 800.000%.

La medida estrella de renombrar y reformar la divisa, el bolívar, tendrá un efecto limitado sobre los precios. El nuevo bolívar pasará a llamarse soberano y supone quitarle cinco ceros al bolívar fuerte. En cuanto a la devaluación, el tipo de cambio oficial se hundirá un 95% para frenar la presión de divisas que sufre el Banco Central, la mayor devaluación de la historia. Una medida que tendrá un efecto limitado, ya que como el tipo de cambio oficial está muy restringido, la mayor parte de venezolanos tienen que acudir al mercado negro para comprar dólares. Y ahí el bolívar está más que depreciado. Solo afectará a los privilegiados a quienes el Banco de Venezuela permitía acceder a este tipo tan beneficioso.

El patrón bimetálico

Maduro ha decidido ignorar las recetas tradicionales contra la inflación y ha decidido dirigir a Venezuela por un camino desconocido. Una de las decisiones más polémicas ha sido la creación de una criptomoneda, el petro, que actuará como respaldo de la divisa oficial. El nuevo bolívar soberano tendrá un tipo de cambio fijo con el petro: 3.600 bolívares, y, a su vez, también estará fijado al dólar: 60 dólares por cada petro.

Este tipo de cambio equivale al precio medio del barril de petróleo venezolano en los mercados. El precio del petro está respaldado por el crudo venezolano, sin embargo, ocurre como en el patrón oro tras la modificación del expresidente de EEUU, Richard Nixon. Si el activo que da valor a la divisa no es intercambiable, la confianza en la misma desaparece. En el caso del patrón oro, Nixon cortó la convertibilidad de dólares en oro en 1971 lo que eliminó para siempre este sistema.

En el caso del petro, no es intercambiable por el activo que supuestamente garantiza su valor, el crudo venezolano. Esto hace que, de facto, la divisa no tenga respaldo y, por tanto, sea susceptible de perder la confianza de los inversores. Por si fuera poco, la producción de crudo en Venezuela no deja de caer como consecuencia de la falta de inversión en nuevos yacimientos. Un hecho que aumenta todavía más las dudas sobre el petro.

En el caso del petro, no es intercambiable por el activo que supuestamente garantiza su valor, el crudo venezolano

Además de eso, Venezuela tendrá que garantizar que se mantiene el cambio fijo entre el petro y el bolívar soberano. Este es un equilibrio que es muy complicado para los países, ya que los ahorradores pueden elegir si prefieren atesorar una de las dos monedas. En ese caso, para mantener el tipo fijo el Estado tiene dos opciones. La primera es controlar los intercambios, de modo que se termina creando un mercado negro (como ocurrió con el bolívar).

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La segunda es permitir el cambio libre pero equilibrar los precios vendiendo y comprando cada una de las reservas. El problema de esta opción es que si hay una presión muy fuerte a favor de una de las divisas, el gobierno acaba cediendo y generando grandes beneficios sobre los especuladores. El mejor ejemplo ocurrió cuando George Soros derrotó al Banco de Inglaterra en 1992.

El riesgo de colapso, con una inflación que casi alcanza el 1.000.000%, es una realidad para Venezuela

Maduro ha optado por seguir enfrentándose a los mercados sin reservas en el Banco Central, por lo que el riesgo de derrota es muy abultado. En la actualidad, los países con problemas de divisas acuden al FMI para conseguir respaldo financiero que ayude a realizar el ajuste, pero Venezuela considera al Fondo enemigo del país. Esto hace que el país tenga que salir del agujero sin asistencia exterior.

El riesgo de que todas estas medidas no ayuden a frenar la hiperinflación en el país es más que evidente. El riesgo de colapso con una inflación que casi alcanza el 1.000.000% es una realidad para Venezuela. De ahí que el paquete de reformas aprobado el pasado viernes sea casi la última esperanza para Maduro en la cuenta atrás que ha iniciado.

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