EL SMI SUBIRÁ EL 20% HASTA 2020

Desmontando falacias contra la subida del salario mínimo

¿Cómo afecta la subida del SMI a la economía? No hay una respuesta convincente. Sólo hay una cosa clara: su importancia es irrelevante debido a que afecta a muy pocos trabajadores

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Es probable que a algunos economistas les suceda lo que a Willie Stark, el protagonista de 'El político', una extraordinaria película de 1949 -en la versión original se llamó 'Todos los hombres del rey'- que refleja la sordidez del poder. Stark sostenía que si un político decía algo muy alto y muchas veces, la gente acabaría por creerle.

Muchos economistas siguen al pie de la letra la estrategia de Stark, y en los últimos días de cada año -justo cuando toca revisar la cuantía del SMI- sostienen -alto y en infinidad de ocasiones- que incrementos del salario mínimo por encima de la productividad aumentan el desempleo. O, incluso, producen un crecimiento de la temporalidad.

Lo cierto, sin embargo, es que culpar al SMI del nivel de desempleo o de la tasa de temporalidad es algo más que arriesgado. Y desde luego no está acreditado de forma rigurosa. Entre otras cosas, porque su influencia real sobre la economía es muy limitada. No es vano, según Eurostat, apenas el 0,2% de los trabajadores percibe el salario mínimo oficial (el que aprueba el Gobierno cada año).

De hecho, al ser tan bajo respecto del nivel de renta, España es, con diferencia, el país de la eurozona con menor proporción de trabajadores que cobran el SMI (Eurostat utiliza la referencia del 105% del salario mínimo). Otros estudios, como el del economista Florentino Felgueroso, estiman que apenas el 2,5% de los asalariados percibían en 2015 un salario igual o inferior al SMI (teniendo en cuenta la jornada y el número de horas trabajadas).

¿Quiere decir esto que en España casi ningún trabajador tiene unos ingresos inferiores al salario mínimo? Es decir, los 707,7 euros vigentes en 2017 o los 9.907,8 euros en cómputo anual. En absoluto. Según la última Encuesta de Estructura Salarial, que elabora Estadística, el 12,62% de los trabajadores obtiene anualmente unos ingresos inferiores a una vez el SMI.

¿Qué significa esto? Pues, ni más ni menos, que una cosa es la cuantía que fija anualmente el Gobierno, y que se aplica sobre la jornada laboral marcada por convenio en cada actividad -en caso de que no se alcance la jornada completa el salario se prorratea-, y otra muy distinta lo que puede ingresar cada trabajador en función de los distintos empleos que obtenga cada año en coherencia con la enorme rotación que existe en el mercado laboral alrededor de un mismo puesto de trabajo.

Oferta y demanda

O dicho de otra manera, los incrementos decididos en Consejo de Ministros influyen de forma muy limitada sobre lo pactado en convenio, pero solo indirectamente sobre el resto de trabajadores que entran y salen del mercado laboral en función de si logran un empleo. Y, lógicamente, si lo encuentran, en no todos los casos su salario será equivalente al mínimo. Dependerá de la oferta y demanda y de la cualificación profesional.

Hay que tener en cuenta que la encuesta anual de estructura salarial se hace sobre un muestreo de 228.560 trabajadores a partir de los ingresos declarados en el Registro General de Cuentas de Cotización, remitido, a su vez, por la Tesorería General de la Seguridad Social con datos actualizados a 30 de septiembre de cada año. Por lo tanto, lo que se tiene en cuenta no es el salario mínimo, sino la evolución de los salarios globales. En todo caso, su influencia no parece determinante teniendo en cuenta que muy pocos trabajadores perciben esos 707,70 euros por una jornada a tiempo completo, como dice Eurostat. Máxime cuando la última reforma laboral ha permitido a muchas empresas no aplicar los salarios pactados en convenio sectorial (más altos) acogiéndose a las cláusulas de descuelgue.

Es más, como ha señalado la Caixa en este informe, el incremento del SMI ha sido inferior al de los salarios. En concreto, el SMI aumentó un 3,9% acumulado entre 2009 y 2015, mientras que, en este mismo periodo, los salarios medio y mediano crecieron un 5,6% y un 10,5%, respectivamente en términos nominales, con inflación. Su conclusión no deja lugar a dudas: “Estos datos apuntan a que el SMI había quedado rezagado en relación con la evolución salarial del conjunto de la economía”.No así en 2017 y 2018.

Las causas de la inflación

Otro de los argumentos que suelen utilizarse para atacar incrementos del SMI tiene que ver con el efecto arrastre que pueden tener sobre el resto de salarios. Tanto en el sector público como en el privado. Lo que dicen las estadísticas oficiales es que en 2017 los salarios fijados en convenio han crecido un 1,4%, muy por debajo del 8% que creció el SMI, lo que hace difícil establecer una relación causa-efecto.

Se dirá con buen criterio, como dice el viejo refrán castellano, que un grano no hace granero, pero si se echa la vista atrás (el SMI nació en 1963), no parece razonable culpar al SMI de la evolución de los salarios. De hecho, los aumentos de salarios pactados en la negociación colectiva no parecen haberse visto alterados por el crecimiento del SMI. Por el contrario, los salarios están más determinados por la indiciación salarial con cláusulas de garantía respecto del IPC, que suele generar "efectos de segunda ronda" y acaban convirtiendo aumentos transitorios de la inflación en permanentes, como han señalado los economistas Juan Francisco Jimeno y Samuel Bentolila.

Lo que dice Estadística, en concreto, es que desde el año 2001 el coste salarial total por trabajador (sin contar cotizaciones sociales) ha crecido hasta el tercer trimestre de este año un 34,2% -con inflación-, mientras que el SMI se ha incrementado en ese mismo periodo en casi el doble: un 63,4% (también a precios corrientes). Por lo tanto, no parece que pueda observarse un 'efecto arrastre' en el sector privado, y mucho menos en el público, donde los sueldos de los funcionarios están prácticamente congelados en término reales desde hace muchos años. Descontada la inflación, la remuneración por asalariado apenas ha crecido desde principios de siglo. Otra cosa son los costes laborales por el aumento del empleo.

La influencia del SMI sobre los salarios suele obviar, además, un factor fundamental. El efecto que tiene la cuantía de las nóminas sobre la recaudación de la Seguridad Social. El hecho de que suban los salarios más bajos eleva también los ingresos por cotizaciones, que es, precisamente, lo que más preocupa a los gestores del sistema público de protección social. Y lo que ha sucedido en los últimos años es justamente lo contrario.

La congelación salarial -unido a las bajas tasas de inflación- han agujerado las cuentas de la Seguridad Social, lo que ha obligado al Estado a emitir deuda pública para cubrir sus necesidades financieras. Es decir, que lo que no suban las empresas a sus trabajadores, lo tiene que compensar el Estado vía impuestos. Y ahora, con la subida del 4% en 2018, la Seguridad Social recaudará unos 133 millones de euros adicionales. Bastante más en 2019 y 2020.

Fue Keynes quien dijo que las matemáticas no podían llegar hasta donde sí lo hace la intuición. Y por eso tampoco estará de más recordar, igualmente, la relación entre SMI y pobreza. Y lo que revela la Encuesta de Condiciones de Vida, ni más ni menos, es que el umbral de riesgo de pobreza para los hogares compuestos por una sola persona se sitúa en 8.209 euros anuales. Es decir, por debajo del SMI, que nació en el mundo a finales del siglo XIX.

Y lo hizo, precisamente, para combatir la pobreza. Eso significa que el salario mínimo situaba de forma automática a su perceptor (siempre que viva solo o únicamente entre un sueldo en casa) como un 'pobre oficial' pese a tener un empleo. No hay que olvidar, como mostró en su día el economista Florentino Felgueroso en Nada es Gratis, que el salario mínimo actual en términos reales (sin la subida pactada ayer) se sitúa en niveles de mediados de los años 80.

Y eso es así porque España es el país de la Unión Europea con menor SMI en relación a su salario medio, lo que se conoce como índice de Kaitz. Como dice un informe de CCOO, no solo es que los países más ricos tengan un salario mínimo más alto en relación a su salario medio, es que todos los países de la UE con salario mínimo, incluso los menos desarrollados, lo tienen mayor respecto de su salario medio. En 2015, el salario mínimo en España solo equivalía al 34,1% del salario medio a tiempo completo, porcentaje que fue mucho más alto en Alemania (41,7%), Países Bajos (42,7%), Portugal (44,5%), Polonia (45,4%), Francia (47,6%) o Eslovenia (51,2%). Esa realidad comienza a cambiar.

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