Lo presenta hoy en el Congreso

Un informe del BdE desmonta el plan estrella de Guindos para hacer crecer a las pymes

El ministro siempre repite que España tiene un problema de productividad porque las empresas son muy pequeñas. ¿Y si estuviera equivocado y fuese justo al revés?

Foto: El ministro de Economía, Luis de Guindos, en un Consejo de Ministros. (EFE)
El ministro de Economía, Luis de Guindos, en un Consejo de Ministros. (EFE)

El ministro de Economía, Luis de Guindos, presentará este jueves en el Congreso una batería de medidas encaminadas a fomentar el crecimiento de las empresas españolas. Será un plan integral con varias aristas: se modificarán regulaciones laborales, administrativas, de financiación, de internacionalización… Todo para acelerar el crecimiento de las compañías, ya que la productividad y el tamaño están directamente relacionados. El ministerio ha calculado que si la estructura productiva fuese como la del conjunto de la Unión Europea, el PIB se incrementaría un 3,35%, y si fuese como la de Reino Unido, se dispararía un 7,5%.

Javier G. JorrínJavier G. Jorrín

Las empresas más grandes son más productivas, eso está más que demostrado en todos los países del mundo, por lo que tiene sentido idear un plan para estimular su crecimiento. Sin embargo, el problema es que este axioma supone aceptar la hipótesis de que el tamaño de la empresa determina la productividad, pero ¿y si no ocurriese así?

Un estudio de Enrique Moral-Benito publicado por el Banco de España en 2016 demuestra que el efecto es justo el contrario: la productividad es quien hace crecer a las empresas y no al contrario. Esto significa que el plan de Guindos para eliminar barreras al crecimiento tendrá un impacto reducido porque confunde causa con consecuencia. El esfuerzo se centra en el tamaño de las empresas, pero si recayese sobre la productividad, las compañías crecerían automáticamente.

Los 'shocks' de productividad generan crecimiento empresarial, pero no al revés

“Los 'shocks' de productividad generan crecimiento empresarial, pero no al revés”, demuestra Moral-Benito, “las empresas españolas son más pequeñas porque son menos productivas”. El autor llega a la evidencia de que “el crecimiento de la productividad provoca crecimiento de las empresas, pero el crecimiento de las empresa no causa el crecimiento de la productividad”. Esto significa que un plan centrado en el crecimiento de las empresas con el objetivo de ganar productividad estará equivocado en sus dos pilares fundamentales. El primero: que las empresas no crecen por quitar barreras regulatorias, sino que el determinante es la productividad. Y el segundo: impulsando el tamaño de las empresas no se conseguirán mejoras de la productividad.

Detalles del estudio

Moral-Benito realizó su análisis a partir de los datos de la Central de Balances Integrada y los registros mercantiles para el periodo que va de 2000 a 2007. En el primero de los casos, estudió el impacto de un 'shock' de productividad sobre el tamaño de las empresas y descubrió que las compañías punteras elevaban sus plantillas un 8,4% más al cabo de cinco años que el resto. Así, en dos empresas de 60 empleados cuya productividad fuese diferente, al cabo de un lustro habría cinco empleados de diferencia entre ambas a favor de la más productiva.

Por el contrario, al analizar un 'shock' de empleo, el autor encontró que apenas se genera ningún impacto sobre la productividad al cabo de cinco años. Sus efectos acumulados al final del periodo terminan siendo “cero o negativos”. En definitiva, un crecimiento artificial no genera ganancias de productividad y tampoco resuelve el problema de las empresas que no han crecido. Posteriormente, realiza este análisis utilizando otros modelos de cálculo y el resultado es similar en todos ellos, lo que despeja cualquier duda.

Las empresas de alto crecimiento no parecen experimentar ganancias de productividad después de crecer

Otro punto importante que localizó el autor es que “las empresas de alto crecimiento no parecen experimentar ganancias de productividad después de crecer”. Esto significa que la ganancia de productividad es una condición al crecimiento y no una consecuencia. Primero ganan productividad y después crecen, y no al revés.

En España, la productividad de las empresas es significativamente inferior a la de los tres mayores países de la eurozona: Alemania, Francia e Italia. Por ejemplo, en las pymes de entre uno y nueve trabajadores, la productividad es un 19% más baja con los datos de Eurostat y un 36% con los de la OCDE. Esta brecha de productividad se va reduciendo a medida que las empresas son de mayor tamaño, lo que refleja que las grandes empresas españolas sí alcanzan unos niveles aptos para competir con el resto del continente. Así, las compañías de más de 250 empleados tienen un 'gap' de productividad del 12% o el 17%, según las cifras de Eurostat y OCDE respectivamente.

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Una explicación posible a esta situación podría ser que España está muy centrada en sectores que, por definición, son poco productivos, como el turismo o la construcción. Sin embargo, los datos de Moral-Benito muestra que el 'gap' de productividad es homogéneo en todos los sectores. Esto refleja que se trata de un problema estructural de la economía y no una cuestión de la composición. Sencillamente, “las empresas españolas son menores porque son menos productivas”.

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Un análisis del tamaño empresarial muestra que existen algunos escalones de empresas que frenan su crecimiento para no superar los umbrales fiscales, laborales o burocráticos que existen. Sin embargo, su tamaño es reducido y en ningún momento marca la tendencia. Al contrario, los datos de densidad de empresas reflejan un escenario muy nítido: el mayor porcentaje de empresas se concentra en el segmento de pymes y baja rápidamente a medida que aumenta el tamaño, tanto si se miden por trabajadores como por facturación.

¿Cómo se soluciona este problema?

El ministro propondrá medidas para evitar el 'efecto escalón', esto es, eliminar o 'pulir' todas aquellas normativas fiscales, laborales y administrativas que son más exigentes a medida que las empresas crecen. El ministerio ha localizado más de 130 regulaciones que están vinculadas al tamaño que se pueden atajar. La propuesta que presentará este jueves en el Congreso se apoya en un informe elaborado por el Círculo de Empresarios que afirma que “si lográramos que España tuviera la misma composición empresarial que Alemania, nuestra productividad agregada sería un 13% superior a la actual, lo que generaría previsiblemente la aparición de 15.000 nuevas empresas (12.000 medianas) y 400.000 nuevos puestos de trabajo”.

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En ese informe, el Círculo también solicita medidas para facilitar el acceso a la financiación de las compañías, la internacionalización o mejorar la Ley Concursal para facilitar las refinanciaciones y reestructuraciones de la deuda ante episodios de dificultad financiera. Medidas que no inciden directamente en las causas de la baja productividad que señala Moral-Benito en su investigación. Los tres puntos clave para el autor son: la dirección empresarial, la inversión en I+D y la formación de los trabajadores. “Las empresas españolas se comportan peor que sus tres comparables de la eurozona en los tres factores, lo que explica, al menos parcialmente, este pobre rendimiento en términos de productividad”.

Las empresas españolas son menores porque son menos productivas

En el caso del talento del equipo directivo, el autor se apoya en la encuesta 'World Management Survey' (encuesta global de gestión), en la que España obtuvo un resultado de 2,75 sobre cinco puntos posibles. Muy lejos de Alemania, con 3,18; Francia, con tres, o Italia, con 2,95 puntos. El último puesto lo ocupó Mozambique con 2,03 puntos. En cuanto a la inversión en I+D+i, en las últimas décadas ha sido menos de la mitad de la realizada en Alemania y algo más de la mitad que la de Francia. Además, el número de empresas innovadoras en España está en torno al 33%, mientras que en Italia, Francia y Alemania supera claramente el 50%.

En cuanto a la formación de los trabajadores, España sigue sufriendo el lastre de los malos resultados educativos, el fracaso escolar y la baja inversión en formación para los trabajadores. Por ejemplo, en España, más de la mitad de los trabajadores jóvenes no tienen ni siquiera el título de la Educación Secundaria Obligatoria, lo que hace que la 'generación mejor preparada' tenga un 'gap' educativo muy abultado respecto a los países punteros del continente. La productividad de estos jóvenes sin cualificación y que están en el paro es muy baja y apenas se aumentará haciendo que las empresas ganen tamaño.

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