Es la bestia negra del ruso

Así fue la puntilla de Rafa Nadal a un Daniil Medvedev al que sacó de sus casillas

El español obró lo imposible al levantar un 5-1 en contra. Depende de sí mismo para pasar a semifinales del Trofeo de Maestros. Medvedev murió de nuevo en la orilla. Ambos acabaron exhaustos

Foto: Rafa Nadal celebra su victoria contra Medvedev tras un intenso duelo en Londres. (EFE)
Rafa Nadal celebra su victoria contra Medvedev tras un intenso duelo en Londres. (EFE)

El Trofeo de Maestros siempre da segundas oportunidades y a ella se subió Rafa Nadal tras una remontada épica, de las que quedarán para siempre marcadas en su particular y larga historia, ante Daniil Medvedev. El ruso, una de las grandes sensaciones del año, murió en la orilla por segunda vez consecutiva ante el balear. La primera de ellas, en el pasado US Open, cuando levantó dos increíbles sets y llevó el partido hasta las casi cinco horas. Esta tarde, en la O2 de Londres. Rafa estaba contra las cuerdas, perdido y desorientado, pero la remontada fue (como es el tenis) suya. Él si la obró. Medvedev tendrá pesadillas (6-7, 6-3 y 7-6). "Un día de estos los tienes cada mil. He sido muy afortunado. ¿El truco? La pasión que tengo por este deporte", comentó el español, feliz por el triunfo.

Y es que, con todo en contra, Rafa cambió el guion del encuentro en un arrebato de furia total, levantó un 1-5 en la tercera y definitiva manga y ahora dependerá de sí mismo en su próximo partido contra el griego Tsitsipas para pasar a las semifinales de un torneo que nunca ha ganado y al que se aferra con uñas, dientes y honor de campeón. A estas alturas a Rafa le falta físico, pero le sigue sobrando cabeza. Con él en pista, hasta el rabo todo es toro.

Tras un debut falto de ritmo, intensidad y acierto contra Alexander Zverev, el balear subió su nivel de tenis por encima de lo que su cuerpo le permite en este momento, más tras recuperarse recientemente de unos problemas abdominales que le obligaron a abandonar París-Bercy, y se impuso al moscovita en el reencuentro más esperado por el gran público. Como en aquella cita, el partido volvió a tener de todo: con momentos brillantes, bajones inesperados y situaciones desconcertantes. Un partido de ida y vuelta emocionante para el espectador y desesperante tanto para los dos jugadores como para sus entrenadores, que no daban crédito.

Un inicio igualado

El ruso conservó el colmillo de aquella cita y, aunque tuvo más cerca que nunca derrotar al número uno del mundo por primera vez en su carrera deportiva, acabó diluyéndose incomprensiblemente como un azucarillo presa de sus nervios, inseguridad y también frescura. Ya no es una hipótesis, sino una realidad: Medvedev ha terminado de acusar el tremendo desgaste de su impresionante tramo final de curso, con seis finales consecutivas y los cetros de Shanghái y San Petersburgo. Acabó exhausto, como también Nadal. Ambos salen descompuestos tras ofrecer un nuevo espectáculo en toda regla.

En una batalla apretada, la experiencia y el nivel de concentración del español fueron nuevamente la clave. Rafa, que llegó a dar el partido por muerto, se rehizo en cuanto olió la primera gota de sangre. Apretó con lo que pudo, justo pero agresivo, y decantó la balanza a su favor. Medvedev erró como nunca, se frustró ante su falta de habilidad para cerrar el choque y acabó pagando otra novatada. Varias veces miró a su banquillo, incapaz de acallar sus descontrolados demonios internos. Una bola al pasillo en el 'tie-break' le apuntilló. Le costará digerir el trago, pero en apenas unos días tendrá en la Copa Davis de Madrid otra reválida, así es este deporte. Lo de Estados Unidos fue una pequeña espinita, lo de las ATP Finals ya es un puñal a su orgullo.

Medvedev jugó tanto con fuego que acabó quemándose. Empezó con chispa y lucidez y terminó atosigado y desesperado, encerrado en sí mismo y sin respuestas ante la sombra que se cernía poco a poco sobre él. Durante el primer set Rafa dominó los peloteos desde el fondo de pista y dirigió el tráfico hacia un lado y hacia otro, haciendo sudar a Daniil, que se amparó en su extraordinario servicio para mantenerse en pie. El ruso se adjudicó una primera manga igualadísima. Y es que Rafa salió de vestuarios muy concentrado y con un esquema de juego claro, dispuesto a borrar cualquier recuerdo de su debut contra Alexander Zverev, un completo desastre.

Medvedev celebra un punto del primer set tras un largo intercambio con Nadal. (EFE)
Medvedev celebra un punto del primer set tras un largo intercambio con Nadal. (EFE)

Lo consiguió, qué duda cabe. Su juego, muy sólido. Si no consiguió llevarse el primer set fue, precisamente, porque al otro lado de la red no tenía a un jugador cualquiera, sino al gran señalado para destronar al histórico 'Big 3'. A Nadal, eso sí, le faltó cierta contundencia en algunos momentos importantes, especialmente desde el resto. Medvedev apenas concedió opciones desde su potente servicio y supo estar muy atento cuando, en el primer 'tie-break', Rafa le abrió tímidamente la puerta. Con 3-3 y el encuentro en un puño, el español mandó una bola a la estratosfera con la caña y el moscovita pisó el acelerador. Le endosó cuatro puntos seguidos y no desperdició ni una de las tres pelotas de set de las que dispuso. Daniil empezó por delante.

A pesar de todo, Nadal sabía que si seguía por ese camino acabaría encontrándole fisuras al ruso. Estaba en el camino correcto y el comienzo de la segunda manga le dio la razón: fue poner la bola en movimiento Medvedev y ceder el saque, hasta el momento inexpugnable. Rafa consiguió mantener el suyo y estuvo certero desde todos los ángulos de la pista, especialmente desde la volea, una característica de su tenis que ha evolucionado en los últimos años. El manacorí continuó exigiendo a Daniil sobre la O2 Arena, haciéndole correr como si perdiera el tren. No encontró respuestas Medvedev, muy deficitario con la derecha y acelerado en algunos compases.

Rafa Nadal celebra el 5-5 en la tercera y definitiva manga tras una remontada espectacular. (EFE)
Rafa Nadal celebra el 5-5 en la tercera y definitiva manga tras una remontada espectacular. (EFE)

La tormenta fue Nadal

Pero el ruso es una roca y no se va de los partidos ni con agua hirviendo. Hay jugador, vaya si lo hay. En la tercera y definitiva manga puso la directa con un par de aces indetectables y varios ganadores. Con 4-0 y golpes imposibles metió pie y medio en polvorosa, era cuestión de tiempo...o eso parecía. Rafa tan solo podía esperar que la tormenta arreciase lo antes posible. El manacorí, cabizbajo, parecía haber abandonado cualquier esperanza de remontada, pero en la adversidad, en la noche más oscura, no hay competidor tan voraz y depredador más certero que él. Estaba contra las cuerdas, pero el vencedor de 19 grandes empezó a animarse, a percutir con cada derecha, revés y saque. Rafa Nadal, el tenista de las mil y una vidas, subía la apuesta.

Del 5-1 y bola de partido en contra, al 5-5. Las gradas se contagiaron de la locura y animaron sin remordimientos al español, que llegó a ponerse por delante. En ese momento, Medvedev era lo más parecido a un flan: blando y tembloroso. Tan cortocircuitado estaba que acabó desafiando al público, alzando el dedo pulgar con ironía tras cada punto. Daniil encadenó un error tras otro, algunos de bulto, y cedió todo el terreno que había sembrado a Nadal, que no dejó pasar la oportunidad de subirse a su chepa. Al contrario que en el US Open, era Rafa el que este miércoles siempre tenía una bola más. Al final, y con cierta intriga en el último intercambio, Rafa alzó los brazos victorioso. 3 de 3 contra Medvedev, que siempre lo tiene tan cerca y a la vez tan lejos. El número uno del mundo consiguió la salvación, pero ahora, muy tocado en lo físico, tendrá que seguir remando a contracorriente en busca de la redención en un torneo que, pese a que le es esquivo, le necesita por días como este.

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