4º US Open y 19º Grand Slam

Nadal aplaca la rebelión de Medvedev en un partido memorable y ya acecha a Federer

El balear, todo coraje, lucha y cabeza, venció en una de sus batallas más titánicas a un Medvedev impresionante que le levantó dos sets y le tuvo contra las cuerdas. Rafa va a por Federer

Foto: Rafa Nadal no pudo reprimir las lágrimas al ganar la final del US Open a Medvedev. (EFE)
Rafa Nadal no pudo reprimir las lágrimas al ganar la final del US Open a Medvedev. (EFE)

El choque generacional cayó del lado de Rafa Nadal. El mito de 33 años se hace más grande y amenaza seriamente el trono de Roger Federer. Era su sexta final en Nueva York, la 27ª de Grand Slam y en su palmarés ya suma 19 'majors' con este nuevo US Open. El español ya acecha al suizo, con uno más (veinte). Nunca en sus casi dos décadas de carrera estuvo tan cerca de destronarle. Es cuestión de tiempo que acabe pasando, solo Djokovic podrá discutirle la hegemonía del tenis mundial. Rafa venció a Daniil Medvedev -de 23 años y número cuatro del mundo- desde la agonía con un recital de buen tenis, maestría en el aspecto mental y una agilidad de piernas impropia de su edad (7-5, 6-3, 5-7, 4-6 y 6-4). El duelo duró casi cinco horas. No se lo puso ni por asomo fácil el moscovita. Un partidazo en toda regla que perdurará en nuestras memorias. La batalla fue mayúscula y Rafa acabó llorando como nunca ante las más de 23.000 personas que abarrotaban la Arthur Ashe. "Fue una de las noches más emocionantes de mi vida", comentó el español en la ceremonia de entrega de premios.

Medvedev se estrenaba en una final de estas características y lo dio todo sobre la pista. Murió matando y ofreció un espectáculo gigantesco. Le hizo sombra al balear y de qué manera. El moscovita no se achantó ante la prueba de fuego más importante de su carrera y miró de frente durante todo el partido al número dos del mundo. Le retó y le desafió. Impresionante actuación. Sin duda, ha llegado a la élite para quedarse. "La manera en que luchó y cambió el rumbo del partido fue alucinante. Tendrá muchas oportunidades, peleó como un campeón y ha completado un verano histórico”, explicó Rafa. Quién le iba a decir al de Manacor en pleno mes de marzo, cuando tuvo que abandonar Indian Wells por problemas de rodilla, que se las vería luchando por su cuarto Grand Slam en Estados Unidos este curso. Algunas voces ya apuntaban a retirada, jubilación...pero el balear ha vuelto más fuerte que nunca, con un apetito voraz y la ilusión de un chaval. Siempre hay tinta para una página más en su particular historia y la de este domingo sin duda ocupará un espacio muy especial en su biografía.

Rafa entró con algunas dudas a la pista. De primeras su 'drive' no funcionaba. Intentaba enroscar demasiado los golpes planos de su rival, cometiendo algunas 'cañas'. Fue sobre todo durante los primeros tres juegos, luego supos limar errores. El balear se apoyó en su segundo servicio para desgastar la moral del ruso, también en su revés alto y en algunas bolas cortadas que su rival era incapaz de levantar a mitad de pista. Medveded sufrió mucho por su flanco derecho, potente pero poco preciso. Por ahí Rafa olió sangre.A mitad de manga el español elevó el listón, moviéndole de lado a lado. Medvedev dio síntomas de agotamiento y se fue quedando sin soluciones.

Rafa Nadal devuelve una pelota a Medverev durante la final del US Open. (EFE)
Rafa Nadal devuelve una pelota a Medverev durante la final del US Open. (EFE)

Dominio de Rafa

El desánimo era patente en el moscovita si su primer saque no entraba. Se le vio precipitarse en la volea, un aspecto de su juego que tiene que mejorar para hacer valer su altura. En ocasiones subió a la red desesperado para intentar cerrar los puntos lo antes posible y evitar el desgaste. No le salió del todo mal, pero no es lo habitual en él. No se sentía cómodo y Rafa lo sabía. En una de esas a Daniil se le hizo de noche en un semiglobo y Rafa celebró el primer set a su favor. Era cuestión de tiempo. Hasta 20 errores no forzados cometió el ruso. Nadal estaba mejor en los números y también en las sensaciones, nada que ver el lenguaje corporal de uno y otro.

En la segunda manga Rafa continuó mandando con la derecha, ganando agresividad. Tras el período táctico y la labor de desgaste, aceleró en busca del cetro. La mezcla de revés cortado con el juego a dos manos desde el fondo de la pista descolocó por completo al jugador ruso, que tan pronto se veía obligado a correr hacia delante como hacia atrás. Medvedev se defendió con casta y orgullo e incluso consiguió levantar juegos con todo en contra, pero iba al límite, entregando hasta la última gota de sudor. Rafa consiguió el 'break' para ponerse 2-4 y a partir de ahí mantuvo la intensidad para lograr una nueva manga y encarrilar (ahora nos entra la risa, claro) el partido. Su saque, de nuevo, volvía a funcionar. Se sentía segurísimo, dominando toda la pista.

La resurección de Medvedev

Nada hacía presagiar lo que estaba a punto de suceder porque Rafa parecía ir a más, segurísimo en la red y dirigiendo desde el fondo, dominando el partido prácticamente a su antojo. Poderosísimo, no dio tregua a Medvedev. Rafa siempre devolvía una más, para desesperación de Daniil. El break del 2-3 ya parecía la sentencia, pero el ruso consiguió el 'contrabreak' merced, en gran parte, a una doble falta de Rafa que llegó cuando nadie se lo esperaba, con el balear en perfecta armonía con su servicio. Fue el inicio de la tempestad, el punto de inflexión para Medvedev. Nadie le vio venir, pero el ruso se desmelenó con una serie de golpes a cada cual más espectacular y desquició a Nadal. Medvedev apenas falló un solo punto y le dio la vuelta a la situación con una entrega absoluta. Apretó el partido para delirio del público, que no se lo podía creer. La entrada para asistir a la final resultó barata a todos los efectos. La agonía solo acaba de comenzar para Rafa. "Cambió por completo su táctica. Empezó a sacar y subir. Normalmente es previsible, dentro de su enorme capacidad, y se convirtió en un tenista completamente imprevisible", argumentó el balear.

Medvedev se hizo enorme desde su saque y una auténtica pared de frontón desde el fondo. Nadal padeció lo imposible. Resultó sorprendente la capacidad de recuperación del moscovita, que estaba con el agua al cuello. De repente, a Nadal se le habían desactivado todas las armas. Nada tenía sentido. El revés cortado, que también le había funcionado anteriormente, había dejado de tener efecto. El ruso mandaba cañonazos por doquier y al mallorquín le costaba horrores devolverlos dentro. Medvedev castigaba a Rafa, que peleaba todas y cada una de las bolas para intentar meterse en el partido. El nivel de tenis era altísimo, tanto de uno como de otro. Hacía tiempo que Nadal no se topaba con alguien de esta exigencia más allá de los dos colosos de toda la vida, menos tras más de tres horas de juego. Una locura. Medvedev consiguió empatar el duelo a dos sets tras un 'passing' espectacular y llevó el encuentro a una última manga agónica.

Sin tregua

Línea con el 'drive', línea con el revés, línea cuando hacía smash. A Medvedev le salía todo. El hombre de hielo, que no celebraba un solo punto, amenezaba con apagar el fuego de Nadal. El manacorí lo intentaba, pero no había manera de cortar la hemorragia. Dudaba de su revés también el balear, escorándose siempre que podía para soltar su 'drive' (como en los viejos tiempos). Rafa se agarraba al saque-red como nunca en su carrera y cuando fallaba se llevaba las manos a la cabeza, incapaz de creer lo que estaba sucediendo. En cada intercambio se palpaba la tensión, el miedo. Ninguno estaba dispuesto a hincar la rodilla.

Necesitado de aliento, Rafa buscaba el apoyo de la grada en cada pausa. Por su parte, Medvedev empezó a mostrar carencias serias en su revés, cada vez más endeble. El ruso necesitó atención de los fisios, su físico no daba ya para mucho más. Rafa, desde la perseverancia, fue ahondando en la parte más sensible de su rival con una mezcla de golpes cortados y a media altura; y encontró el 'break', la tabla de salvación a la que agarrarse. 23 golpes necesitó para llevarse ese punto que parecía medio US Open y casi acaba en anéctoda. Ni lo celebró, consciente de que cualquier cosa podía pasar a estas alturas del partido.

Tenía razón el balear en ser cauto porque del 5-2 (dos veces más rompió su saque) se pasó al 5-4. Volvieron las taquicardias a la pista central de Nueva York, especialmente al 'box' de Rafa. Daniil tenía más vidas que un gato, pero Rafa no permitió más concesiones al ruso, que ya le había levantado dos 'match-ball', y se adjudicó un partido interminable, ya en el top-3 de las 'machadas' de su vida, envuelto en una eterna agonía y en un mar de lágrimas. "Sufrí un final agónico [...] En el quinto y con 5-2 estaba muerto, cometí errores. Prefiero ni acordarme de esa sensación. Me inventé una dejada muy buena y por suerte salió todo bien", detalló exhausto. Mereció la pena. Rafa Nadal es infinito.

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