Desde Wimbledon su racha es de 29-3

No es uno más: Daniil Medvedev, la mayor amenaza en años para Rafa Nadal y el 'Big 3'

El ruso reclama su sitio entre los grandes. Está dando un recital de juego y poderió mental en este último tramo de la temporada. Favorito en la Copa de Maestros, se enfrentará a Rafa en la Davis

Foto: Daniil Medvedev celebra su victoria ante Alexander Zverev en el Master de Shangai. (Reuters)
Daniil Medvedev celebra su victoria ante Alexander Zverev en el Master de Shangai. (Reuters)

Daniil Medvedev ha llegado para quedarse. Lo que el joven ruso está haciendo escapa a toda lógica. Es el tenista con mayor número de victorias en el circuito esta temporada (59), con una racha demoledora desde Wimbledon (29-3) que ha aprovechado para conseguir tres de sus cuatro títulos del 2019. Este delgadísimo jugador es un roble que apenas falla y tiene respuestas para todo. Es más, se le ve el aplomo y la frialdad de los grandes en los momentos donde el estrés aprieta hasta ahogar. El pasado domingo en la final de Shangai adelantó sin dilación a la gran perla alemana, Alexander Zverev, y ya reclama su sitio entre los tres grandes de la ATP. De hecho, la explosión de Medvedev exige que hablemos ya de un 'Big 4' en toda regla.

Novak Djokovic, Rafa Nadal y Roger Federer tienen razones más que suficientes para echarse a temblar porque Daniil, al que antaño ya se le avistaba un gran potencial, no duda. El moscovita sabe perfectamente que tiene herramientas más que de sobra para plantarle cara de forma asidua a los tres monarcas del tenis mundial. En él no se observa conformismo, desconexión, relajación ni fatiga. Su tramo final del año asusta y ni los flashes, ni las cámaras ni el dulce aroma del éxito parecen haberle despistado. Se le nota cómodo, con la confianza por las nubes. Sabe lo que es ganarle a Djokovic, número uno del mundo, y ya solo le queda batir a Nadal y Federer. Al balear le tuvo contra las cuerdas en el el US Open en uno de los encuentros más emocionantes de los últimos cursos, pero se le escapó. Parece cuestión de tiempo.

Tanto como sus victorias, lo que más impresiona del ruso es su manera de jugar y como se agiganta en los grandes torneos del año. Su arranque de curso fue bueno, con grandes actuaciones en el Abierto de Australia, Miami o Montecarlo. Luego, antes y después de Roland Garros, llegó un ligero bajón, pero a partir de la gira de hierba (seis finales consecutivas) su tenis ha traspadado fronteras. Medvedev es ya una estrella internacional y una de las figuras más reclamadas allá donde pisa por los fans. El próximo mes de noviembre su duelo contra Nadal en la Copa Davis (Rusia y España han quedado encuadradas en el mismo grupo) será uno de los principales atractivos de la competición que se celebrará en la Caja Mágica de Madrid. Hace no tanto Medvedev era una especie de robot por su particular forma de golpear la pelota, ahora es un ídolo con todas las letras.

Consistencia y poderío mental

De la ligera burla, a la más profunda admiración. Medvedev ha cambiado su signo. Puede que no celebre las victorias, que en ocasiones sea incendiario por sus gestos y comentarios, que tampoco tenga una estética bonita, pero aún más evidente que todo esto es que reúne una serie de virtudes que lo hacen distinto a cualquier otro miembro de la llamada 'next gen'. Consistencia, como ha quedado demostrado, y poderío mental. Ahora mismo Daniil es un muro imposible de saltar para cualquier rival. Tácticamente ha mejorado notablemente su golpe de derecha, mucho más estable, y posee una habilidad innata para forjar diferentes estrategias y desconcertar a oponentes y público. ¿Azar? ¿improvisación? ¿racha pasajera?. Nada de eso.

Su entrenador, Gilles Cervara, es el principal culpable de su progreso. La temporada pasada fue solo un anticipo de lo que estaba por venir. El francés ha moldeado a la criatura y le ha dotado de un temple y precisión quirúrgica que le hace especialmente peligroso ante rivales de entidad. La nueva versión de Medvedev es capaz de mantener durante más tiempo que cualquier otro su máximo nivel. Que haya encadenado durante tantas semanas un ritmo alto de juego da buena cuenta del talento y la mente que atesora. Aún tiene 23 años y, probablemente, mucho que mejorar. Su juego no es perfecto, pero es tremendamente eficaz en cualquier situación.

Ha tenido una temporada muy larga durante la cual ha ido explorando sus límites, pero -y a pesar de haber renunciado ahora a la Copa Kremlin de su país- no parece notar demasiado el cansancio físico. De hecho, da la sensación de que cuanto más exhausto está más difícil resulta doblarle el brazo. Que se lo pregunten Djokovic o al mismísmo Nadal, al que llevó de cabeza en el US Open cuando parecía imposible que pudiera siquiera correr de un lado a otro de la pista. La clarividencia con la que afronta los partidos es lo que le otorga ese 'halo divino' que le eleva a la altura de los tres dominadores de siempre más alla de palmarés y números.

Medvedev bromea con el público en la pasada entrega de premios del US Open. (EFE)
Medvedev bromea con el público en la pasada entrega de premios del US Open. (EFE)

Relativizar las derrotas

A Daniil, que en unas semanas hará su debut en la Copa de Maestros junto a las mejores raquetas del circuito, los puntos le salen solos, sin apenas esfuerzos considerables. Además, tiene compases en los que colarle un 'winner' parece imposible. Camaleónico, es capaz de cambiar de piel varias veces a lo largo de un encuentro para sacar tajada a su favor. Eso, en un jugador de su altura (casi dos metros), es meritorio. A un saque espectacular Medvedev suma otras muchas cualidades, como una defensa sólida desde el fondo de pista y un golpeo seco y durísimo al que cuesta reaccionar. Por si esto fuera poco, ocupa mucho espacio, es elástico y bastante rápido de pies.

Todas estas virtudes lo convierten en un tenista con serias posibilidades. Durante los últimos tiempos ha habido otros candidatos a rivalizar con el 'Big 3', pero ninguno ha crecido tanto y tan bien como Medvedev. El reto que le queda por delante al ruso es no venirse abajo cuando vengan mal dadas. Eso pondrá a prueba su madurez y su capacidad para digerir las derrotas. Cuanto se está tan arriba, solo queda caer. Si es capaz de relativizar los traspiés, asumirlos como parte activa del deporte y levantarse con la misma seguridad de la que ahora hace gala tiene todo a favor para destronar a los grandes y forjar su propia leyenda.

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