la humildad personificada de japón 2019

La otra cara de Mulipola, la bestia del Mundial que vende pescado y pan en su pueblo

La historia de humildad y superación de uno de los hombres más fuertes de la presente Copa del Mundo de rugby, el samoano Logovi'i Mulipola

Foto: Logovi'i Mulipola frente a Escocia en este Mundial. (Reuters)
Logovi'i Mulipola frente a Escocia en este Mundial. (Reuters)

No todo el mundo puede presumir de haber jugado un Mundial de rugby, en el caso de Logovi'i Mulipola lo puede hacer por partida doble. ‘La bestia samoana’, como es apodado este pilier de 1’93 cm y 130 kilos, debutó en el torneo de 2011 con unos minutos saliendo desde el banquillo ante Sudáfrica. Cuatro años después, en 2015, pese a estar convocado para disputar la cita mundialista de Inglaterra y Gales, tuvo que dejar su puesto a un compañero por una lesión en el talón de Aquiles. Ha sido en este Mundial de Japón donde Mulipola se ha quitado la ‘espinita’ y se ha convertido en uno de los jugadores más importantes de Samoa y de los más duros y fuertes del torneo. Ahora, en cuanto pueda, volverá al mercado de su pueblo a vender pescado y pan.

Tras un breve periplo por Nueva Zelanda de dos años y casi una década destacando en el rugby británico, primero en Leicester Tigers, y después en Newcastle Falcons, este gigante samoano nunca pierde de vista sus orígenes y su vida antes de convertirse en un profesional del oval en Europa.

Pobres en la vida, ricos de espíritu

En su juventud, el pilier internacional de Samoa, jugaba al rugby para divertirse en su pueblo natal, Monono-Tai, en partidos interminables con gente de todas las edades. En aquel momento nunca se le pasó por la cabeza ser profesional de este deporte, ya que su energía y esfuerzo la centraba en ayudar a su familia. Junto con su hermano, cada día, vendía el pescado que traía su padre del mar y el pan que cocía su madre en el mercado de su localidad. “Adoro seguir haciendo esto cuando vuelvo a casa, vamos al mercado a vender pescado y otras cosas”, reconoce el delantero samoano en una reciente entrevista para World Rugby.

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Este jugador de 32 años nunca ha renunciado a su origen humilde, todo lo contrario. Cree que aunque es complicado volver a Samoa y ver que "mucha gente de allí es pobre", incluyendo su familia, el salir adelante ayudándose entre padres y hermanos les hacer ser "ricos espiritualmente". Con la humildad por bandera esta gigante persona y jugador de rugby ha conseguido a través del deporte oval un sueño que pronto intentará transmitir a las jóvenes promesas del rugby samoano.

Cuando Mulipola, en 2009, sale de su pueblo rumbo a Nueva Zelanda parte con una gran motivación para llegar a ser un jugador profesional de rugby: ayudar a su familia desde el extranjero. “Tengo una familia numerosa y cada mes les envío una suma de dinero para ayudarles. Siempre me pongo contento”, explicaba orgulloso el pilier samoano.

Un futuro unido al rugby

Lo que el rugby ha unido, que permanezca unido. Mulipola es padre de dos gemelos cuya madre es Inés Castrogiovani, hermana de uno de sus compañeros en los ‘Tigers’ y contrincante en el campo con sus respectivas selecciones, el italo-argentino Martín Castrogiovani. Casi por obligación, sus dos hijos apuntan a dos futuros rugbiers que crecerán viendo los partidos de su padre y su tío.

Mulipola y sus hijos.
Mulipola y sus hijos.

El pilier samoano tiene claro cuál sería su sueño cuando acabe su etapa como jugador y así lo ha confesado en una entrevista para el canal oficial de la actual Copa del Mundo: “Me encantaría estar en la formación del rugby de Samoa. Sé que no todos quieren jugar de primera línea pero quizás pueda ayudarlos con las técnicas aprendidas en Leicester y Newcastle. Todo esto para poder formar y ayudar a las nuevas generaciones”.

Mulipola tiene claro que antes o después volverá a Samoa, volverá a Monono-Tai y a jugar aquellos partidos de rugby interminables con la gente de su pueblo: “La verdad es que extraño esos días jugando rugby y divirtiéndome con la gente de mi pueblo”. Y, como él mismo reconoce, regresará en cuanto pueda al mercado donde enriquece espiritualmente a su familia vendiendo pan y pescado.

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