ganó su 80 titulo en el circuito profesional

Rafa Nadal cambia de juego y de calendario para atrasar su fecha de caducidad

Rafa Nadal ganó en Toronto y anunció que no estará en Cincinnati. Cada vez más maduro, explica que no tiene la velocidad de antes, pero ha ido añadiendo versiones a su tenis para compensar

Foto: Rafa Nadal, en Toronto. (EFE)
Rafa Nadal, en Toronto. (EFE)

Nadal gana en Toronto y, acto seguido, anuncia que no irá a Cincinnati. Tan acostumbrado tiene al público a su vida sin descanso que sorprende. "Quiero cuidar mi físico y mantenerme tan sano como me siento ahora", explica el número uno del mundo. Él, como Federer, ha asumido que tiene que escoger las batallas que disputa, porque solo así conseguirá maximizar sus opciones.

El calendario en el tenis tiene cuatro vértices, uno por cada torneo de grand slam. Todos ellos requieren una cierta adecuación, una especie de mini-pretemporada antes de la gran batalla. Normalmente consiste en un par de torneos, pero más que medir en campeonatos llega un punto en el que la clave está en mirar los partidos disputados. Nadal ha ganado en Toronto y eso supone que Cincinnati ya no hace falta. Si hubiese perdido antes es posible que se hubiese dado una vuelta por Ohio, para completar así su adecuación a la pista dura que le espera en el Us Open, ese sí, uno de los grandes objetivos del año.

Hay que recordar que en Nueva York, donde Nadal es un ídolo, ya ha ganado tres veces. La última, la temporada pasada. Es un torneo que se le da bien, aunque esto es una redundancia en la vida de Rafa, es mucho más sencillo enumerar los torneos que se le dan mal, por su escasez. Quizá el final de temporada, en parte porque se resiente bajo techo y a extrema velocidad, también porque su carga de trabajo, por encima de la media, le hace llegar al otoño algo falto de fuerzas.

Abierto a cambiar la agenda

Ahora las cosas van cambiando, primero en la carrera de Nadal, pero también en el circuito general. No ir a Cincinnati, en otros tiempos, hubiese sido impensable, pero la experiencia es un grado y ahora se conoce mejor que antes. Sabe, por ejemplo, que en enero terminó penando porque el dolor era excesivo para seguir compitiendo en el Abierto de Australia. También que, tras unos años de dudas, haberse metido en las semifinales de Wimbledon es un éxito incontestable, pero el éxito en tenis siempre supone una crecida de los kilómetros y un gasto de fuerzas que, en fechas posteriores, hay que valorar. "El tenis es un deporte que te exige mucho en cuestión física, y no puedo olvidar que soy más mayor, si quiere seguir jugando mucho tiempo, necesito guardar energía y elegir los sitios en los que estar", cuenta Nadal.

"Especialmente si los resultados buenos, ahí es cuando puedes elegir. Si no son tan positivos tienes menos opciones, porque debes seguir jugando, pero mientras las cosas sigan yendo bien, estoy completamente abierto a cambiar la agenda para intentar jugar tantos años como sea posible", remarcaba Rafa en su última rueda de prensa en Canadá, un torneo que ha ganado cuatro veces y en el que sumó su triunfo 80 en el circuito.

La experiencia del pasado año es también parte del proceso de toma de decisión. La pasada temporada renqueó los últimos meses, entrando y saliendo de los torneos, y con dolor en las rodillas forzó de más. Luego no pudo hacer una buena pretemporada y, en Australia, terminó lesionado. "Siendo sincero, probablemente las lesiones llegaron porque terminé mal la temporada, tuve muchos problemas en Shangái y me tuvo que retirar en París y en la final del circuito. Así que después, tuve también una preparación pobre al inicio de la temporada, entrenando menos en Mallorca de lo que me gusta hacerlo, cuando empecé a jugar tuve problemas musculares. Por supuesto que hago las cosas lo mejor posible para evitar eso", contaba tras su victoria en Toronto.

Tsitsipas y Nadal se saludan tras el partido. (EFE)
Tsitsipas y Nadal se saludan tras el partido. (EFE)

Los jóvenes que le ven lejos

El panorama, además, está cambiando. En este torneo Nadal se encontró en las últimas rondas con jugadores que, en buena lógica, están llamados a mandar en el futuro del tenis. Khachanov en semifinales, Tsitsipas en la final. Los dos pusieron las cosas difíciles a Rafa, que en esta ocasión ha sido el que se llevo el gato al agua y el más estable de los de siempre. Djokovic, renacido en Londres, perdió contra el griego, en una última demostración de que nunca nada es fácil y, aunque su juego haya vuelto a funcionar, todavía no está en ese punto dulce que le convirtió, durante un tiempo, en un jugador prácticamente imbatible.

Djokovic, como todos los demás, tiene que pensar mucho en el futuro y en la manera de ser mejor cada día, una ambición en la que Rafa Nadal siempre ha sobresalido. Que esté en 2018 jugando a este nivel, cuando muchos veían en él un joven que estaba firmando cheques que su cuerpo no podría pagar, es un alegato en sí mismo. Claro que, para llegar a esto, él mismo reconoce que ha tenido que ir aprendiendo a jugar al tenis de otro modo, probablemente mejor que el de aquel postadolescente impetuoso.

"Mi manera de entender mi carrera, y este deporte en general, es que llevo ya 16 años y en estos 16 años estoy seguro que he perdido cosas en comparación con cuando tenía 18 o 19 años, he perdido algo de velocidad, algo de la energía que tienes cuando eres joven y por eso he necesitado añadir otras cosas a mi juego. Siempre tiene que ver todo con mejorar, si quieres tener el mismo nivel de éxito que tenías hace diez años necesitas sumar cosas nuevas a tu juego. Y es por eso por lo que cada mañana me levanto. No entiendo ir a las pistas a practicar, yo voy a las pistas a mejorar, así lo creo yo, así entiendo el deporte, no veo motivación si no intento ser mejor", analizaba en profundidad el deportista más grande de la historia de España.

Todas esas lecciones de juego y de vida bien las puede recoger Tsitsipas. El griego se ha pasado la semana contando que siempre se aprende, que nunca es más sencillo que los días anteriores. Contra Nadal el aprendizaje fue de los dolorosos, y él mismo lo reconocí en sala de prensa. Es un chico que cumplía 20 años ese mismo día, que jugaba su partido más grande por el momento y que tenía que aceptar que, bueno, el salto todavía es pronunciado. "Hoy he aprendido lo grande que es la distancia entre él y yo, lo mucho que tengo que hacer para llegar. Trabajar más horas, ser más fuerte, más sólido desde la línea de fútbol, aceptar las presiones físicas que él en la pista toma con normalidad. Esa es la diferencia entre su juego y el mío. Y la paciencia que tiene, es increíble, nunca se rompe, siempre va a agarrarte como un bulldog y te va a hacer sufrir en la pistas. Es increíble cómo ha llegado a ser este jugador. Era, no sé, alguien como nosotros, y ha logrado ser esta bestia. Ojalá algún día pueda yo jugar a ese nivel", decía un rendido Tsitsipas.

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