Djokovic se lleva Wimbledon en una final algo fría, el paso difícil fue ganar a Nadal

El serbio consiguió lo previsto, vencer a Kevin Anderson (6-2, 6-2 y 7-6) y reafirmar su candidatura entre los más grandes tenistas de todos los tiempos

Foto: Djokovic, en su partido contra Anderson. (EFE)
Djokovic, en su partido contra Anderson. (EFE)

Las caderas de Kevin Anderson trataban de bajar lo máximo posible para ver si así, en la máxima flexión, podían hacer algo para contestar a Novak Djokovic Nada, nada en absoluto, desde los primeros golpes del partido se vio que este encuentro lo jugaban un buen jugador de tenis y una leyenda. Como ya le ocurrió en su otra final de grand slam, a Kevin Anderson le queda lejos competir contra un tipo así. En esa ocasión fue Nadal, en esta Djokovic, en ambos casos para más gloria de los de siempre y más pena del sudafricano que, de todos modos, es compañero generacional de los otros tenistas citados.

La vuelta de Djokovic es la mejor noticia que podía recibir el tenis en estas semanas. Porque es el retorno de uno de los grandes de este deporte, y siempre es mejor que estén disponibles todos, aunque para los fans de Nadal eso pueda suponer algún que otro sobresalto. Un ejemplo no muy lejano, el último US Open. Había tantas bajas, tanto jugador fuera de forma, que quedó al final un regusto algo amargo, como si el deporte estuviese perdiendo el norte. Ahora, con el golpe en la mesa de Djokovic, la sensación de certeza antes de cada grande queda aminorada. No puede ganar cualquiera, porque el deporte no es eso, pero hay al menos tres tremendos tenistas con opciones en el cuadro.

Son ya muchos años de estos enormes tenistas, y quizá el mejor modo de entender a Djokovic es hablar con sus rivales. Hace solo unas semanas Isner, en Madrid, decía que el más fuerte con el que ha jugado nunca es el serbio y eso que el estadounidense tiene el dudoso honor de haber perdido todos y cada uno de los duelos que ha tenido con Nadal. No importa, cuando tiene que señalar un tenista dice que nunca vio otro como Djokovic, y en este Wimbledon se ha visto algo muy parecido a su mejor versión.

La verstilidad de Djokovic

Djokovic es un tenista brutal, por completo. Hay muy pocas maneras de encontrarle las carencias, en los días buenos prácticamente ninguna. Anderson intentó, como siempre, hacer daño desde el saque, pero todos lo que llevan años en este deporte saben que el resto del nuevo campeón de Wimbledon es prácticamente imbatible. En un mundo en el que hay verdaderas bestias al servicio, ser capaz de neutralizarles es un paso bastante importante, y ninguno como Nole para eso.

Y de ahí a la transición de cada punto, muy controlada por el serbio en los días buenos. Entra en la pista con velocidad, tiene una movilidad admirable y unos golpes tremendos, sin enseñar nunca una debilidad. Su revés a dos manos está muy lejos en estética de lo que ofrece Federer, pero es de una fiabilidad asombrosa. Su derecha, con las piernas muy abiertas, en una hiperextensión notable, es también un gesto característico. Resulta efectivo a pesar de que tenga un punto de contorsionismo que no cuadra con lo que uno espera de un golpe de tenis.

La pena de Wimbledon esta vez era que en la final no había otro de los elegidos, pero tampoco se puede decir nada en contra de esto, Anderson para llegar hasta ahí ganó cinco notables encuentro, incluyendo en su lista de víctimas a Roger Federer. Su juego no dio esta vez para convertirse en el matagigantes final. Es un tipo algo plano, con un saque tremendo y un buen -aunque no muy estético- repertorio de golpes. Su movilidad, de todos modos, se resiente en ocasiones, más aún cuando se encuentra un jugador delante que es capaz de hacerle correr la bola de lado a lado. Djokovic, que además de todo lo dicho es un jugador muy inteligente, encontró desde el principio del encuentro las herramientas para no dejarle respirar.

Las estadísticas de Djokovic

Triunfador en el All England Club antes en 2011-14-15, Djokovic lleva ya 13 títulos del Grand Slam, el último de ellos desde Roland Garros en 2016, y 69 en el total de su carrera, primero este año. Tras una gran exhibición, aunque tuvo que salvar dos puntos de set en el décimo juego del tercer parcial y otros tres en el duodécimo, todos ellos con su servicio, Djokovic mostró su alegría de una forma poco habitual.

Se arrodilló en la pista y luego, tras abrazar a su rival se comió unas briznas de hierba, en una pista en la que tuvo que abandonar el pasado año en cuartos cuando perdía ante el checo Tomas Berdych, por 7-6 (2) y 2-0, debido a una lesión en el codo derecho. Djokovic está ya a un grande del estadounidense Pete Sampras, a cuatro del español Rafael Nadal y a siete del suizo Roger Federer.

Esta victoria conlleva un cheque por 2,2 millones de libras (2,9 millones de dólares, 2,5 millones de euros), y Djokovic regresará este lunes al 10 del mundo, el más alto desde mayo de este año cuando descendió al 22, quedando fuera de los 20 primeros, por primera vez en 11 años. El serbio se ha convertido en el campeón con ránking más bajo en ganar el título desde el croata Goran Ivanisevic en 2001, cuando era el 125. Y también el de clasificación más baja en hacerse con un Grand Slam, desde el argentino Gastón Gaudio, entonces 44, ganando Roland Garros en 2004.

Los cuatro títulos de Wimbledon le sirven para igualar con Reggie Doherty, Rod Laver y Anthony Wilding. Su triunfo le da la razón tras volver con su entrenador de siempre, el eslovaco Marian Vajda a comienzos de la temporada de tierra batida. Ya con Vajda en su equipo ha logrado las semifinales de Roma, la tercera ronda de Montecarlo, y la final de Queen's, ya sobre hierba.

Tenis

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios