No entra nadie, pero salen Pérez y Ruiz

El despropósito del Barcelona: de querer reforzar la delantera a debilitarla aún más

Mientras clubes como el Villarreal han reforzado su parcela ofensiva, el Barça no ha encontrado a nadie para sustituir a Suárez. A la junta se le acumulan los problemas. El socio no entiende nada

Foto: Carles Pérez, nuevo jugador del Roma, durante un partido con el Barça el pasado año. (EFE)
Carles Pérez, nuevo jugador del Roma, durante un partido con el Barça el pasado año. (EFE)

No son horas fáciles en Can Barça. Por las oficinas del club se respira cualquier cosa menos buen ambiente. La ventana invernal de fichajes ha evidenciado la falta de comunicación entre los miembros de la junta, así como su pésima estrategia para la gestión de incorporaciones. A principios de enero la maltrecha rodilla de Luis Suárez dijo basta y desde la entidad vieron con buenos ojos buscarle un sustituto al uruguayo, que por otra parte venía reclamando un respiro desde hacía tiempo. Con la Liga más apretada que cursos anteriores y la Champions como objetivo fundamental tras dos años de sonoros tropiezos, los azulgranas no podían cerrarse puertas. Con Griezmann en proceso de cocción, Dembélé invisible y los jóvenes Ansu Fati y Carles Pérez aún verdes para asumir el peso de la responsabilidad, los de Josep María Bartomeu sacaron la caña para ver qué podían pescar en el río. El resultado, un despropósito que el socio ni entiende ni comparte.

Cuando todo parecía indicar que Rodrigo Moreno sería el elegido, las negociaciones entre el Barcelona y el Valencia se rompieron. El futbolista llegó a verse vestido de azulgrana (el verano pasado de rojiblanco), pero finalmente la operación no llegó a buen puerto. El delantero contempló atónito la escena, otro cruel desenlace para sus intereses. Fue entonces cuando el secretario técnico culé, Eric Abidal, activó la opción 'B' ('C' o 'D', nunca se sabe, pues parece que las decisiones las guía el viento) y contactó con Cédric Bakambu, ex del Villarreal y actual futbolista del Beijing Sinobo. Con experiencia en España, a sus 28 años el francocongoleño se encontraba listo para asumir el reto y así lo transmitió a los altos mandos del club. Bakambu cogió un avión desde Asia para plantarse en Barcelona antes de la fecha límite del 31 de enero, pero cual fue su sorpresa que, cuango llegó a Hong Kong para hacer escala, se encontró un mensaje de Abidal en su teléfono móvil.

El mensaje de Bakambú

"Date la vuelta, nos echamos para atrás en tu cesión", le vino a decir el el secretario técnico. Como Rodrigo, Bakambu no daba crédito. Al final, deshizo el camino para volver con sus compañeros a Seúl, donde su equipo estaba concentrado por la Champions asiática. Fue allí cuando, desde su cuenta de Twitter, dio parte de lo sucedido en un irónico mensaje que despató todas las vergüenzas de la junta del Barça: "Transfermarkt, cambiad mi historial de movimientos con 'casi en el Barcelona', por favor. Pase lo que pase, confiamos en el proceso. Gracias a Dios por todo. Nos vemos en otra ocasión, Griezmann". Como no podía ser de otra manera, las reacciones no se hicieron esperar y hubo críticas sobre la forma de actuar del secretario. El Barça no fichará, así lo comunicó, y lo que más incredulidad genera es que se haya dejado escapar a un talento comprometido como Carles Pérez, que había demostrado ser valioso, a Roma sin tener nada previo atado. La conclusión es clara: la entidad buscaba reforzar su parcela ofensiva y, sin embargo, ha acabado debilitándola más. Mientras el ridículo se gestaba, el Villarreal se hacía con los servicios de Alcácer y el Espanyol recibía a Raúl de Tomás, por ejemplo. Numerosos clubes se han sabido mover mejor en esta ventana.

La situación, comprometida, ha desatado aún más roces dentro de la junta. La falta de un criterio claro para definir los refuerzos y la influencia de personas ajenas al club en las negociaciones ha elevado las tensiones. Al Barcelona le sobra precipitación y le falta claridad de ideas. El proyecto, si es que existe, vive de parches. El año pasado llegó Boateng, mal síntoma. No hay un referente claro en materia de fichajes. A Pep Segura lo cesaron el pasado mes de julio y Puyol se negó a suplirle por razones que solo él conoce, pero que cualquiera puede imaginarse. Luego llegó el tropiezo en la Supercopa que desencandenó el terremoto Xavi Hernández y la salida de Ernesto Valverde como entrenador. El catalán se negó a asumir las riendas del banquillo porque consideraba que no se daban las condiciones para volver a hacer un Barcelona campeón. Llegó Quique Setién, técnico que no estaba entre los primeros nombres de la lista... mucho cambio, poca continuidad y un debate que revolotea tanto dentro como fuera del Camp Nou: se están perdiendo las formas, los valores y la estructura que hizo del Barça un modelo.

Messi, junto a Dembèlè el día de su lesión en el Camp Nou. (EFE)
Messi, junto a Dembèlè el día de su lesión en el Camp Nou. (EFE)

Dembélé, la solución

Ajeno a todos estos vaivenes llegará Francisco Trincao en julio. Para verano la entidad sí que se ha empezado a mover. El extremo luso, cuyo apellido ya es motivo de burla en redes, llegará procedente del Sporting de Braga por 31 millones de euros y cinco temporadas. ¿Era necesario? El tiempo dirá. Condiciones tiene, ahora... ¿más que Carles Pérez u otros chavales de la cantera como Abel Ruiz, el delantero canjeado por el portugués y que también se marcha este enero para dejar más huérfano de recursos atacantes al primer equipo? Difícil pronóstico. A la desesperada, el Barcelona incluso intentó hacerse con los servicios de Bruno Fernándes, centrocampista, para cederlo al Valencia y abaratar así la contratación de Rodrigo a última hora, pero Fernandes se decidió por el United, asestándole la última puntilla a los culés.

Ni siquiera la victoria copera contra el Leganés este jueves levanta el ánimo a una plantilla a la que le espera un segundo tramo de la temporada complicado, con Leo Messi de nuevo muy solo en el frente. La desesperación es tal que a Quique Setién no le queda otra que encomendarse a Dembélé, un jugador frágil y muy irregular. "Se va a salir", dijo el cántabro, intentando quitarle hierro al asunto. Si Setién torea con relativo éxito este Barça con pocas alternativas podrá sacar conclusiones positivas de su trabajo, aunque luego no cuenten con él. Con un centro del campo extremadamente poblado (Busquets, Arthur, Vidal, Rakitic, De Jong, Sergi Roberto y Riqui Puig), nadie entiende como se le ha dado puerta a dos delanteros, sobre todo a Pérez, querido en la grada, para contratar a uno que, definitivamente, ni está ni se le espera.

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