se han dejado siete puntos en el campeonato

Jekyll y Hyde: ¿Por qué el Madrid que arrasa al Borussia sestea con el Getafe?

Contra los alemanes, como en las supercopas contra el Barça o el United, demostraron que con la máquina a pleno rendimiento son un equipo temible, pero en la Liga no terminan de carburar

Foto: Los blancos celebran un gol contra el Getafe. (EFE)
Los blancos celebran un gol contra el Getafe. (EFE)

El Signal Iduna Park quedó embelesado con el equipo rival. El Real Madrid, que nunca había vencido en Dortmund, pasó como una flecha frente al muro amarillo. Ganó 1-3 y las sensaciones que quedaron fueron aún mejores de las que marcaba el ya de por sí contundente resultado. Y eso que en la previa había dudas, porque los blancos llegaban tras un inicio renqueante en Liga, todo lo contrario que el Borussia, líder en Alemania. También por los recuerdos del pasado en ese estadio y por la sensación de que al Madrid le faltaba algo de gol y algo de fútbol. Todo aquello se borró en una noche teutona en la que Cristiano hizo un doblete y hasta Bale se sumó a la fiesta con un gran gol y un buen partido.

Las sensaciones fueron muy positivas en los de Zidane, pero no se podían considerar nuevas en la temporada. Con un ánimo parecido salieron antes de las dos excelentes supercopas, dos torneos menores que al Madrid le sirvieron para acongojar al resto de equipos del continente. Si el campeón de Europa era capaz de dar dos zarpazos tan contundentes en agosto ¿hasta dónde podía llegar? Los partidos fueron contra las otras dos mayores empresas del fútbol mundial, el Manchester United y el Barcelona. Dos gigantes que fueron casi humillados por un torbellino de fútbol encarnado, sobre todo, en la cara de niño de Marco Asensio.

El Real Madrid tiene, por lo tanto, una versión arrolladora capaz de pasar por encima de los rivales más temibles. El problema es, quizá, exactamente ese, que solo aparece en las noches en las que todo el mundo mira lo que pasa en su partido. Porque empezó la Liga y quien más quien menos le dio como favorito casi excluyente de todos los demás. Es el vigente campeón de la competición y el único que ha tenido un verano más o menos tranquilo. Se suponía que con esas dos cosas le iba a dar para ir sacando todos sus partidos con facilidad. Ganar la Liga es otra cosa, para ello hay que doblegar también escollos como el Atlético, el Barcelona o el Sevilla. Pero los partidos contra equipos que no aspiran a Europa tenían que ser, por obligación, sencillos.

Nada ha sido así. El Real Madrid se ha dejado siete puntos en el campeonato y se ha llevado algún que otro susto más. No es que haya jugado mal del todo, es probable incluso que en algunos de los encuentros que no ganó hubiese merecido la victoria. Pero no se dio, por falta de fuerza, de gol, de ganas o de implicación. La historia reciente del club de Chamartín no es tan lejana a esta percepción. Al contrario, Jekyll y Hyde conviven en el Bernabéu y se turnan para ponerse la camiseta blanca. El equipo que encadenaba ligas, que existió en los ochenta por última vez, ha desaparecido. Ahora cuesta un dolor ser regular. Ha pasado a ser un equipo de tardes de glorias, como esos toreros que igual salen a hombros que salen corriendo para escapar del astado.

La Liga de la conjura

La pasada temporada se tomó el campeonato liguero casi como una cruzada. Al principio de temporada dijo Zidane que ese era el objetivo prioritario del que no se podrían salir. No era rebajar expectativas sino casi una necesidad, los años iban pasando y el Real Madrid no era capaz de ganar un campeonato que en otros tiempos dominaba con soltura. Se notó esa conjura y, con un equipo excelente, los blancos cruzaron primeros la última meta. Costó, porque le Barcelona es un equipo contundente, pero el fútbol del Madrid y su interés en derribar ese muro hicieron el resto.

Esa actitud hoy no está o, si lo está, parece desdibujada. Por descontado, el Madrid preferiría ganar el título que no hacerlo. El problema está en ver si la plantilla es capaz de encontrarse semana tras semana, sin lapsus mentales ni de rendimiento. Porque la Liga es eso, un continuo pasar de partidos donde se permiten pocas alegrías y hay encuentros que no motivan por sí mismos. Puede el aficionado decir, no sin un punto de demagogia, que con lo que cobran al año no debería haber un solo encuentro en el que los jugadores no se dejasen la piel. Bien, la realidad es otra, no es tanto una cuestión de intención como de inercia, hay tardes en las que las estrellas se confían y terminan dejándose puntos. Más aún en el Madrid.

Zidane lo consiguió el año pasado, pero encadenar dos temporadas así suena a una resistencia difícil. El equipo que gana al Getafe demuestra, una vez más, que hay lagunas en los partidos menos atractivos. Eso no quiere decir, necesariamente, que se pierden, pero sí que existe una economía de esfuerzos que es muy peligrosa. Especialmente si, como le pasa a este Madrid, el gol es un bien algo escaso. Cristiano hizo diana por primera vez en el campeonato y es de suponer que, cuando coja velocidad de crucero, el equipo tendrá parte de este problema solventado. Pero no entero. Morata no está y él era el nueve suplente fiable. Si Mayoral no es capaz de llenar esos zapatos el plantel se verá siempre cojo de una pieza clave.

Se puede apostar a que el Madrid competirá. Está en su ADN y en este equipo hay mimbres de algo grande. También es cierto que estos primeros meses hay parte de rodaje, que se espera que los que aún no han mostrado su mejor fútbol aparezcan para brillar en algún momento. Y la lista es larga, porque en Liga no se han visto demasiado ni a Cristiano, ni a Benzema, ni a Asensio ni, por descontado, a Bale. Si las piezas empiezan a engrasarse y las rotaciones, claves el año pasado, funcionan, todo es posible. Ahora, para ganar la Liga ya casi no hay margen de error. Y todos los rivales que se pongan delante, si buscan el éxito real, tienen que ser tratados como si fuesen el Borussia Dortmund.

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