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Luis Enrique veta fijo los patadones contra Marruecos (y usted va a infartar)
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Agresión sin balón

Luis Enrique veta fijo los patadones contra Marruecos (y usted va a infartar)

Los rivales han descubierto el punto débil de España: presionar la salida del balón del portero, pero Luis Enrique va a ir a muerte con el toque (y tiene una explicación mística)

Foto: Unai Simón jugando con fuego. (EFE)
Unai Simón jugando con fuego. (EFE)
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España ha prohibido el patadón y los rivales nos han tomado la matrícula.

Lo dijo el jugador japonés Take Kubo tras ganar 2-1 a España con un solo truco: presionar la salida de balón de nuestro portero: “Sabíamos que España no iba a jugar el balón en largo y eso nos acercó a marcar los dos goles. Otra selección habría mandado el balón arriba o a tomar por saco”.

¿Se bajará España del burro contra Marruecos? Dudar es no conocer a Luis Enrique, adicto al vértigo.

Igual que un travelling era una cuestión moral para Godard, un patadón no es solo un patadón

En efecto, Luis Enrique no quiere que la defensa juegue en largo cuando los rivales atosigan a Unai Simón. Es dogma de fe en España: al que meta un patadón le fusilamos en una tapia. ¿La lógica futbolística de este sinvivir? Burlar (al toque) la presión alta del rival para crear superioridades/oportunidades de gol. ¿Los límites? Al poco que se cometa un error en el pase, es la ruleta rusa, pero es inútil echar la culpa a Unai Simón por "sobrao": como los pilotos japoneses kamikazes de la II Guerra Mundial, él solo cumple órdenes.

Igual que un travelling era una cuestión moral para Godard, un patadón no es solo un patadón, sino la sempiterna lucha entre guardiolistas y mourinhistas, jugar a atacar o jugar a defender.

Cuenta la leyenda que Juanma Lillo (ayudante y gurú cruyffista místico de Guardiola) dirigía una vez el entrenamiento de un equipo extranjero cuando uno de sus jugadores metió un patadón. Lilló miró a su jugador con tristeza infinita, le dijo una frase críptica al oído ("Si a un oso panda ayudas, él te dará la mano"), abandonó el campo, condujo hasta la playa más cercana, se quitó la ropa y desapareció en el océano. Nunca más se supo de él. 23 años después, un periodista encontró a Lillo alfabetizando mapaches en una granja en la Patagonia.

¿Qué quiero decir con este disparate sobre Lillo que me acabo de inventar? Que el toque es innegociable. Que el toque se defiende en la salud y en la enfermedad. Que pase lo que pase, no verán ustedes a Unai Simón meter un patadón mientras esté a las órdenes de Luis Enrique. Empiezas permitiendo un patadón y acabas vendiendo a tus hijos en un mercado Persa al mejor postor. Es así. La España de Luis Enrique morirá siendo luisenrriquista hasta el final.

Foto: Luis Enrique, en el Mundial. (Reuters)

Mariano sabe cosas

Lo advirtió Mariano Rajoy en su artículo tras la derrota con Japón: “No se dediquen a dar pases dentro de su área, el mejor lugar para situar la pelota es en el campo del otro, porque así no te podrán hacer gol nunca”.

Parece un asunto estrictamente futbolístico pero, dicho por Rajoy, es una lección de vida política. ¿Recuerdan qué hacía el presidente Rajoy cuando tenía que gestionar un marrón interno terrible? Meterle un patadón/patada hacia adelante, situar la pelota en el campo del rival, esperar a que se cansaran del asunto y acabar saliéndose con la suya.

Aunque uno recurre al patadón y el otro al toque, Rajoy y Simón comparten algo: la sangre fría. Si Mariano tiene la paciencia del monje shaolin que resiste a la presión de tomar decisiones y ve cómo las cosas se arreglan solas. Unai resiste a la tentación de meter un patadón y, mientras media España muere de un infarto, saca la pelota limpia rodeado de rivales. Todos listos para que nos dé un telele contra Marruecos.

Canción triste de Cristiano

El modo en el que el Ronaldo tardío está dinamitado por dentro todos los equipos en los que juega no puede sorprender a nadie. A la selección portuguesa la está desestabilizando de todos los modos posibles (entrevista bomba sobre su ruptura con el Manchester United en víspera del Mundial, insultos al seleccionador tras sustituirle en un partido en el que Portugal no se jugaba nada: "Tienes una prisa del carajo para echarme, ¡jódete!").

"Tienes una prisa del carajo para echarme, ¡jódete!"

¿Qué le pasa a Cristiano? Lo de siempre: que quiere meter un gol. Le falta uno para igualar a Eusebio como mayor goleador portugués en los Mundiales, y ya saben cómo se las gasta Ronaldo cuando quiere algo: lo único que le importa es el gol, todo lo demás (su entrenador, sus compañeros, el Mundial) ya tal. Si usted le pregunta a Ronaldo si prefiere meter un gol o que estalle una guerra nuclear, se encargará personalmente de lanzar 50 cabezas nucleares sobre el atolón de Muroroa. Siempre ha sido así, la diferencia es que Ronaldo metía antes goles con una facilidad espantosa y ahora Julio Salinas tiene más pólvora que él.

Ronaldo, el narciso más transparente que ha dado el deporte mundial este siglo, lleva regular la decadencia. Está protagonizando en el campo algunas de las pataletas más grotescas de su carrera, como su malestar tras no concedérsele un gol que había marcado un compañero. Disfruten de los últimos momentos de Ronaldo en el fútbol de élite porque no verán ustedes algo tan sublime y ridículo desde Zoolander... y no lo volverán a ver en un tiempo.

España ha prohibido el patadón y los rivales nos han tomado la matrícula.

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