el galés se negó a viajar a mánchester

El burofax de Messi tapa el acto de rebeldía de Gareth Bale en el Real Madrid

Lo de Bale se puede calificar como una tormenta de verano en comparación con lo de Messi, pero el galés se negó a viajar a Mánchester y en el club le esperan para resolver su caso

Foto: Gareth Bale sonríe durante el entrenamiento con la Selección de Gales. (EFE)
Gareth Bale sonríe durante el entrenamiento con la Selección de Gales. (EFE)

Con todo el follón que tiene el Barcelona desde que Leo Messi envió el burofax del divorcio se nos olvida que en el Real Madrid hay otra ruptura que, puede que no acabe en los juzgados como el asunto entre Bartomeu y el argentino, pero necesita una solución. Gareth Bale se negó a viajar a Mánchester, a principios de agosto, para el partido de vuelta de octavos contra el City de Guardiola. Vamos, que se borró. Dio un paso más en una actitud de rebeldía silenciosa y no cumplió con sus obligaciones. Está al servicio del club, del entrenador y es un jugador más.

La diferencia de Bale con Messi es que el galés no envió ningún burofax o algún tipo de escrito con el que darse de baja. Lo hizo a la cara de Zidane y fue sincero. No se sentía preparado para viajar después de no contar para el entrenador en los últimos partidos de Liga. Le hacía un favor al entrenador del Real Madrid. Para qué andarse con rodeos. Viajar para nada era absurdo y le hacía daño. Así que Zidane le tomó la palabra y se quedó en Madrid. Lo que para el entrenador y el jugador era un acto de sinceridad, para el club supone un episodio más de dos profesionales que tienen una convivencia fría y distante. Cada uno a lo suyo, procurando respetarse e intentado no sobrepasar líneas rojas. Sin darse cuenta de que cada día que pasa se devalúa más en un mercado en crisis.

Zidane da instrucciones a Bale en un partido de Liga en el estadio Alfredo Di Stéfano. (EFE)
Zidane da instrucciones a Bale en un partido de Liga en el estadio Alfredo Di Stéfano. (EFE)

Después del plantón de Bale y la eliminación en la Champions contra el City, se sucedieron varios acontecimientos que han ido beneficiando al Real Madrid. Se puede decir que le vino bien la derrota del Atlético de Madrid contra el Leipzig. Aunque no es lo más importante. Sobre todo, el batacazo del Barcelona contra el Bayern de Múnich, las fuertes declaraciones de Piqué y así hasta que estalló el caso Messi. Qué importa lo que se cueza entre Bale y el Real Madrid cuando la figura del máximo rival provoca un terremoto mundial de consecuencias trágicas en el barcelonismo. Lo de Bale se puede calificar como una tormenta de verano en comparación con lo de Messi.

La condición de irse gratis

Pero el problema está ahí y en el Real Madrid tienen que solucionar qué hacer con Bale si, finalmente, sigue. Sería la octava temporada del galés. Pero, sobre todo, sería la segunda después de que Zidane dijera aquello de “si se va mañana, mejor”, algo que ni el agente (Jonathan Barnett) ni el futbolista olvidan ni perdonan. Bale dijo basta a Zidane. No viajó a Mánchester para no volver a ser humillado. Es un sentimiento tan válido como la falta de compromiso del profesional que más cobra de la plantilla. El caso, por lo tanto, existe. No ha desaparecido ni se ha esfumado.

Sería de locos o ingenuos creer que Bale es recuperable para Zidane y decir que tiene las mismas oportunidades que el resto de compañeros, cuando el técnico ha dejado claro, con los hechos, que se lo quiere quitar de encima. No es nada personal. Según Zidane. Sus decisiones están fundamentadas en argumentos deportivos. Bale no le sirve. Prefiere antes a Lucas Vázquez, Rodrygo, Vinícius y el recuperado Marco Asensio.

El escenario, por lo tanto, en el Real Madrid es retomar el caso Bale cuando el galés vuelva a verse las caras con Zinédine Zidane. No será esta semana, con el inicio de la pretemporada, porque el futbolista ha sido convocado por su Selección para jugar contra Finlandia y Bulgaria los partidos de la Liga de Naciones. Tendrá que esperar a la siguiente. Y se espera que no haya ningún cambio, a corto plazo, en las posiciones del entrenador y el jugador. Zidane respeta que tiene contrato y Bale sufre cuando está en el banquillo y se siente maltratado.

A Florentino Pérez le vendría bien pactar una salida que tiene obstáculos. Ni hay ofertas por Bale ni el jugador pone de su parte para facilitar un entendimiento. Hace un año, el agente, propuso irse si le daban la carta de libertad. Encontró un equipo en China (Jiangsu Sunning) que le pagaba un sueldo mejor que en el Real Madrid. Pero puso la condición de irse gratis y el Real Madrid no se lo permitió. Hoy pueden estar arrepentidos en el club porque, en términos económicos, el ahorro habría sido de casi 100 millones de euros por los tres años de contrato que le quedaban.

Messi saluda a Bale en un Clásico. (EFE)
Messi saluda a Bale en un Clásico. (EFE)

Parece que lo que busca Gareth Bale es el despido y que le den un finiquito o directamente dejarle marchar gratis para no perder su status económico. Su interés en apurar el contrato no solo responde a cuestiones deportivas y de arraigo a España, sino también a sacar una tajada en otro club que le garantice una prima de fichaje. Aun así, todavía pone pegas porque dice que tiene nivel para jugar en el Real Madrid y su familia es feliz en España. Saldremos de dudas de aquí al 5 de octubre que es cuando se cierra el mercado de fichajes, pero pensar en otra temporada más de Bale en el Real Madrid, cuando se negó a viajar a Mánchester y ocasionó un daño a la imagen hasta el punto de que en la directiva se dijo que no podía volver a manchar la camiseta, es un disparate que no lo tapa ni el caso Messi.

Qué bien le vendría al Real Madrid quitarse de encima el sueldo de Gareth Bale cuando hay que plantear nuevos escenarios de recortes salariales para aliviar el perjuicio en las finanzas provocado por el coronavirus. Suprimir el sueldo del galés ayudaría a contener los gastos de la masa salarial. Y se preguntarán por qué surge esto. Pues porque hay una lista de jugadores, entre los que se encuentran el capitán Sergio Ramos y su amigo Lucas Vázquez, que están pendientes de cómo cuadra los números Florentino Pérez para saber qué va a ser de ellos y si será posible afrontar la renovación. Un empujoncito al galés y Zidane se asegura parte de su guardia pretoriana.

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