destacada actuación del brasileño

La insolencia de Vinícius hace líder a un Real Madrid que aprovecha la ruina del Barcelona

El Real Madrid recupera el liderato con un triunfo cimentado en la energía de Vinícius. Autor del primer gol. Fue el que más daño hizo a un mediocre Barcelona. Mariano marcó el segundo

Foto: Vinícius celebra el gol del Real Madrid en el Clásico. (EFE)
Vinícius celebra el gol del Real Madrid en el Clásico. (EFE)

Vinícius revolucionó el Clásico con un gol y una actuación llena de efervescencia que desesperó al Barcelona. La indolencia define a este adolescente. Y con este descaro marca su camino para triunfar en el fútbol. De lo que no adolece es de personalidad y atrevimiento. Tiene aspectos que pulir. Es un chaval. Y, en su profesión, se le mira con lupa las carencias para acabar las jugadas. Hay algunos avances. El gol del brasileño devuelve el liderato al Real Madrid y la confianza que necesita el equipo de Zinédine Zidane después de la derrota contra el Mancheter City. La apuesta de Zidane tuvo resultados en un Clásico (2-0) que sirve para recuperar el crédito perdido en los últimos partidos. Más por el resultado que por la superioridad en el juego. Tampoco puede sacar pecho el técnico francés de la irregularidad a lo largo del partido. Se aprovechó de la ruina en la que ha caído el Barcelona. Sin alma ni chispa. La mala imagen que se vio en Nápoles tiene continuidad en el Bernabéu. Cuando apretó Vinícius, se desmoronó el Barça.

La derrota tendrá consecuencias en Quique Setién. Señalado por una alineación conservadora (con Arturo Vidal, Busquets, De Jong y Arthur). Solo con Messi y Griezmann arriba. El cántabro prometió buen fútbol y hacer goles. Se va del Bernabéu sin marcar. De un estadio donde el Celta y el City hicieron dos goles cada equipo recientemente. Es un Barça vulgar. Con malas noticias. Messi puede marcar cuatro goles en un día inspirado al Eibar y llevar dos partidos seguidos sin ver portería. El Real Madrid tiró de más orgullo que buen juego. Estaba obligado a no volver a fallar en su estadio y evitar que el conjunto azulgrana pudiera escaparse a cinco puntos. La puntilla la dio Mariano. La gran sorpresa en la convocatoria (Luka Jovic se quedó fuera) aprovechó su oportunidad en una cabalgada. Mariano juega con hambre, muerde y no suele perdonar. Dio la puntilla a un Barça desdibujado.

La Liga se aprieta a falta de 12 jornadas con la ligerísima ventaja que coge el Real Madrid. La victoria del Bernabéu hace bueno el empate que se trajo del Camp Nou. ¿Favorito? No hay. Ni el Real Madrid ni el Barcelona pueden relajarse, porque sufren contra cualquier rival y en cualquier campo. Ninguno va sobrado. El campeón parece que este año se decidirá en las últimas jornadas. Hay emoción. Eso es bueno para los aficionados. Pero también hay mucha incertidumbre. Ninguno de los dos equipos es fiable. No ofrecen garantías porque no tienen regularidad. El Barcelona se sigue trastabillando en un fútbol confuso, espeso y aburrido. Setién sigue sin mejorar lo que dejó Ernesto Valverde. El Real Madrid, pese a los goles de Vinícius y Mariano, tiene ese problema con el gol que arrastra desde que se marchó Cristiano Ronaldo (presente en un palco del Bernabéu).

(Foto: Miguel Berrocal)
(Foto: Miguel Berrocal)

El golpe de Mariano

Vinícius se lleva el protagonismo en uno de los clásicos más pobres que se recuerdan. No está ninguno de los dos equipos para presumir de buen juego. El partido se tenía que decidir en una acción aislada. Y cayó del lado de Vinícius. El brasileño tuvo fortuna en la definición del tanto. La pelota pegó en Piqué y el desvío confundió a Ter Stegen. Vinícius lo celebró como se merece en estos casos: se llevó la mano al escudo. Sacó la lengua. Bailó. El ritmo de los ataques lo pusieron la velocidad y la profundidad de Vinícius. La solución estaba en una de sus tantas incursiones que descubrió Kroos (de regreso al once tras no jugar ni un minuto ante el Manchester City) y en la que no estuvo acertado Piqué. Vinícius juega cada pelota como si fuera la última. No se guarda nada. Siempre está activo. No hay reservas porque no sabe jugar andando. Puede salir atropellado tanto como desquiciar a los rivales. Lo consiguió con esa energía y descaro que le ponen por delante de Bale en los planes de Zidane.

Se desquitó de su buen partido contra el Manchester City y el fallo de un gol cantado. Estaba haciendo méritos para brillar en uno de los grandes partidos que necesita un joven talento para que se lo tome más en serio. Acertó. Hizo el gol que desatascó un mal partido y lo consiguió por el empeño y la perseverancia que tiene su juego. Vinícius es un entusiasta. No desiste pese a que lleve en la mochila la fama de futbolista fallón. "Kroos y yo ensayamos en los entrenamientos y hoy salió. Tiré a la portería. Tenemos que seguir así. Creo que hemos jugado muy bien y merecimos ganar".

Messi se lamenta en el Bernabéu. (EFE)
Messi se lamenta en el Bernabéu. (EFE)

El Clásico revitaliza al Real Madrid. El equipo tenía atravesado el gol y se encuentra que, por fin, marca Vinícius y recupera a uno que estaba en el ostracismo. Mariano se resistió a irse del Real Madrid en verano y en invierno. En marzo, sale y marca un gol en el Clásico. El Barcelona de Setién sigue instalado en la mediocridad. Dio la sensación de ser un equipo sin alma, con poco espíritu y menos carácter que el Real Madrid. Este Barcelona no es que haya perdido identidad. Los problemas son más graves cuando se ve en las caras de los jugadores la desconfianza. ¿De qué sirvió la charla privada que le dio Pep Guardiola a Quique Setién? De nada. Es un desastre para los que se enamoraron de un equipo que castigaba a los rivales con la pelota. Ni fluidez ni bloque, y frágil en defensa.

Los mejores, al margen de Vinícius, estuvieron en las porterías: Courtois y Ter Stegen. Mala señal para cada equipo. El belga tuvo tres intervenciones en la primera parte. El alemán sacó una mano a un disparo a la escuadra de Isco en la segunda parte. Fue un partido alocado, sin control y alternativas. En unas fases apretó el Madrid y en otras el Barcelona. Cuando cada equipo tuvo el dominio o el control del juego, demostró sus carencias en la circulación del balón, la inspiración y la puntería. Hasta que apareció Vinícius para romper por su banda y recuperar el pulso de un equipo que no se podía permitir otro tropiezo.

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