pese al compromiso del francés

La incomodidad de Antoine Griezmann en el Barcelona, un buscavidas con el gesto torcido

Apostó por el Barcelona para ganar la Champions y comprueba que Messi es pesimista. Se esmera por entrar en juego y le falta conexión. Griezmann parece un buscavidas en un club en convulsión

Foto: Antoine Griezmann, con gesto de frustración, en el partido contra el Getafe en el Camp Nou. (Efe)
Antoine Griezmann, con gesto de frustración, en el partido contra el Getafe en el Camp Nou. (Efe)

La razón principal por la que Antoine Griezman decidió cambiar el Atlético de Madrid por el Barcelona fue la Champions. Quiere ganar esta competición. Es su sueño. Su gran objetivo. ¿Qué habrá pensado el francés cuando escucha decir a Messi que no les da para ganarla? El francés sufre su primer desencanto deportivo desde que llegó al Barcelona y lo exterioriza, a su manera. Pero está ahí. Dos episodios hay que subrayar del partido en Nápoles. El primero refleja su malestar por el cambio que decidió Quique Setién para dar entrada a Ansu Fati. Griezmann había sido el único jugador en conseguir ver portería y abandonó el césped con el gesto torcido. El segundo está en sus manifestaciones, en las que se puede leer entre líneas, una cierta impotencia por la falta de conexión en el juego.

A Griezmann le fastidia que no le encuentren con más facilidad el resto del equipo. Se ofrece por distintas zonas del campo, realiza desmarques y tiene una baja participación del juego. Da la sensación de ser un buscavidas. De tener que reinventarse cuando se esperaba, tratándose de un jugador de calidad, que tendría más peso en el juego. Lo sorprendente es ver cómo Arturo Vidal tiene más influencia. Lo que obliga a Griezmann a ofrecerse continuamente y no parar de correr hasta que se hace visible. La perseverancia tuvo premio con el gol al Nápoles en un partido cerrado y espeso de Messi y el resto de compañeros. Marcó el francés y el primero que corrió a abrazarlo fue la estrella argentina. Este tipo de gestos son bienvenidos por el francés. Aún así, Griezmann no parece cómodo en la filosofía de largas posesiones de Setién y la falta de profundidad o un juego más vertical.

Griezmann celebra el gol marcado al Nápoles. (Efe)
Griezmann celebra el gol marcado al Nápoles. (Efe)

En Griezmann hay una sensación de estar al servicio de Messi después de todo lo que se escucha sobre las ganas que tenía el capitán de que llegara Neymar o esa información, en L’Equipe, que revelaba una confidencia del francés: “Me tienen celos porque soy campeón del mundo”. A Griezmann no le gustó la noticia. La desmintió en un vestuario donde no está el horno para bollos. Es esa sensación que transmite de no querer molestar ni hacer sombra a Messi la que ofrece una imagen de Griezmann radicalmente diferente a la que se veía en el Atlético de Madrid. Cuando lo más conveniente sería proyectar (Messi el primero cuando concede entrevistas) el privilegio que tienen por contar con un jugador de la categoría del francés y señalarlo como uno de los líderes del equipo.

La situación con Eric Abidal

A Antoine Griezmann se lo advirtió su mujer (Erika Choperena) cuando tenía dudas de dar el paso y cambiar el Atlético de Madrid por el Barcelona. “Allí serás uno más”, es el acertado consejo de la vasca al francés en el famoso documental de ‘La decisión’. En efecto, en el Barcelona se comprueba que es uno más y no debería ser así. Se trata de una arriesgada apuesta de Josep María Bartomeu y el club en la que se gastaron 120 millones de euros y, desde el primer día, se le miró con cierta indiferencia. Desde el vestuario, por el recelo de haber despreciado en una ocasión al Barça, y la afición. Sabía donde se metía. Lo que no se podía imaginar Griezmann es que en su primera temporada le atropellaría una crisis institucional que tiene en la cuerda floja a su principal valedor: Eric Abidal. Sergio Busquets, uno de los capitanes, le dio al secretario técnico un buen tantarantán en Nápoles.

A favor de Griezmann juega su buen carácter y la facilidad que tiene para adaptarse a este tipo de escenarios que están enrarecidos. Lo demostró cuando la afición del Atleti le retiró el cariño. Empezó mal la cosa en el Barcelona cuando Ernesto Valverde le situaba en la banda izquierda y no encontraba la manera de explotar sus condiciones. Le perjudicó la apuesta por Ansu Fati y la debilidad de Messi por el joven futbolista. Entre ellos fluye mejor la pelota que con el francés.

Con la lesión de Luis Suárez ha pasado a jugar más por dentro, de delantero, y se encuentra mejor perfilado para leer el juego y acabar las jugadas. En ese afán por ganarse a sus compañeros y la afición, y con el aprendizaje que adquirió en el Atleti de Simeone, quiere demostrar que se sacrifica para robar la pelota. Es de los que más energías gasta en defensa y tira desmarques para hacerse visible. Le está costando y partidos como el gol marcado en Nápoles sirven para valorar la actitud y las ganas de un buen jugador que parece pedir perdón por haber fichado por el Barcelona. En su extraña temporada, con altibajos, no lleva unas malas cifras goleadoras: 14 tantos de los cuales 9 han sido el primero de su equipo.

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