la relación de dos amigos

Por qué Zidane es incapaz de desprestigiar a Pep Guardiola (el señorío del Real Madrid)

No ha sido necesario para Zidane coger la figura de Pep Guardiola para subir la temperatura del partido y echarle la grada encima. Tienen una buena relación, de amistad y admiración mutua

Foto: Pep Guardiola y Zinedine Zidane se saludan durante una pretemporada. (EFE)
Pep Guardiola y Zinedine Zidane se saludan durante una pretemporada. (EFE)

En otros tiempos un amplio sector del madridismo estaría de uñas con uno de los suyos por decir que Pep Guardiola es el mejor entrenador del mundo. Zinedine Zidane se permite decir lo que le da la gana y recalca, siempre que tiene la ocasión, su admiración por el entrenador del Manchester City. “Es el mejor del mundo. Lo demostró en el Barcelona, Bayern de Múnich y City”, es la opinión del técnico francés. Muy respetable y, además, sincera porque ZZ no tiene ningún interés en crear atmósferas negativas o poner zancadillas al entrenador rival por muy desagradable que resulte a esos que no soportan el ‘guardiolismo’. En el Real Madrid pueden sentirse orgullosos con el señorío de su entrenador.

Pep Guardiola y Zinédine Zidane tienen una buena relación de amistad y admiración mutua. De hecho, el francés hizo parte de sus prácticas como entrenador con Pep de profesor. Tuvieron largas charlas sobre estilos de fútbol y gestión de vestuarios. La realidad es que tienen más puntos en común que diferencias. A Zidane le interesa la idea de la posesión de Guardiola y a éste le atrae su concepto de las transiciones para encontrar la profundidad al juego. Tienen semejanzas en los futbolístico: les gusta proponer, ir al ataque y no ser destructivos (como lo fue, en muchos partidos, el Madrid de Mourinho). A los dos les encanta Benzema, por ejemplo. Uno de los jugadores que más valoran por su calidad y del que dicen que es injustamente tratado por estar etiquetado como un goleador. Son dos enamorados de Eden Hazard. Para suerte de Guardiola es baja por lesión.

En su filosofía está manejar los vestuarios desde la cercanía, complicidad y con mano izquierda con los jugadores. Tienen carácter y liderazgo. Se hacen respetar con facilidad y prefieren no ser duros en situaciones delicadas o brotes de rebeldía. Quedénse en cómo está manejando Zidane el caso de Gareth Bale (tiene muchas posibilidades de entrar en el once contra el Manchester City). Con la tranquilidad necesaria y la paciencia para reenganchar a un jugador que, como se dice en el vestuario blanco, vive en su burbuja.

El regusto de ganar a Guardiola

Si Zidane no tiene ningún inconveniente en elogiar a Guardiola por sus conocimientos tácticos y la facilidad con la que conecta y es capaz de motivar a sus jugadores, al de Sampedor todavía le cuesta menos poner en valor la inteligencia futbolística y emocional de su colega. Guardiola ve en Zidane a un entrenador con el don del carisma y el liderazgo. Le parece asombroso la gesta de las tres Champions consecutivas que logró un técnico al que, las malas lenguas, todavía siguen descalificando con el argumento recurrente de ‘la flor de Zidane’.

Se trata, en definitiva, de dos entrenadores que tienen sintonía y comparten muchos rasgos de personalidad. No ha sido necesario para Zidane coger la figura de Pep Guardiola para subir la temperatura del partido y echarle la grada encima. Tampoco para ‘picar’ a sus jugadores en una cita de nivel después de las dos decepciones en la Liga (Celta y Levante). En el vestuario del Real Madrid tienen sus propias motivaciones para dar el máximo ante un equipo que entrena Guardiola y del que algunos de ellos, como Kroos, conoce a fondo en su etapa del Bayern. También hay una excelente relación y admiración entre el alemán y el catalán. Pero sí hay un regusto especial por ganar a Guardiola. Lo tiene claro Sergio Ramos cuando dice que “si le ganamos podría caer alguna broma”. Cosas del capitán, que también se aferra a su figura de líder de la manada y jugar este partido como tíos y no como niños.

Zidane elige la motivación de enfrentarse al mejor entrenador del mundo antes que el descalificativo o el menosprecio. Eso era en otros tiempos, en los que Florentino Pérez permitía a Mourinho calentar las ruedas de prensa, crisparlas y generar malos rollos. La tensión sacó de quicio a Guardiola, en su etapa en el Barça, hasta el punto de decir en la sala de prensa del Bernabéu aquello sobre Mourinho de “aquí es el puto amo”. Florentino Pérez fichó al Mourinho que ganó la Champions con el Inter de Milán y eliminó al Barcelona en el Camp Nou, como el mejor antídoto para contrarrestar la dinámica ganadora del intratable Guardiola. Al presidente le faltó algo. No pudo ni supo controlar la beligerancia del entrenador portugués. Se le fue de las manos y con Zidane puede estar más tranquilo en este sentido. El gallinero está silenciado.

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