una acción poco normal en el galés

La agresividad de Gareth Bale en la entrada a Rafinha (emula a Fede Valverde)

La entrada de Gareth Bale a Rafinha es el claro síntoma de un futbolista desesperado por recuperar la confianza de Zidane en el tramo decisivo de la temporada

Foto: Gareth Bale pelea por un balón con Rafinha en el partido contra el Celta en el Bermabéu. (Efe)
Gareth Bale pelea por un balón con Rafinha en el partido contra el Celta en el Bermabéu. (Efe)

Dar cera no es la especialidad de Gareth Bale. Nunca se caracterizó como un jugador de batalla, ni de juego sucio subterráneo. El momento que elige es bueno para sus intereses si pretende demostrar a Zidane, el primero, al club y los aficionados que tiene actitud y ganas de seguir en el Real Madrid. Su aportación, en ataque, contra el Celta no fue brillante. Viene de otro partido, contra Osasuna, en el que da señales de tener dificultades para desequilibrar. No tiene gol. Los registros son malos en un jugador que debería sumar con goles y asistencias. Solo tres tantos esta temporada. Para encontrar su último gol en el Bernabéu hay que remontarse once meses atrás. Aún así, Zidane no le ha dejado caer. Tienen una relación en la que guardan las distancias. Digamos que protocolaria. La oportunidad contra el Celta la quiso aprovechar el galés de la forma más inesperada: jugándose una expulsión con una durísima entrada a Rafinha para evitar una acción de peligro. Son las cosas del enigmático Bale. Saca su perfil duro.

Le pedían más compromiso y se lanzó a por Rafinha con una entrada de roja. El árbitro (Alberola Rojas) se encogió y se quedó en cartulina amarilla. La entrada de Gareth Bale es la radiografía de un futbolista desesperado por recuperar la confianza de Zidane en el tramo decisivo de la temporada. Llegan los buenos partidos (Manchester City y Barcelona) y el galés necesita que el entrenador le vea como un sabueso. Hasta el árbitro se quedó confundido en ese arrebato de Bale. Un jugador con fama de apático que no destaca por su agresividad es protagonista por una entrada violenta. Bale pretendió emular a Fede Valverde, en esa entrada tan aplaudida en el vestuario del uruguayo a Álvaro Morata.

Bale entra por detrás a Rafinha en una acción que fue sancionada con tarjera amarilla. (Efe)
Bale entra por detrás a Rafinha en una acción que fue sancionada con tarjera amarilla. (Efe)

Gareth Bale se quiere contagiar de la agresividad que tienen otros compañeros que juegan con facilidad o entran con regularidad en los planes del entrenador. La acción es impropia de un futbolista acostumbrado a recibir patadas en el césped y palos por su poca implicación en defensa. La anarquía y la fragilidad son un lastre. ¿Estamos en un punto de inflexión en el futbolista que más cobra de la plantilla? Sus compañeros llevan tiempo aconsejándole que esté más implicado en el esfuerzo colectivo y a Bale no le sale de dentro rascar o bregar como lo hacen Lucas Vázquez (de los favoritos de Zidane) o, incluso, Vinicius y Rodrygo. Los jóvenes brasileños aprovecharon durante un tiempo de esta temporada el bajón del galés. Las lesiones, la ausencia en la Supercopa de España por un constipado, verse apartado del derbi y otras convocatorias hundieron al galés.

El 'aplauso' de Zidane

El arrebato tiene una explicación. Viene de lejos. No aprovechó la larga ausencia de Eden Hazard, como tampoco lo hizo la temporada pasada sin Cristiano Ronaldo, para reivindicarse como uno de los líderes del equipo. “A Bale es imposible cambiarle porque tiene una personalidad diferente”, dicen en el Real Madrid. Después de la violencia con la que fue a por Rafinha se puede interpretar que el galés esté buscando algo con lo que volver a llamar la atención: que valoren su raza y la garra. Una actitud que tiene aceptación en el Bernabéu. Los jugadores combativos y con vigor suelen provocar los aplausos de la grada. Esto, que parece tan sencillo, es el último recurso que tiene Gareth Bale para intentar conectar con la grada y su entrenador.

La entrada es de roja. La suerte que tuvo es que el árbitro se amilanó. La fiereza tiene mucho que ver con que le ha visto las orejas al lobo. Quiere volver a ponérselo difícil a Zidane para jugar los grandes partidos. "Todo bien. Hoy lo ha hecho todo bien", son las palabras con las que definió Zinédine Zidane el partido del galés contra el Celta. Ese brote de contundencia es un nuevo síntoma que valora el entrenador francés.

Más vale tarde que nunca, dirán en los despachos del Bernabéu. Con Bale en modo guerrero se puede conseguir que el equipo tenga solidez. Se marchó con el resultado favorable. La prueba es que la entrada a Rafinha, en el centro del campo, la hizo para evitar un contraataque del Celta, con 2-1 en el marcador. No tenía opción de llegar al balón. Sacó la energía para desactivar y frenar la velocidad del rival. Diez minutos después le quitó Zidane (todavía con 2-1) y entró Mendy. El cambio salió fatal. El Celta empató a los dos minutos y, quién lo iba a decir, se echó de menos la fiereza que tuvo Bale en esa acción que interrumpió la inspiración y el talento de los célticos.

Fútbol

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
4 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios