prescinde de su ayudante

Los motivos de la ruptura de Luis Enrique y Robert Moreno (no le quiere ni de segundo)

Las circunstancias de Luis Enrique cambiaron de tal forma que, en su modo de observador, detectó cosas que no le gustaban. Sospechó al ver cómo Robert Moreno se quería aferrar al cargo

Foto: Luis Enrique (i) y Roberto Moreno. (EFE)
Luis Enrique (i) y Roberto Moreno. (EFE)

“Yo no soy quién para hablar de la relación entre ellos”, contestó Luis Rubiales a la cuestión clave en todo este asunto del regreso de Luis Enrique a la Selección y la destitución de Robert Moreno. El presidente no quiere profundizar en el momento en que dio un giro la conexión de dos personas que se conocen desde el año 2008, en las categorías inferiores del Barcelona, y que trabajaron, codo con codo, en diferentes etapas: Roma, Celta, Barcelona y Selección española. En el camino que retoma Luis Enrique con España, prescinde de Robert Moreno. No cuenta con el ayudante que era elogiado por sus informes tácticos, estrategias y el uso de las nuevas tecnologías. Luis Enrique quiere otro compañero de viaje en su segunda etapa con la Selección.

El deterioro de la relación entre Luis Enrique y Robert Moreno fue en aumento desde que el sucesor se hizo cargo del banquillo y se empezó a sentir y comportar como el único dueño. A ojos de un Luis Enrique que empezó a reaccionar de forma diferente. No se puede hablar de un motivo exacto en la ruptura entre dos amigos que se distanciaron, pese a que Robert Moreno le dedicara la clasificación de la Eurocopa o llevara un brazalete negro en señal de duelo por el fallecimiento de la hija del técnico asturiano, Xana. Las circunstancias de Luis Enrique cambiaron de tal forma que, en su modo de observador, fue detectando cosas que no le gustaban o directamente le molestaban. Por encima de todo, estaba la sospecha de ver cómo Robert Moreno se quería aferrar al cargo de seleccionador.

En las sucesivas llamadas y reuniones con Luis Rubiales y Francisco José Molina, el asturiano comprobó que la federación no se olvidaba de su situación personal y profesional. Se sintió arropado, halagado por el fuerte interés y la insistencia del presidente y el director deportivo que, primero, buscaron recuperar su ánimo y, segundo, le dejaron claro que el banquillo era suyo y se podía tomar todo el tiempo que necesitara para volver al trabajo. Tenía las puertas abiertas en el momento que lo decidiera. “Es el puesto de Luis Enrique”, es la frase que repite hasta la saciedad Rubiales. Lo recalcó en la sala de prensa de Las Rozas para reivindicar quién es el líder. Lo que reconforta a una persona que sigue superando el duro trance de la pérdida de una hija. El cariño que le han dado Rubiales y Molina a Luis Enrique —la cercanía, estar pendientes con mensajes y detalles y hacerle sentir que es el mejor seleccionador que puede tener España— provocó que Luis Enrique recuperara la motivación y las ganas. Se sintió imprescindible. A Luis Enrique le gustó la defensa que hizo Molina de su figura cuando apareció una noticia del posible fichaje de Abelardo para ocupar el banquillo.

Los motivos de la ruptura de Luis Enrique y Robert Moreno (no le quiere ni de segundo)

La desconfianza de Lucho

Luis Enrique sí, pero sin Robert Moreno, que es lo extraño en toda esta situación, cuando se creía que conservaban la estrecha amistad y resulta que se estaba enfriando. Hasta el punto de que Luis Enrique decide que en su vuelta no cuenta con Robert Moreno en su equipo de trabajo. Los motivos pueden ser más diversos y, por muy pequeños que puedan parecer, las nuevas circunstancias del asturiano llevaron a replantearse qué y con quién tiene que recuperar la normalidad en un proyecto al que hay que darle un fuerte impulso en la Eurocopa y el Mundial de Qatar en 2022.

Luis Enrique también puede decir que está agradecido a Robert Moreno, pero ve su etapa acabada en la Selección. No tendría sentido tener a su lado a alguien que ha dado órdenes y ha tomado decisiones como primer entrenador. Robert Moreno hizo suya la Selección y empezó una gestión diferente en la que uno de los cambios principales y más calientes estuvo en la portería. Para Robert Moreno, por ejemplo, el titular era Kepa Arrizabalaga, mientras que para Luis la confianza estaba depositada en David de Gea. Son decisiones, como algunas convocatorias, con las que puede estar más o menos de acuerdo. Lo que no quiere Luis Enrique es heredar otras decisiones de quien ya sufre un desgaste. Llegará para ser el único líder y no tiene sentido tener un subordinado que ocupó el puesto de jefe.

Luis Enrique y Robert Moreno, en un entrenamiento del Barcelona. (EFE)
Luis Enrique y Robert Moreno, en un entrenamiento del Barcelona. (EFE)

La conclusión es que la comunicación entre Luis Enrique y Robert Moreno pasó de ser fluida y confidencial a romperse y tornar en la desconfianza. Hay diferentes detalles que a Luis Enrique no le han gustado en lo referente a la actitud (comprobó que le costaría dar ese paso al lado que se pactó) y la gestión deportiva y disciplinaria en las concentraciones (días libres y horarios de llegada). Se rompió la conexión entre ellos. A la vez que fue en aumento con los dirigentes de la federación, que decidieron informar a los capitanes de la decisión de Luis Enrique de retomar su actividad en la Selección. Las últimas horas para Robert Moreno han sido difíciles, por sentir que estaba al margen de las decisiones de futuro y contemplar movimientos extraños y discursos ambiguos de boca del director deportivo. Se hizo valer con la exigencia a Molina desvelada por Rubiales (“¡quiero saberlo ya!”) y estropeó más su relación con Luis Enrique.

Si la amistad entre Luis Enrique y Robert Moreno se hubiera mantenido intacta y desarrollado como siempre se les conoció (sincera, confianza y lealtad mutuas), no se habría llegado a un final que se califica de sorprendente y triste. El asturiano decidió abandonar provisionalmente la Selección a raíz de la enfermedad de su hija, empezó a delegar y trabajar con su ayudante por videoconferencias. Era un Luis Enrique en modo teletrabajo. La fatalidad del fallecimiento de Xana provocó un relevo que tenía un matiz que nunca obvió Rubiales: dar prioridad al técnico asturiano. Podía elegir el momento de su vuelta al banquillo de la Selección. Luis Enrique lo ha acelerado y Robert Moreno, según la federación, no lo ha sabido o le costaba digerir. Por todo ello, Lucho no le quiere en su equipo de trabajo.

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