exigido por triunfar en la champions

El miedo de Pep Guardiola al fracaso en Europa y sus inseguridades

La cara de la derrota aparece en Guardiola en el momento que el Manchester City atraviesa una mala racha de resultados. A Pep, en su tercera temporada, se le pide la Champions

Foto: Pep Guardiola, con gesto pensativo, en el partido que perdió contra el Leicester. (Efe)
Pep Guardiola, con gesto pensativo, en el partido que perdió contra el Leicester. (Efe)

"Hay que ser humildes", dice Guardiola para que no se le caiga el equipo después de la última derrota del Manchester City contra el Leicester. Si hay alguien que nunca pierde la confianza en sus posibilidades y tiene una fe ciega en su criterio y filosofía este es Pep. Es el entrenador mejor respaldado del mundo. Libre al fracaso personal. En cada uno de los tres banquillos que ha ocupado –Barcelona, Bayern de Múnich y Manchester City– Guardiola ha estado por encima de la exigencia presidencial o institucional. Tener a Guardiola debería ser sinómimo de éxito garantizado en todas las competiciones. Como el que cuenta con Messi o Cristiano Ronaldo. Pep tiene el privilegio de hacer y deshacer a su antojo, conseguir que se estructure el club en función de sus necesidades y marcharse cuando lo considera oportuno. Lo hizo en el Barça y después en el Bayern de Múnich. Porque Pep negoció su fichaje por el City cuando todavía le quedaba media temporada en Alemania.

Guardiola está por encima de todos. Es lo que le diferencia del resto de entrenadores. Incluso de Mourinho, al que le acaban de despedir por los malos resultados en la Premier League. Pep, el entrenador mejor pagado del mundo –23 millones de euros netos en un contrato renovado hasta 2021–, se juega el prestigio esta temporada en Europa. En su tercera temporada en el Manchester City aparece el miedo al desgaste en con un entrenador obsesivo, exigente, perfeccionista y extremadamente meticuloso. A la revolución de Guardiola le falta una Champions desde que dejó el Barcelona.

Basta con encadenar una serie de tropiezos en la Premier para que se ponga en duda el método y la filosofía de Guardiola. No debería ser así porque ha quedado demostrado que es ganador. Pep es uno de los entrenadores más fiables cuando se trata de competir en la regularidad. La temporada pasada logró la Premier League con 100 puntos –la primera vez en la historia de esta competición que lo conseguía un equipo– y arrasando a sus rivales. Cuestionar a Guardiola sobre su capacidad para ganar títulos es un atrevimiento. Tiene la Liga, Bundesliga y Premier League. Más una sinfín de títulos internacionales. Casi todos ellos con el Barcelona de Messi. Nunca debería ser el candidato sino el técnico a batir por esos plantillones que maneja.

Pep Guardiola, de brazos cruzados. (Efe)
Pep Guardiola, de brazos cruzados. (Efe)

Vuelve a bajar a la tierra

Estas derrotas de Guardiola en el cierre del año –contra el Leicester, Crystal Palace y anteriormente ante el Chelsea– vuelven a bajar a la tierra a un entrenador que pide humildad y trabajar más duro. Son los miedos de Pep. Se juega mucho esta temporada. No puede volver a fallar en Europa. En la Champions, su gran asignatura pendiente desde que se marchó del Barcelona. La Premier League ya no es el primer ni gran objetivo.

Para salir del bache pide recuperar las sensaciones y la regularidad para cuando se reanude la Champions. Ha tenido un sorteo asequible con el Schalke 04 en los octavos de final. Pero Guardiola conoce lo incontrolable de este oficio –como le sucede a Messi– porque en la Champions no puedes tener un mal día. La temporada pasada se lo llevó por delante el Liverpool de Klopp con un 3-0 en Anfield, en los cuartos de final. Klopp, el grano de Guardiola, le hizo un destrozo con su estilo agresivo. El mismo que tiene ahora y le hace ser líder de la Premier League. El jueves 3 de enero se vuelven a ver las caras.

La presión de Guardiola es más una autoexigencia que pasa por no desconectarse tan pronto de la Premier y evitar un nuevo fracaso en la Champions. Una presión que va a tener que saber administrar a una plantilla que ve a un entrenador obligado a conseguir esa ansiada Liga de Campeones. Igual de apremiado que se pueda encontrar Messi, el Paris Saint Germain de Neymar o la Juventus de Cristiano Ronaldo. Incluso un Bayern de Múnich que atraviesa su particular desierto. Todo lo contrario que un Real Madrid aliviado que está ahora en manos de un entrenador con sensación de provisionalidad, pero con la valentía de hacer suyo un reto.

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