dos canteranos del real madrid en apuros

El sufrimiento de Morata y Jesé: las joyas del Real Madrid que cayeron en picado

Eran los dos canteranos del Madrid que más condiciones y talento tenían para triunfar fuera de España. Morata y Jesé han tocado fondo en 2018 y buscan una segunda oportunidad

Foto: Morata y Jesé, en el Bernabéu durante su etapa como jugadores del Real Madrid. (foto elconfidencial)
Morata y Jesé, en el Bernabéu durante su etapa como jugadores del Real Madrid. (foto elconfidencial)

Ha sido un año durísimo para dos de los canteranos del Real Madrid que decidieron volar y prometían comerse el mundo fuera de la casa blanca. Morata y Jesé han pasado por su particular calvario en un 2018 para olvidar en lo deportivo y lo personal. Han necesitado ayuda externa, de psicólogos y la familia que siempre es la mejor terapia para salir de la depresión y empezar una vida nueva. Morata y Jesé, cada uno con sus particularidades, tocaron fondo y al 2019 le piden una segunda oportunidad. Dos futbolistas que tiraron la puerta del primer equipo del Real Madrid tras un prometedor y brillante rendimiento por las categorías inferiores. Lo tenían todo. Presente y futuro. Ofertas millonarias de equipos europeos, reconocimiento, fama y la Selección española esperándolos en cuanto confirmaran que eran unas estrellas de alto nivel.

En el Real Madrid les fue imposible echar raíces para quedarse y asumir un papel secundario. Era la época de Cristiano Ronaldo, Benzema y Bale. Llegaron a abrir debates sobre la necesidad de tener que quedarse y competir el puesto a alguno de ellos cuando atravesaban sequías goleadoras (Benzema), lesiones (Bale) y rotaciones (Cristiano Ronaldo). A Jesé se le comparó con el portugués por su explosivo estilo de juego. Morata tenía olfato y en el Madrid se echaba de menos la aparición de un ‘9’ en la cantera después del exitoso paso de Raúl González Blanco.

Ninguno de los dos tuvo la fortuna ni la paciencia para aguantar en el Real Madrid y emigraron en un negocio redondo para el club blanco –visto hoy con perspectiva–. Jesé, el chico que se convirtió en 2013 en el máximo goleador en la historia del Castilla tras superar los 21 goles de Butragueño, fue víctima de una gravísima lesión en la rodilla. Era un cañón. La recuperación fue difícil y él cometió errores que hoy asume. El Madrid lo vendió por 25 millones de euros en agosto de 2016. Morata no quería ser suplente y dio el paso para irse a Italia y jugar en la Juventus. Los italianos pagaron 20 millones de euros. Triunfó tras eliminar al Madrid en unas semifinales de la Champions y jugar la final contra el Barcelona. Florentino Pérez lo recompró por 30 millones de euros y su impaciencia por no ser titular provocó que se marchara al Chelsea por 80 ‘kilos’. Los dos dejaron 100 millones de euros en las arcas del Real Madrid.

Morata, con el Chelsea. (Efe)
Morata, con el Chelsea. (Efe)

La segunda oportunidad

La caída de Jesé ha ido más en picado que la de Morata. El canario tocó fondo desde que salió del Real Madrid, en una etapa prolongada y a la deriva en la que no remontó ni volvió a ser una figura en ciernes en el Paris Saint Germain, Las Palmas y Stoke City. Problemas personales y errores que le despistaron y descentraron han estado a punto de acabar con su carrera. Tiene 25 años y dice que ha madurado. Busca una segunda oportunidad y una salida del PSG en el mercado de enero para volver a sentirse futbolista. Lleva un año sin jugar y está arrepentido: “Antes gastaba mucho dinero. Cuando eres joven te metes en una burbuja y tienes amistades que no son buenas. Me dediqué a hacer música, a la vez que jugar al fútbol porque me encontraba muy solo. Me acomodé”, se sincera en una entrevista en As. Hoy busca equipo donde sea y está preparado para reinventarse. Ha perdido siete kilos, entrena a conciencia y afirma que ha madurado.

Álvaro Morata fue el fichaje estrella del Chelsea en 2017 cuando se lo disputaban grandes equipos. Lo deseaba el Manchester United de Mourinho y acabó en Londres. Se fue del Real Madrid porque creía que era la mejor opción para demostrar que ya no era un niño y así poder llegar a la Selección. En Italia creció, en España se cansó de esperar su oportunidad y en Inglaterra su carrera entró en un declive cuando sufrió una lesión en la espalda –justo hace un año– y dejó de contar para el entrenador –Antonio Conte–. Paso de figura a no jugar o hacerlo con molestias y ser criticado por no aportar goles. El precio que pagó fue caro. Lopetegui no tuvo argumentos para convocarle para el Mundial de Rusia. Un palo que le sumió en una depresión y ponerse en tratamiento con un psicólogo. Entró en una fase de negatividad, frustración e infelicidad. Hoy sigue necesitando esa ayuda para motivarse y ser feliz jugando al fútbol. Pero ha vuelto a dejar de jugar en el Chelsea de Maurizio Sarri –prefiere jugar sin delantero centro– y se abre las puertas para regresar donde es más feliz: jugar en Italia. Su nuevo destino podría ser el Milan.

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