nómadas del balón

La vida imperfecta de la mujer del futbolista: "Somos como feriantes, de un lado a otro"

La crisis económica hizo que muchos jugadores se marcharan al extranjero para buscar dinero y nuevas experiencias. Sus mujeres e hijos tuvieron que adaptarse a las nuevas circunstancias

Foto: La familia Valiente Domínguez en su etapa en Israel.
La familia Valiente Domínguez en su etapa en Israel.

Casi 50 años después de que Miguel Cuenca saliera del filial del Rayo Vallecano rumbo a Filipinas, la situación del futbolista español ha cambiado por completo. Él, que luego pasaría por China y también por Estados Unidos, donde se enfrentaría a estrellas de renombre como Beckenbauer, Cruyff o George Best, fue el pionero, el que marcó el camino en 1970. Ahora, en 2018, son ya cerca de 350 los jugadores españoles repartidos a lo largo y ancho del mundo.

La crisis económica que, a partir de 2007, golpeó a numerosos clubes en este país, unido a la precariedad salarial de Segunda para abajo y la escasez de garantías en los contratos, hizo que muchos profesionales se replantearan su futuro en otros territorios en auge. Algunos no empaquetaron sus cosas solos, también lo hicieron sus familias, esa otra parte de la que nunca se habla y que, sin embargo, sacrifica tanto o más que ellos para seguir sus pasos. Por supuesto, no se trata de un deber, sino de una elección temporal en aras de mantener los lazos afectivos.

Nuria Vives es la pareja de Joan Verdú. El antaño centrocampista del Deportivo y Espanyol, equipos donde dejó huella, decidió emigrar en 2014. Actualmente llevan 15 años juntos, con dos hijos en común. "Nunca me imaginé recorriendo tres países diferentes en apenas cuatro años", señala al repasar sus vivencias en Emiratos Árabes, Italia (Fiorentina) y la actual en China, donde su marido juega en el Quingdao de la Segunda División: "La primera mudanza siempre es la más complicada. A mí me dio miedo porque era un cambio muy drástico de cultura y tradición, pero al final Abu Dabi fue el destino que más me gustó, se ha modernizado mucho".

Licenciada en Publicidad, no pudo iniciarse profesionalmente: "Tuvimos a los niños muy jóvenes y desde entonces aposté más fuerte por Joan, como es lógico. Ahora me es imposible trabajar porque no puedo mantener una estabilidad". En la espiral del fútbol no solo ha renunciado ella, también lo han hecho sus hijos. "Estar con los abuelos, los tíos y los primos era una etapa de la vida que se habían saltado por tener al papá fuera", lamenta por teléfono.

Esta segunda temporada en China, Verdú la está pasando solo. Tras un tiempo de vuelos y constantes cambios residenciales, ambos no estaban por la labor de someter a los pequeños a más estrés. “El calendario de las ligas en Asia coincide prácticamente con las vacaciones escolares aquí, por lo que vamos siempre que podemos, pero era fundamental que estudiaran ya en España, en casa, y tuvieran un equilibrio”, indica Vives sobre unos niños que, debido a su corta edad, siete y nueve años, no terminan de entender la vida de su progenitor pero que, en esta época fuera, han aprendido hasta tres lenguas: inglés, árabe y chino. "Es lo mejor que se han traído, aparte de un buen puñado de amigos”, afirma la catalana.

Joan Verdú y Nuria Vives en China con sus dos hijos.
Joan Verdú y Nuria Vives en China con sus dos hijos.

La vida de feriante

Positiva por naturaleza, asegura que intenta no hacer muchas raíces allá por donde va: "Esta vida es como la de un feriante: hoy estás aquí, pero mañana nadie sabe". Considera las redes sociales una herramienta fundamental para sobrellevar los envites de la distancia y, al contrario de lo que pueda parecer, no le molesta salir por la ciudad y que su actividad se vea alterada por algún aficionado. “Siempre nos han tratado con mucha educación, nunca me he sentido fuera de sitio cuando han parado a Joan para hacerse alguna foto o pedirle un autógrafo”, añade antes de definir su relación con la prensa: “Al principio mal, me afectaba un poco leer o escuchar ciertas cosas, ahora he madurado al respecto y lo sé manejar”.

La buena reputación de la que siempre han gozado los futbolistas españoles, sobre todo tras los recientes éxitos de la Selección, les asegura un buen dulce, unas cifras difíciles de rechazar cuando llega una propuesta del extranjero. "Salir de España es complicado, jugársela en destinos tan lejanos tiene que llevar aparejado un componente económico detrás", expone. "Eso sí, la vida no nos ha cambiado mucho, tenemos pocos caprichos y seguimos viviendo como hace diez años", matiza.

Misma postura defiende Miriam Domínguez, mujer de Marc Valiente: "El dinero es una razón de peso, si no al jugador español le cuesta salir, pero no vivimos subidos al lujo como algunos piensan". Compañero de generación de Messi, Piqué y Cesc Fábregas en la cantera del Barça, donde fue capitán, disfrutó de su mejor nivel en La Liga como central indiscutible del Real Valladolid. En Pucela estuvo cinco años, luego comenzó la aventura. “Cuando llegué a Israel lloré muchísimo porque pensaba que Marc había tirado por la borda su carrera al fichar por el Maccabi Haifa. Íbamos a un país remoto y con los prejuicios que traía de casa pensaba que me iba a aburrir, pero al final resultó ser lo contrario”, comenta orgullosa la joven.

La pareja, con dos hijos a cargo -el último, una niña de tan solo mes y medio-, lleva 13 años junta, prácticamente desde que se conocieron en el instituto, cuando el fútbol tan solo era un 'hobby'. "Pensaba que no se iba a dedicar a esto, pero no hay día que no dé las gracias por todo lo vivido. Hemos crecido a la par y conocer otros lugares a la vez que formábamos una familia ha sido una experiencia apasionante que no cambiaría por nada", manifiesta recién llegada de Serbia para pasar las navidades, pues Valiente juega en las filas del Partizán de Belgrado tras un impase por el K.A.S. belga.

Alba Vázquez con su hijo en el estadio del Bolivar.
Alba Vázquez con su hijo en el estadio del Bolivar.

Ganar dinero y que él se sienta realizado

“En España el fútbol es como meterte en una burbuja de fantasía. Cuando sales te das cuenta de lo que valen las cosas, abres tu mente y empiezas a relacionarte con gente fuera de ese entorno”, puntualiza, aunque a veces le haya sido inevitable preguntarse “¿qué hago yo aquí?”, sobre todo en los momentos de soledad: "Tuve alguna crisis existencial, pero el gimnasio me ha ayudado muchísimo. Es el único momento del día en el que no me siento ni madre ni esposa, soy solo yo misma y vuelvo a casa totalmente renovada". Además, presume de una ventaja: sus hijos se lo ponen fácil. "El mayor, de seis años, es el primero en preguntarnos cuándo nos vamos a ir a otro país para seguir aprendiendo idiomas", revela. Actualmente, lenguas como el inglés, el francés y el hebreo las sigue estudiando en un colegio internacional.

Como Nuria, Miriam también tiene una carrera, Relaciones Laborales, de la que pensaba especializarse. No obstante, no le dio tiempo. "En este momento el objetivo es ganar dinero y que Marc se sienta realizado profesionalmente. La carrera de un futbolista es corta, luego me tocará a mí. Tengo muy claro que quiero ponerme a trabajar, quizás monte algo, he pensado en una cafetería para mamás, para ello sigo formándome de manera online", remarca.

De sus experiencias, la de Israel ocupa un lugar importante en su memoria pese a que le tocara lidiar con la amenaza de una Tercera Intifada, los incendios de Haifa que en 2016 obligaron a evacuar a 80.000 personas y, por su condición de mujer, con el extremismo religioso: "En el norte del país se nota menos porque tiene un carácter más occidental, pero en Jerusalén el poder de los ortodoxos sí que es muy influyente. Yo no permito que nadie me diga cómo tengo que salir por la puerta, por ejemplo. No lo concibo".

Más allá de eso, invita a conocer el país, muy volcado con el deporte y, en especial, con el fútbol. "Me sorprendió muchísimo, allí mi marido era considerado una estrella", comenta antes de incidir en el único hecho que le irritaba: "Son muy fanáticos, tanto que, si las familias íbamos al campo, venían a pedirnos fotos también a nosotras”. Aun así, lo prefiere a Belgrado, donde la rivalidad entre el Partizán y el Estrella Roja sobrepasa algunos límites: "No llevo a mi hijo al estadio por miedo a que pueda pasar cualquier cosa. El ambiente es demasiado caliente, hasta ahora no he vivo ningún episodio de violencia, pero por la ciudad si puedo evitar decir que Marc juega en el Partizán, mejor”"

Alba Vázquez tampoco tuvo una experiencia positiva con su pareja, Juanmi Callejón, en Arabia Saudí: "No podía hacer nada sin su tutela: no podía salir, no podía hablar y no podía ir al estadio a disfrutar de sus partidos. Aparte, si salía a la calle me tenía que tapar el cuerpo y recoger el pelo, cosa que como mujer me indignaba".

Miriam Domínguez y Marc Valiente con su hijo mayor en Belgrado.
Miriam Domínguez y Marc Valiente con su hijo mayor en Belgrado.

Consecuencias de la crisis

Criado en la cantera del Real Madrid, Juanmi es el hermano gemelo de José Callejón, internacional español y jugador del Nápoles. Ambos salieron de España a la par, pero mientras uno ha madurado su carrera en Italia, el otro tuvo que cruzar el Atlántico hasta en dos etapas distintas para encontrar la estabilidad en el Club Bolívar, uno de los más potentes del fútbol boliviano. "Estoy tan bien aquí que no he pensado en volver. Vivimos en un pueblo tranquilo, no estamos metidos dentro del estrés de una ciudad y la gente es muy cariñosa. Lo único malo es que a partir de las 18:00h ya no hay mucho que hacer", cuenta Vázquez, que, en ocho años de relación y teniendo en cuenta una breve estancia en Grecia, ha hecho el equipaje hasta en cuatro ocasiones.

Aficionada al gimnasio, como nuestra protagonista anterior, aprovecha el día para mantenerse en forma, quedar con las amigas y cuidar a sus dos hijos. "En Bolivia el colegio termina a las 12.00, por lo que tengo poco margen para disfrutar de mí y esto me rompe un poco", cuenta. Sin embargo, lo lleva bien, pues es consciente de que esto es tan solo una etapa de su vida: "Mi familia es lo más importante. Ahora me toca estar aquí porque mis hijos también necesitan a su padre, les encanta ir a entrenar con él cuando no tienen clases". Luego, volverá a su trabajo: "No tengo estudios, pero mi familia gerenta una tienda de vestidos de boda y una distribuidora en las que yo estaba haciendo mis horas antes de que nos tuviéramos que trasladar por el fútbol".

Estas navidades las pasará en España, a caballo entre su tierra, Extremadura, y Madrid. Añora a sus padres y reconoce haber vivido momentos duros estando fuera, como la muerte de sus abuelos. "El mundo sigue girando, tú estás a miles de kilómetros y no puedes evitar que sucedan cosas, perderte otras… hay situaciones que no son agradables y se llevan como uno puede", lamenta. Consciente de que, por estas fechas, y dado el buen rendimiento de Juanmi en el extranjero, puede llegar alguna oferta interesante de España, no esquiva la pregunta: "Nosotros nos fuimos prácticamente por la crisis y nos vino muy bien, pero ahora se está volviendo a equilibrar todo. Si hubiera algo interesante lo estudiaríamos, claro".

Son las historias del deporte rey, las historias de cualquier familia emigrante, a fin de cuentas. La diferencia es que marcharse de casa para ser futbolista nunca había sido una opción tan real y tan bien considerada como ahora. La globalización que afecta al fútbol ha permitido a muchos aventureros conocer diferentes culturas e idiomas, además de salvaguardar el futuro de sus familias en una profesión donde a los 35 años ya eres un jubilado. España sigue exportando talento y nuestro fútbol, más allá de debates, no se juega solo en La Liga.

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