Lopetegui no se enamora de la montaña rusa de Marcos Alonso
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miembro de una saga familiar de futbolistas

Lopetegui no se enamora de la montaña rusa de Marcos Alonso

El lateral, de largo recorrido y muy polivalente, está siendo una de las claves del buen hacer del Chelsea de Conte, pero el seleccionados nacional no ha mostrado intención de hacerle internacional

Foto: Marcos Alonso, en el Chelsea. (EFE)
Marcos Alonso, en el Chelsea. (EFE)

Julen Lopetegui no ha pronunciado aún el nombre de Marcos Alonso, aunque empieza a ser un clamor que el lateral merece un hueco en la selección. Es cierto, el flanco izquierdo está bien poblado en el equipo nacional y la competencia es dura, la cantinela que repite el técnico cuando tiene que justificar la ausencia del madrileño, jugador potente, fuerte, de más de 1.88 y con una altísima capacidad para sumarse al ataque. Todas esas cualidades futbolísticas las está demostrando en el Chelsea de los españoles, donde coincide con Morata, Pedro, Azpilicueta o Cesc. Todos ellos saben lo que significa ser internacional, a Marcos aún le queda por conocerlo.

Tiene 27 años, lo cual significa que ya no es una promesa. Lleva tiempo jugando bien, pero solo ahora su nombre es un grito para el combinado nacional. Su carrera es, por más factores de los que él quisiese, absolutamente atípica. Llena de altibajos, como su juego, una montaña rusa. Y eso que su nombre sonaba en los mentideros de Valdebebas como un seguro titular de futuro para el Real Madrid. Nunca ocurrió.

Foto: Julen Lopetegui dio este viernes la lista para los partidos contra Albania e Israel. (EFE)

Era conocido porque jugaba muy bien al fútbol, pero también, indudablemente, porque se apellidaba Alonso y eso, en el fútbol español, es una marca de pedigrí único. Y lo es para los tres equipos más grandes del país, pues su padre y su abuelo dejaron huella en el Atlético, el Barcelona y el Madrid. El primero de la saga fue Marquitos, primero central y luego lateral derecho que llegó al Real Madrid con más intención que fútbol.

Era un jugador tosco, como casi todos los zagueros de la época, y al verlo Di Stéfano le puso deberes. Le regaló una pelota y le obligó a que se la llevase a la pensión en la que vivía para que pasase el rato tirándola a la pared y controlándola. El consejo fue magnífico, Marquitos jugó diez años de blanco y se dio el gustazo de marcar un gol al Stade de Reims en una final de Copa de Europa.

Su hijo también era canterano del Real Madrid, pero en el club de Chamartín no se dieron cuenta de su potencial y terminó convirtiéndose en un ídolo para sus dos máximos rivales. Marcos Alonso Peña pasó por el Racing, el Atlético y el Barcelona, dejando buen sabor de boca en todos, especialmente en estos últimos donde es recordado por un gol en plancha en la final de Copa de 1983 al Madrid.

El apellido era, por lo tanto, un aliado y un enemigo para Marcos, que se decantó por la cantera del Real Madrid porque el Atlético le quedaba demasiado a desmano y en su casa querían siempre priorizar los estudios. En la Moraleja, en el colegio, empezó a despuntar como un jugador a tener en cuenta, como suele pasar en estos casos, muy por encima de sus compañeros que, asombrados, veían en él una estrella en ciernes.

Todo parecía un camino sencillo hacia la élite pero en los últimos pasos, los más complicados, los que llevan al primer equipo, empezó a trabarse. En el lateral izquierdo blanco la competencia era enorme y él, con cierto mal sabor de boca, optó por marcharse. La mejor oferta fue del Bolton, equipo del noroeste de Inglaterra, y allí se fue, con 19 años y la vida por delante. "Triunfar en el Real Madrid desde las categorías inferiores siempre es complicado. La presión por ganar títulos resta oportunidades a los jóvenes. Si me quedo en Madrid puedo estar años sin tener continuidad, pero tengo que jugar al fútbol al nivel más alto posible", comentó en su presentación. Su paso por Bolton le dio para forjar una fuerte amistad con De Gea, ya en el United en aquellos días.

Marcos Alonso pelea un balón contra Juanfran. (EFE)
Marcos Alonso pelea un balón contra Juanfran. (EFE)

El accidente de coche

No sabía Marcos Alonso que la vida estaba a punto de complicársele súbitamente. Debutó en la Premier el 1 de enero de 2011 y solo unos meses después, en mayo, tuvo un accidente que le acompañará para siempre, pues le costó la vida a una joven. El lateral conducía, dio positivo en el control de alcoholemia y superaba la velocidad máxima permitida en la calle Sinesio Delgado, donde acaecieron los hechos. Evitó ir a la cárcel, pero desde aquel momento su carrera y el accidente se encontrarían con frecuencia.

El paso por Bolton no fue del todo fructífero, en tres años jugó poco y terminó marchándose a la Fiorentina. Unos meses después volvía a Inglaterra, en este caso al Sunderland. El entrenador del equipo inglés, Gustavo Poyet, llegó a viajar hasta Italia para convencerle de que se fuese cedido a su equipo, que estaba pasando dificultades para mantenerse en la Premier. Se convirtió en un puntal en el equipo que se consiguió mantener gracias aun victoria final en Old Trafford.

Foto: Morata, tres goles y dos asistencias en cuatro partidos. (Reuters)

Marcos es diésel, fue creciendo poco a poco. Volvió a Florencia y, allí, encontró la calma y la distancia que requería desde muchos años antes. Un equipo de clase media, con buen equipo en el que pudo demostrar que no es un tronco, más bien todo lo contrario. Ese poderío en la banda, también jugando a veces como volante. Subiendo y bajando, convirtiéndose en uno de los mejores defensores del Calcio.

Y con eso fue también subiendo su cotización. Hasta llegar a los 25 millones, el precio por el que le cazó el Chelsea la temporada pasada. Un lateral izquierdo perfecto para Inglaterra, aunque solo fuese por su poderosísimo físico. No ha parado de crecer. Se hizo primero con la titularidad, se convirtió en campeón de liga, una pieza clave para Antonio Conte en una de las grandes historias de éxito del fútbol europeo. Marcos, incluso, marca goles.

El ruido ha llegado a Las Rozas, sede de la federación española. Sigue sin pasar por la selección, pero las voces que piden que acuda se escuchan cada vez más nítida. Un lateral de su altura, con su recorrido y tablas no tiene sentido lejos del equipo. Es polivalente además. Lopetegui sigue despejando balones, la vida de Marcos Alonso ha dado por el camino constantes volantazos. Ahora, en el Chelsea, parece haber encontrado por fin sus máximos. Y por talento y rendimiento suenan a la selección española.

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