el ambiente festivo brilló por su ausencia

Noche triste en el Calderón: cuando el único bar lleno es el que pone al Barcelona

El Atlético de Madrid jugó su primer partido de Champions en su nueva casa, el Wanda Metropolitano, mientras los vecinos del Calderón se lamentaban por las pérdidas económicas

Foto: El Doblete, uno de los bares que ya han echado el cierre. (Samuel Ruiz)
El Doblete, uno de los bares que ya han echado el cierre. (Samuel Ruiz)

Que Sofía pueda amamantar a Hugo a 100 metros del Vicente Calderón es un hecho histórico. “En un partido de Champions era imposible estar aquí, así de tranquila”, afirma la madre mientras el pequeño de ocho meses empieza a crecer. El Chelsea está a punto de poner rumbo hacia el Metropolitano, mientras que los vecinos del viejo templo colchonero se acostumbran al sabor agridulce de su nueva vida. Como Antonio y Marta, dos ancianos que pasean al ritmo del Manzanares. Los chicos del Cholo lo hicieron a otro nivel ante los ‘blues’, pero perdieron (1-2). Otra desgracia para los vecinos de la zona, aunque no tanto para el bar Manzanares, donde hicieron lleno al poner el partido del Barcelona en su televisor.

En los aledaños del Vicente Calderón corre, otro aire. A la fórmula del oxígeno a orillas del Manzanares le falta una partícula: la del fútbol. Pedro le enseña a su hija Ana la única formación de 11 que habrá cerca del antiguo estadio del Vicente Calderón. Son los patos que se bañan en el río. “Yo no hubiera pensado traer a mi hija con los aficionados del Chelsea aquí”, afirma, aunque los ingleses no estuvieran del todo mal vistos por la zona: “Nunca he tenido problemas con las aficiones. Además, así mejor, más cerveza bebían”. Habla José, camarero de bar El 7 de Zahonero, uno de los muchos afectados por la mudanza de ‘su’ Atlético, aunque no le gusta el fútbol. Como a muchos, simplemente es comerciante, de los que ahora pueden aparcar con facilidad en la zona.

La terraza de Pepe estaría llena si el Atleti jugase en el Vicente Calderón. (Samuel Ruiz)
La terraza de Pepe estaría llena si el Atleti jugase en el Vicente Calderón. (Samuel Ruiz)

Una Coca-Cola frente a 720 litros de cerveza

“Es una pena”, continúa José, quien tiene tiempo para hablar con El Confidencial. “Que se haya ido el Atlético de Madrid es una cosa que ha quitado bastante clientela”. En concreto, hasta el 70% del beneficio del mes, según afirma un local vecino que prefiere mantener el anonimato. “Un partido como el de hoy nos salvaba el mes entero. Yo pensaba que no se iban a ir nunca al Metropolitano, pero ahora sé que es verdad”, se lamenta el camarero con los ojos en proceso de inundación. Una Coca-Cola, esa es la única bebida que vendió en 15 minutos, cuando en un partido ‘grande’ en el Vicente Calderón se llegaban a consumir hasta 720 litros de cerveza.

“Nosotros podíamos vender hasta 1.500 euros de cerveza en una jornada”, afirma Juan. Sin embargo, el cocinero no echará de menos al equipo colchonero: “Esta gente se pensaba que nosotros vivíamos del fútbol, pero no es así”, dijo durante una conversación con este periódico a cuatro horas de que comenzase el encuentro. Un dato que contrasta con losde los demás hosteleros de la zona, que ven mermados su beneficios con la 'huida al Metropolitano’: “¿Que si se nota? Ten en cuenta que por aquí bajaban 40.000 personas para el partido”, cuenta Pepe, dueño de El Pescador, quien no le quita ojo al reloj para no llegar tarde al partido. Es socio del Atlético de Madrid desde que tenía cuatro años y su hija lo está esperando para ver por primera vez al Atleti en Champions en el Metropolitano.

En las inmediaciones del Calderón ya se puede aparcar. (Samuel Ruiz)
En las inmediaciones del Calderón ya se puede aparcar. (Samuel Ruiz)

De ocho a tres trabajadores

No solo barriles de cerveza se han quedado por el camino. Que ahora los clientes solo consuman “uno y medio o dos barriles” frente a los 12 que podían consumirse en uno de estos partidos se traduce directamente en el número de trabajadores. “Antes hacíamos cuatro veces más de la caja que hacemos actualmente”, dice Javier, trabajador del Alba's. “Ahora mismo esto estaría lleno. Hemos perdido a dos trabajadores”, dice el camarero mientras se fuma un cigarro esperando que alguna de sus mesas vacías se llene en su terraza, en activo desde el año 1994. De momento, tiene una mesa reservada para cuando termine el encuentro. Y de aficionados atléticos: “Son clientes de siempre, pero llegarán tarde”, expresa en relación a la distancia que separa su comercio del nuevo estadio.

Peor destino ha corrido Pepe, de El Pescador, quien antes tenía ocho trabajadores y en la tarde de este miércoles, mientras el bar de Juan echaba el cierre frente a la puerta 44 del Calderón, solo eran tres. Pero podrían sobrar dos: en su terraza solo había tres mesas llenas. “A estas horas esto estaba lleno y estaría vendiendo el doble de bocadillos, el doble de cervezas…”, dice el camarero, que lleva desde los 17 trabajando en el mismo bar, fundado en 1892. “Estaríamos llenos desde la una”, dice Pepe, quien, a pesar del beneficio, de lo que se alegra es de no tener cerca a la afición londinense: “El año pasado tomaron esto como su sede y tuvieron que intervenir los antidisturbios”, sentencia.

“Un día de partido podrías vender lo de tres días normales. Tenías un partido de fútbol y te levantaba el día, ahora es una mierda”, expresa en El Pescador quien augura un mal futuro para los negocios de la zona: “De esta calle para abajo lo van a notar no mucho, si no muchísimo. La mayoría van a acabar cerrados o vacíos”. Y ese, de momento, es el panorama en la zona. Algunos ya han vendido sus locales, otros lucen el cartel de ‘se alquila’ en sus fachadas y los restantes sobreviven: “Hay que adaptarse”, reflexiona el dueño de un restaurante que prefiere no revelar su nombre. “El chino [Wang Jianlin] va a crear sus propios locales alrededor del nuevo estadio”, revela para este periódico mientras se toma el último sorbo de su manzanilla.

Gregorio contempla el Calderón con tranquilidad a media hora del encuentro. (Samuel Ruiz)
Gregorio contempla el Calderón con tranquilidad a media hora del encuentro. (Samuel Ruiz)

Otra visión de negocio

En la baraja de las hipótesis aparece una nueva carta: la de la crisis económica. “El beneficio tiene más que ver con la crisis que con el cierre del Vicente Calderón. Antes cada persona podía gastarse 30 euros, ahora una cerveza y para el estadio”, dice Juan, que, a pesar de tener su bar justo en la puerta del antiguo estadio, está deseando que lo derriben: “Nosotros vivimos de los menús y cuando estén aquí los trabajadores haremos más caja. Ya lo vivimos con las obras de la M-30. Al final, son tres partidos buenos al año”, dice el más optimista de todos ellos, que minutos antes le sirvió el café a José Carlos, un colchonero de Murcia que quiere hacer el 'tour' en el Calderón por última vez: "Soy socio e intento venir siempre que puedo", dice mientras cierra su coche justo a las puertas del estadio: "Antes aquí no podíamos aparcar, lo teníamos que hacer, al menos, a un kilómetro", sentencia.

Para lo que sí servirá el Vicente Calderón hasta que eche el cierre definitivo será para acoger conciertos de artistas de renombre, que se espera que sigan actuando hasta que eche el cierre definitivo. Una utilidad bien acogida por los vecinos de toda la vida: “Por mí, haría conciertos viernes, sábado y domingo”, afirma Francisco, quien llega tarde al bar para ver a su equipo. Sin embargo, las opiniones también son dispares en este aspecto: "Que hagan edificios es una aberración. Yo haría un hospital o una universidad", dicen a este periódico desde El 7 de Zahonero. Pero lo cierto es que en los corazones de los comerciantes, los espectáculos también crearán un vacío: “Cuando hay conciertos, es la hostia”, nos dicen a este periódico desde El Pescador. “La última vez que vino AC/DC, solo en las mesas uno y dos hicimos 350 euros”, aclara el camarero, que no tiene ninguna duda de la repercusión económica de la situación.

"Donde hay una casa, hay un bar", mantienen los comerciantes que pretenden sobrevivir sin el Calderón. Pero sin duda, el que más lo echará de menos será Gregorio. A sus 85 años ha vivido todos los partidos del Atlético de Madrid, pero le falta más que un Calderón. Su hijo, “muy atlético”, no pudo ver a su equipo estrenarse en el Metropolitano. Hoy, su noche no será como la del Bar Manzanares, el único lleno. Rubén sintonizó el FC Barcelona. “Este cabrón nos ha puesto el Barça”, se oyó decir mientras Suárez anotaba el único gol del partido. A orillas del Manzanares ya se puede aparcar en partidos de Champions.

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