sigue siendo clave en el equipo

Karim Benzema y la eterna historia del que no marca los goles pero lleva la batuta

Benzema no marcó tampoco en la final del mundialito, pero fue esencial para que el ataque del Real Madrid fluyese convenientemente. Con 17 títulos en el club blanco, es parte de su mejor historia

Foto: Benzema encara a Ismail Ahmed. (Reuters)
Benzema encara a Ismail Ahmed. (Reuters)

Los diseñadores de Adidas ya plantean cada temporada que tendrán que lidiar con un parche en el pecho de la indumentaria del Real Madrid. Una placa dorada, grande, que obliga a que implica pensar cómo hay que distribuir el resto de elementos obligados en una camiseta: el logo de la empresa, el escudo del equipo, la inevitable publicidad... lo que es, por definición, algo excepcional, el Real Madrid lo ha convertido en una rutina. Ser campeón del mundo suena a poco porque esta competición tiene el fuste que tiene, pero supone ser también campeón de Europa, haber dominado las dos competiciones, esta y la continental, durante un trienio completo. Pueden intentar minusvalorarlo, pero no deja de ser una proeza. Sus jugadores, en consecuencia, han ido sumando títulos hasta reventar poco a poco la historia. Ir subidos en el lomo de una criatura así te encamina sin disimulo.

Karim Benzema es un ejemplo vivo de todo esto. Cuatro veces campeón de Europa, otras tantas campeón del mundo, siempre como una parte integral del equipo, importante, necesario. No siempre culminante, ya se sabe, porque el chico no tiene olfato, pero para todo lo demás, el francés es un prodigio, con la sensibilidad en las botas y una capacidad tremenda para sumar y hacer que todos sus compañeros parezcan todavía mejores de lo que son.

Prueba evidente, el primer gol del Real Madrid. La bola circulaba por la frontal del área y él estaba de espaldas al marco, rodeado por defensas del Al Ain. Una buena parte de los delanteros se hubiesen estrellado contra ese muro, todo aquel que ha estado en esa posición sabe de las dificultades de jugar de espaldas, los problemas que tiene quien está acostumbrado a ser el último de los compañeros en encontrar una salida en esa posición. Benzema no se agobió, cuerpeó y la dejó con suavidad a Modric, que llegaba de frente a su posición con la pierna izquierda preparada para vacunar a sus rivales.

El balón es su amigo

La gloria es de Modric, pero no hubiese sido posible sin el genio de Benzema. Esta frase, cambiando tantas veces como se quiera el primer nombre, es bastante común en la historia reciente del Real Madrid. Los blancos, en Abu Dabi, jugaron bien y tuvieron el balón, cuando eso ocurre, el francés brilla. Es de esos jugadores que necesita un entorno ofensivo, no es un cazador furtivo, entiende el fútbol como el ballet, un constante de arabescos y florituras, modos para desarbolar a los rivales desde el balón. Todos son futbolistas, pero hay poquísimos como Benzema.

Sí, es cierto, el nueve que porta en la espalda no lo justifica con goles, nunca lo ha hecho y no es una locura asumir que no lo hará. No es que no marque goles, que de vez en cuando también se pone en la tarea, es que eso ni es su prioridad ni es lo que le justifica como jugador de fútbol. Poco después de la jugada del primer gol, se tiró a la banda derecha. Se encontró por el camino a un defensa emiratí que aún busca qué pasó con Benzema. Con un toque finísimo se lo quitó del camino, dos pasos más hasta llegar al área, un pase para atrás que parecía letal y, finalmente, un fallo de un compañero que no culminó el gol.

Simeone, en el Asado Reservado de Julio Maldonado en Canal +, se reía mucho de un mítico gol suyo. "No se sabe si me voy por potencia o por calidad", decía el Cholo que hoy es un excelente entrenador y, en su momento, fue un jugador más esforzado que fino. Con Benzema nunca hay dudas, siempre es por talento, no enseña los dientes ni pone cara de velocidad, le basta con dar el paso correcto, con la potencia adecuada, la suavidad de quien parece llevar zapatillas de bailarín más que botas con tacos de aluminio.

17 títulos de blanco

Lleva 17 títulos con el Real Madrid, cuatro Champions, cuatro mundiales, tres supercopas europeas y dos españolas, dos copas del rey y otras tantas ligas. El recuento es todavía más importante si se tiene en cuenta que él fue, en casi todos los casos, titular y esencial. En el Real Madrid de estos últimos tiempos, uno de los equipos más exitosos que ha visto el mundo, se recordará a Cristiano, la fe de Ramos o el inconmensurable talento de Luka Modric. Siendo todo eso cierto, en este menú también hubo siempre un hueco para el delantero que no marcaba goles pero hacía felices a sus compañeros. El gato, que dijo un día Mourinho, poco capaz de entender que el fútbol a veces no es guerra sino juego, que la pelea puede valer, pero el éxito real es lograr hacer de todo esto un arte.

Karim Benzema, con su media sonrisa y su mirada lánguida, tuvo años de pasión, momentos en los que su vida fuera del terreno de juego llevaba a pensar que ese tren podía descarrilar. Fueron muchos sus errores, difícilmente exculpables. También es cierto que, en lo futbolístico, los ha pagado con creces. La Federación Francesa decidió hace años que no era apto para su selección. Un episodio de extorsión a Valbuena, relacionado con el muy nocivo entorno de Benzema, le terminó de sacar del combinado nacional. Hoy, probablemente, sería campeón del mundo, pues es complicado dudar que un jugador de su nivel no tuviese sitio en el equipo, desde el punto de vista estrictamente futbolístico.

Consecuencias de una juventud errática, aunque él bien podría decir que otros muchos no pagaron tanto por sus actos. No haber sido un recurso en Francia no quita para que en el Real Madrid haya desempeñado una labor fantástica. Tiene 31 años y en verano cumplirá 10 años de blanco. En ese tiempo ha sido de todo, estrella y estrellado, odiado por parte de la grada, ha tenido que competir contra jugadores menores que él y hacer pedagogía con la afición. No es, quizá por su frialdad y timidez, un ídolo absoluto de la grada, más apegada a los gritones y tribuneros, pero 17 títulos después ha logrado hacer entender que, a falta de goles, él ha sido una pieza importante en los muchos sueños que el madridismo ha vivido en el último lustro.

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