apunta a salir el próximo verano

Sergio Ramos trató de mediar por Isco, pero su desdén le sigue distanciando del grupo

El capitán blanco era su último aliado en el Real Madrid, pero la nula celebración de Isco y la actitud general del malagueño han terminado por distanciarle de sus compañeros y de la directiva

Foto: Isco, en el partido contra el Kashima. (EFE)
Isco, en el partido contra el Kashima. (EFE)

Isco ha emprendido un camino sin retorno que finalizará irremediablemente con su salida del Real Madrid antes que después. Su actitud en las últimas semanas ha dejado clara su postura a veces indolente a veces desafiante que ha terminado por distanciarle del vestuario, de la afición, de la directiva y, especialmente, del cuerpo técnico.

Algo que se ha vuelto a repetir en el Mundial de Clubes. Antes de viajar a Abu Dabi Sergio Ramos, desde su rol de capitán, habló con el malagueño. El de Camas le pidió un cambio de actitud, que no se mostrase tan distante con el grupo, y a cambio le prometió que él se encargaría de 'reintegrarle' en el grupo. Isco escuchó al sevillano, con el que mantiene una buena relación, y todo quedó en buenas palabras.

Pero llegaron los partidos y el malagueño volvió a ser relegado a un papel residual por Santiago Solari. En la semifinal ante el Kashima Antlers volvió a sentarse en el banquillo. Mediado el segundo tiempo Isco sustituyó a Lucas, disputando 22 minutos que no le sirvieron para ganarse la titularidad en la final ante el Al-Ain.

Isco calentó en uno de los fondos del Zayed Sports City Stadium durante gran parte de la segunda mitad, pero Solari prefirió que entrasen al campo Casemiro, Dani Ceballos y Vinícius Júnior, jugadores estos dos últimos que han adelantado al de Arroyo de la Miel. Cuando Sergio Ramos anotó el tercer tanto de los blancos en el minuto 78 el de Camas corrió hacia Isco para celebrar con él su gol. Trató de hacerle partícipe de la euforia del equipo, que certificaba su tercer título consecutivo en un Mundial de Clubes, pero el malagueño volvió a exhibir la misma desidia que le ha distanciado del grupo.

Cuando el árbitro indicó el final y se desató la fiesta de los blancos en el césped, Isco se mantuvo al margen dejando claro que no se sentía partícipe de la gesta de sus compañeros. Se refugió en un segundo plano en la celebración, cuando el equipo recibió el trofeo se situó en la parte más alejada a Solari, y posteriormente no quiso participar en la vuelta de honor del equipo. Su gesto serio y distante vestido con la sudadera de entrenamiento mientras el resto de jugadores se colocaba las camisetas de campeones, evidenciaba su incomodidad.

No le apoya la directiva

Sergio Ramos cumplió lo hablado y realizó un gesto para implicarle en el grupo, al dedicarle el gol, pero el malagueño no cumplió su parte del trato. No se mostró cercano ni empatizó con sus compañeros durante la celebración. Ni siquiera con Ramos, quien le invitó de nuevo a cambiar el gesto sobre el césped. Pero Isco mantuvo su desgana, gesto que no ha pasado por alto en los despachos del club, por más que traten de maquillar el problema filtrando a sus medios afines el apoyo de la directiva hacia el malagueño.

La realidad es que Isco está en el mercado y será junto a Gareth Bale una de las operaciones clave del verano para el Real Madrid, por el dinero que puedan dejar en las arcas blancas. Los compañeros están cansados de la actitud desafiante del malagueño y la directiva está cansada de sus malas caras y una soberbia que ha roto su vínculo con la plantilla y con la grada.

Sergio Ramos era su último valedor en el grupo, pero la actitud de Isco en Abu Dabi ha dejado en mal lugar ante el grupo al capitán. Isco, que rechazó en su día ser representado por René Ramos, hermano del capitán, parece que ha decidido romper lazos con la plantilla y acumula con su actitud argumentos para que el entrenador le mantenga en el banquillo y el club le ponga en el mercado. 2018 acaba con Isco en una situación embarazosa de la que el malagueño es el único y gran culpable. Un jugador que ha perdido su sonrisa y con ello parte de su magia. 2019 será otro año. Quizás el de su salida del Bernabéu.

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