confesiones en su despacho

El éxito detrás de Ginés Carvajal: "Todo lo que soy en este mundo se lo debo a Raúl"

De una agencia de viajes a convertirse en uno de los representantes más afamados y reputados para llevar la carrera exitosa de Raúl como futbolista y la que empieza como entrenador

Foto: El agente Ginés Carvajal, en su despacho. (Patricia Seijas)
El agente Ginés Carvajal, en su despacho. (Patricia Seijas)

“Esto no es vocacional. No se va a la universidad a que te enseñen cómo se aprende a ser un agente de futbolistas”, responde Ginés Carvajal a El Confidencial con ese tono categórico que le ha caracterizado en los casi 40 años que lleva en un oficio al que entró con habilidad. Ginés, una persona con agudeza y clarividencia, aprovechó una de esas oportunidades inesperadas en la vida y se convirtió en pionero en el complejo y salvaje mundo de la representación de futbolistas. Desde los noventa y hasta hoy en día, es uno de los representantes más importantes, influyentes y prestigiosos del fútbol internacional cuya reputación, responsabilidad y discreción le han permitido tener la puerta abierta de cualquier club de fútbol.

Todo empezó en 1981, cuando un pequeño empresario de una agencia de viajes recibió el encargo de financiar los desplazamientos de selecciones europeas de fútbol a Sudamérica. El emprendedor Ginés Carvajal se embarcó en uno de esos vuelos con el equipo de Checoslovaquia y en ese momento se le abrieron las puertas del fútbol. Formó parte de la expedición oficial de dicho país en el Mundial de 1982 que se disputó en España —una placa cuelga en una pared de la oficina y convivió con el famoso Antonin Panenka el futbolista que ha dado nombre al lanzamiento de un penalti—. Hasta el día de hoy no ha parado ni tiene pensado hacerlo: “No noto el estrés porque sigo teniendo ilusión y energía. No paro de viajar”. Su gestión a lo largo de estas cuatro décadas ha provocado que aún continúe llevando la carrera profesional de futbolistas de primer orden como Dani Carvajal, Lucas Vázquez y Reguilón (Real Madrid), Pablo Sarabia (Sevilla), Jesé (Paris Saint-Germain), Cheryshev (Valencia)...

La charla mantenida con El Confidencial tiene lugar en su despacho —en un séptimo piso de una céntrica calle de Madrid que linda con el paseo de la Castellana—, el cual tiene dos estancias principales. Nos recibe en una mesa invadida de papeles —de los que muchos serán contratos o borradores de ofertas, intereses, cláusulas e informaciones confidenciales— y revistas. Acicalado con un traje de etiqueta, da permiso a la fotógrafa —Patricia— para que se pasee por la estancia y capte esas fotografías y portadas de periódicos de algunos de sus más populares representados —como Raúl o Fernando Morientes—. Entre esas paredes, se han discutido asuntos que darían la vuelta al mundo informativamente y otros que se han quedado a las puertas.

Morientes y Raúl, con la Roja. (Patricia Seijas)
Morientes y Raúl, con la Roja. (Patricia Seijas)

Después de romperse el hielo, se pone cómodo quitándose la chaqueta y quedando visibles los tirantes de un superagente. A sus espaldas, al fondo, hay una puerta corredera entreabierta desde la que se puede ver una sala de reuniones de donde saldrían historias para un ‘best-seller’, pero Ginés Carvajal no vende sus secretos de profesión. No es misterioso. Ni enigmático. Es cuidadoso y reservado. Tiene coraza. Lo que, por otro lado, habla bien de su manejo como intermediario. “Cuando empecé en esto, no había en España más representantes que Alberto Toldrá, Miguel Santos y yo. Toldrá para mí fue muy importante. El secreto o las mejores normas para estar tantos años en la intermediación es haber sido honesto, honrado e ir con la verdad por delante al jugador. Siempre hay que ser transparente con el cliente, en este caso el jugador, porque es el último que tiene la palabra. No hay más secreto. Los agentes son lo que son gracias a los jugadores y el éxito siempre está en sus manos. Si el rendimiento es bueno, tenemos armas para una mejor negociación. No hay tácticas. Hay que regirse en función del comportamiento del mercado y saber las posibilidades que tiene el futbolista en otros lugares. Si tiene mucho mercado, es más fácil conseguir tus objetivos. Yo he perdido dinero con ofertas más importantes. Pero lo que no puedes es traicionar al jugador y su voluntad. Son seres humanos, con deseos y familia. No puedes hacer lo que te apetezca”, confiesa Ginés para concretar la complejidad de la intermediación.

Adolfo Aldana, el primer cliente

El primero de sus clientes fue Adolfo Aldana, un centrocampista que jugó en el Real Madrid a finales de los ochenta y principios de los noventa. “Aldana fue la primera operación. Quedó libre en el Madrid y lo llevamos al Deportivo. Aquí empecé a conocer este trabajo, que consiste en ser la bisagra para acercar posturas. Siempre, desde el primer día hasta hoy, decidí que no firmaba un contrato privado con un jugador. No creo en esta forma de actuación, que puede llevar a líos, juicios… La representación se tiene que basar en la confianza y mis acuerdos con los clientes son verbales. Tengo, como digo, esa función de bisagra. Sin papeles de por medio con el jugador. Así empecé y fuimos creciendo con más jugadores por la confianza que depositaban y el boca a boca”. Parece simple y sencillo este procedimiento tradicional que perdura en una época en que fondos de inversión compran jugadores o parte de sus derechos, hay agentes que captan futbolistas con falsas promesas que estropean su carrera deportiva o clubes poderosos que tienen sus propias herramientas para eliminar a los agentes. Ginés Carvajal sigue funcionando, junto con Armando Ufarte y Arancha Carvajal su hija—, con el valor, la fuerza y la credibilidad.

Cree más en la palabra que en un contrato y no le ha ido mal. Los que no le ubiquen, que recuerden la figura de Raúl González Blanco, un mito que se ha convertido en su tesoro, puesto que gestionar la carrera tan longeva y exitosa de una estrella internacional como Raúl —16 temporadas en el Real Madrid— significó el mejor reconocimiento al trabajo de intermediación y asesoramiento. Hoy siguen juntos. Raúl ha empezado una nueva etapa profesional como entrenador y está en las categorías inferiores del Real Madrid. “Todo lo que soy en este mundo se lo debo a Raúl. Era un buque insignia internacional. Un icono. Muchos equipos preguntaron por su situación cuando estaba triunfando en el Real Madrid durante tantos años, pero…”. Ginés guarda silencio —es un especialista en callar y mirarte a los ojos para que no insistas porque no vas a conseguir más información—. Decide no desvelar esas ofertas o locuras que quisieron hacer clubes del extranjero para convencer a Raúl de que abandonara el Real Madrid. En Italia ponían mucho dinero sobre la mesa para llevárselo, pero se cumplió su voluntad de hacer historia en el club blanco.

El fichaje de Luis Enrique por el Barcelona

Era la época de los noventa, la del Ginés Carvajal en pleno apogeo, en la que crecían el trabajo de representación, las negociaciones, los viajes, contactos, decisiones, reuniones con altos ejecutivos, presidentes de grandes clubes… Una vida frenética. “Por esos años, la operación récord que hicimos fue la de Gaizka Mendieta, del Valencia a la Lazio, por 8.000 millones de pesetas. Fueron llegando clientes como Luis Enrique, Cañizares, Míchel Salgado, Casillas, Víctor Valdés, Iván Helguera, Lubo Penev, Iván Zamorano, Molina, Rubiales…”, recita tirando de memoria. Hace una pausa y recalca: “Yo fui el representante de Luis Rubiales [hoy presidente de la Federación Española de Fútbol], Luis Enrique [hoy seleccionador de fútbol] y Francisco José Molina [hoy director deportivo de la Federación]“. Casi nada. Y sonríe con un gesto triunfal.

Merece la pena detenerse en la figura de Luis Enrique, porque a Ginés le tocó vivir en primera persona el estruendoso final del asturiano en el Real Madrid y el 'fichaje bomba' con el Barcelona. El diario ‘Marca’ descubrió un reconocimiento médico secreto para el Barça en una clínica privada de la capital. Ginés Carvajal hace un gesto como si quisiera aguantar la respiración y eludir el tema. Recordar la situación le incomoda, pero en la intermediación se pasa por este tipo de atolladeros. Los hechos fueron desagradables por el enfado del asturiano con el medio de comunicación deportivo y su reacción al ser descubierto la pagó el fotógrafo. Ginés Carvajal, después de tantos años, le quita importancia: “El Real Madrid no quiso renovar a Luis Enrique ni a Zamorano en esa época. No fuimos por detrás. Simplemente, el Real Madrid no estaba interesado porque ficharon a otros jugadores como Súker, Mijatovic…”. Para suavizar el episodio, Ginés mete el nombre de Zamorano y se refiere a un cambio de ciclo que ponía en marcha por esas fechas de 1996 el presidente del Real Madrid, Lorenzo Sanz.

Raúl, muy presente en su despacho. (Patricia Seijas)
Raúl, muy presente en su despacho. (Patricia Seijas)

A gusto con Florentino

El capítulo de los presidentes es como entrar en un bazar. Las ha tenido de todos los colores. Buenas negociaciones, fluidas, sencillas, complejas, tensas, desesperantes, agotadoras… Su estampa ayuda a comprender la paciencia de un negociador. Tiene magnetismo. “No me considero un seductor ni nada parecido cuando negocio. Me gusta ir al grano. Siempre respetando el proceso de las negociaciones. Claro que cada presidente es diferente y no es fácil empatizar con todos de la misma forma, pero la conclusión que saco es que cuando terminas una negociación es porque las dos partes están satisfechas. El fútbol es muy pequeño y lo que hoy es no mañana vuelve. No hay que cerrarse puertas nunca. Yo, por ejemplo, con Florentino Pérez estoy muy a gusto siempre que tengo la ocasión de negociar. Florentino defiende a muerte la postura del club y, aunque no llegues a un acuerdo, siempre es cordial. Él defiende sus ideas, yo las del jugador y la relación no tiene por qué ser difícil. He negociado con muchos dirigentes y el más duro era Lendoiro —expresidente del Deportivo—. Le gustaba reunirse por la noche y prolongar las negaciones hasta la madrugada. Te citaba a las 23:00 y te daban las tantas. Era su táctica y pensaba que le daba ventaja, porque eran negociaciones de desgaste. He negociado con diferentes presidentes del Barcelona, como Joan Gaspart, Laporta, Sandro Rosell y Bartomeu. Con el Barça, lo que más costó fue la renovación de Víctor Valdés con Laporta. También era duro... También recuerdo a Jesús Gil y Gil con mucho cariño. Era un tipo entrañable, campechano y también duro defendiendo sus intereses, pero eran negociaciones que resultaban agradables y entretenidas”. Entretenidas, seguro que debían de ser.

El de Ginés Carvajal, un despacho modesto, pero con una vida intensa.
El de Ginés Carvajal, un despacho modesto, pero con una vida intensa.

Llevamos hora y media de charla. Frente a frente. Sin un vaso de agua, sonando el teléfono cada 10 minutos —entre llamadas y mensajes—, y solo lo ha descolgado en un par de ocasiones. Antes de salir del despacho le pido su opinión sobre cómo es y qué futuro le augura al presidente Luis Rubiales en la Federación: “Es una persona cercana. Un peleón. Se ha hecho a sí mismo y se ha preparado bien porque es un trabajador. Todo eso le tiene que llevar al éxito, porque siempre le ha puesto mucho esfuerzo”. Era la penúltima pregunta, porque la última la reservo, nuevamente, para Raúl —le cambia la expresión de la cara cada vez que pronuncio su nombre— y su futuro como entrenador. “Raúl es el espaldarazo que cualquier representante necesita en esta profesión. Ahora empieza su carrera de entrenador y tiene alma, personalidad, conocimientos, las ideas claras y capacidad de trabajo para lograr lo que se proponga”. Así nos despedimos del hábitat del afamado representante del fútbol donde destaca un cuadro de Raúl, con la camiseta del Real Madrid celebrando un gol y su firma.

Por cierto, del mismo modo que su fidelidad y compromiso han provocado largas relaciones con sus futbolistas, la agencia de viajes con la que empezó todo tampoco la ha abandonado. Sigue ahí, debajo de su oficina de representación.

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