ALLÍ SE DECANTÓ POR EL PSG

La fiesta de Mbappé en Tánger y cómo decidió pasar del Real Madrid

La Supercopa francesa hace un año en Tánger marcó un antes y un después en el futuro del joven galo. De fichar por el Madrid, a rebelarse contra el Mónaco para vestir la camiseta del PSG

Foto: Mbappe (d) en su último partido oficial con el Monaco. (Reuters)
Mbappe (d) en su último partido oficial con el Monaco. (Reuters)

Tánger volverá a lucir sus mejores ropajes este domingo para acoger, por segundo año consecutivo, un choque de altos vuelos. Al Barça-Sevilla que abrirá oficialmente en el coqueto Ibn-Batouta Stade la temporada en el fútbol español precedió, en los albores del ejercicio precedente, un Mónaco-PSG que, sin entonces saberlo, acabaría teniendo una incidencia capital en el futuro del recientemente elegido mejor jugador joven del Mundial de Rusia, Kylian Mbappè.

Mbappè aterrizó en el norte de Marruecos convencido de que el ‘Trophée des Champions’, ergo la Supercopa francesa, sería su último partido oficial con la camiseta del Mónaco antes de poner su espectacular cambio de ritmo al servicio del… Real Madrid. Así lo había decidido el dueño ruso del club del Principado, Dmitri Rybolóvlev, seducido por la irrechazable oferta económica de Florentino Pérez que, de paso, le quitaba de encima un problema deportivo de armas tomar: reforzar al PSG, su gran rival en la lucha por revalidar el título liguero, que en esos días parecía tenía ojos sólo para Neymar, aunque ya había dado muestras de estar también por la labor de acometer la contratación de la joven perla monegasca.

Empero, algo cambió en ese par de días que el Mónaco pasó en tierras africanas porque a la vuelta de un choque que acabó con derrota de los de Leonardo Jardim, remontada incluida del once parisino, Kylian y su padre, Wilfried, rompieron su entente cordial con el club respecto al futuro inmediato del joven prodigio y pusieron en conocimiento del Mónaco el deseo del chaval de vestir la camiseta del equipo del que era hincha desde pequeño.

Puede que fuera el brutal recibimiento que tuvo el once de Unai Emery desde que plantó bandera en el césped del Grand Stade de Tanger, con 45.000 hinchas, en su inmensa mayoría del conjunto capitalino, abarrotando los graderíos, o tal vez la locura que se desató en el propio recinto y después en las calles de la ciudad marroquí por la victoria de las huestes parisinas, lo que despertó en Mbappè ese sentimiento de pertenencia hacia el club de sus amores, hasta ese instante oculto bajo la zamarra monegasca. El caso es que su percepción de futuro daría un giro de 180 grados desde ese día y le mantuvo enfrentado con las altas esferas de su club hasta que el día del cierre del mercado logró su objetivo de cambiar el Santiago Bernabéu por el Parque de los Príncipes como destino final.

Entre medias, 33 días de caras largas y pulsos permanentes con una entidad que se esforzó, mientras trataba de reconducir la situación en dirección hacia Concha Espina, en enmascarar la rebeldía deportiva de su joven y emergente estrella, determinada a marcharse a la Ciudad de la Luz al precio que fuese.

Mbappe marca en la final del Mundial. (Reuters)
Mbappe marca en la final del Mundial. (Reuters)

En huelga 'de brazos caídos'

Tanto fue así que Mbappè sólo volvería a calzarse la elástica rojiblanca del AS Monaco una vez más: sería una semana después de perder la Supercopa, en el arranque de la Ligue 1 ante Toulouse, choque que su equipo acabaría ganando con mucho sufrimiento (3-2). Ese día, Kylian ingresó en el once de salida, pero sería sustituido a un cuarto de hora del final luego de marcarse una actuación más que discreta, muy lejos de lo que había demostrado ser capaz de hacer durante los cinco primeros meses mágicos de 2017.

El enfrentamiento club-Mbappè iría in crescendo con el paso de los días, máxime después de que el Mónaco informara a su padre que si su hijo no accedía a fichar por el Real Madrid, no iría a ninguna parte y se quedaría, al menos una temporada más, en el Louis II. Semejante noticia sentó a cuerno quemado a un Kylian que, sabedor ya de la llegada de Neymar a París y también de las intenciones del PSG para con él, optó por bajar los brazos en los entrenamientos. Consecuencia de ello fue su exclusión del once en la segunda jornada liguera, frente al Dijon. Su inesperada ausencia del equipo inicial sería justificada como “una decisión del club” por parte del técnico luso, Leonardo Jardim.

El propio entrenador portugués trató de convencer a los medios unos días más tarde de que la no convocatoria de Mbappè para el encuentro ante el Metz venía motivada porque “Kylian no está al 100%, arrastra unas molestias y hemos decidido darle descanso”. Y lo mismo sucedería frente al Marsella, aunque en esta ocasión su regreso al banquillo no fue óbice para que Jardim, siguiendo al dedillo los designios establecidos por Rybolóvlev, le hiciese partícipe del 6-1 que le endosaron a los de la Provenza.

Un partido amistoso, frente al Nimes, fue el último compromiso de los monegascos que el explosivo atacante se perdería antes de que el PSG encontrara la fórmula de la Coca-Cola, a modo de cesión por un año con opción de compra obligatoria de 180 millones de euros, el último día de mercado para que Mbappè culminara felizmente su rebelión dando calabazas a Florentino Pérez y al Real Madrid.

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