es un atleta muy versátil

Las verdaderas opciones de Bruno Hortelano en el 200 y sus virtudes contra los rivales

Bruno Hortelano se planta en Berlín como el segundo mejor atleta en el doble hectómetro de todos los participantes. Su inteligencia y su capacidad para superarse son claves en su éxito

Foto: Bruno Hortelano y su récord. (EFE)
Bruno Hortelano y su récord. (EFE)

Bruno Hortelano va mucho más allá de una bonita historia de superación personal. Es cierto, el simple hecho de estar en los europeos de Berlín ya es un mérito después del accidente en la A-6, pero aquella tragedia no define al atleta, que antes de eso ya era muy bueno y después, tras un intenso trabajo, es mejor todavía. Su talento es único en la historia de la velocidad española, aunque quizá dejarlo en esa frase sea un poco cicatero. Al fin y al cabo, tampoco el atletismo español anda sobrado de referentes en sus pruebas. Bruno va prácticamente abriendo camino, lo cual en el deporte más ancestral, en el año 2018, es algo sorprendente. No es que otros muchos no lo hayan intentado, o que no haya una labor didáctica previa antes de la llegada de Hortelano, pero en cuestión de resultados, hasta su aparición, España nunca tuvo motivos para ponerse nerviosa antes de una carrera de máxima velocidad. Ahora le ve en semifinales, como este miércoles, y entiende que hay algo grande. Ganó su serie con 20.29, dejándose ir en los últimos metros, con un estilo casi perfecto y demostrando su gran estado de forma.

Son muchos los factores que han hecho de Hortelano un atleta de élite, aunque los primeros hay que buscarlos en la materia prima. Físicamente fuerte, tiene una altura buena para las carreras de velocidad y una fuerza importante, necesaria para tener éxito en el tartán y que, quizá, ha sido siempre la mayor ausencia en los atletas de la velocidad española. El atletismo engaña poco, para llegar a ser una estrella se necesita una genética privilegiada, no se puede hacer correr a un burro como un purasangre. Bruno es un purasangre.

Obviamente no llega a lo que puede ofrecer un atleta de origen caribeño o del golfo de Nigeria, los lugares del mundo sobre los que se cuenta la historia de la velocidad mundial. Suficiente, eso sí, para lucir a nivel europeo y competir cuando toque la escena mundial. El primer argumento, obvio, para pensar que es capaz de ser campeón continental es, ni más ni menos, que ya lo ha hecho. Es cierto que Amsterdam fue un evento algo anticlimático, siempre lo es el europeo de los años olímpicos, pero el hecho de haber sido el mejor allí ya marca la calidad del atleta.

Hortelano llega con 26 años a Berlín, una edad magnífica para un atleta, en su caso, además, ha pasado una temporada sin competir, lo que hace que esté menos 'quemado' que otros de su misma generación. Una pequeña ventaja dentro de la enorme desgracia. Es, además, un atleta muy versátil, algo que demuestra el hecho de que actualmente combine los récords nacionales de 100, 200 y 400, un rango poco común en un velocista. En todas las pruebas es brillante. Hasta esta temporada, prácticamente no había entrenado la vuelta a la pista. Este año, como manera de volver, cargó más sus entrenamientos y exploró una distancia en la que los velocistas más puros sufren. Él no tuvo problemas, es más tiene el segundo mejor registro de la temporada, aunque no vaya a participar en esa prueba en este europeo.

Resistir la velocidad

Bruno Hortelano demostró así que tiene las dos variables más importantes para dominar estas pruebas. Por un lado la potencia, con una marca cercana a los diez segundos y en cien metros, la capacidad de poner la máquina al máximo de revoluciones y hacer que las zancadas suban en frecuencia para viajar lo más rápido posible. Pero con eso no es suficiente, menos aún en las pruebas más largas, también es necesario tener una notable resistencia a la velocidad, ser capaz de moderar el lactato y que los músculos no se quejen hasta que no se ha cruzado la meta. Los 400 metros son una prueba de dolor, los atletas que en ella compiten saben que los entrenamientos son los más duros posibles, porque resistir esa distancia a máxima velocidad asegura que las piernas quemarán al final. Esa capacidad distingue a los grandes atletas, como Hortelano.

El atletismo, en todo caso, va más allá de las piernas. Es obvio que Hortelano tiene una buena cabeza, pues solo así se entiende que haya podido volver a un nivel incluso superior al que tenía previamente. Cuando todo va bien, al deportista le funciona casi cualquier cosa, pero una recuperación de lesiones que duran más de un año implica una voluntad especial. Para empezar, porque cuando Bruno tuvo el accidente tampoco era del todo seguro que pudiese volver a competir, menos aún que volviese al nivel que tenía previamente.

La mente es un prodigio y un misterio. Hortelano tenía que convivir con una mano atrofiada que los cirujanos se esmeraron en recuperar, pero que no dejaba de ser un cambio atroz con respecto a la vida normal de una persona si problemas. Las recuperaciones son solitarias y dolorosas, los avances existen, pero muchas veces no se perciben como tales, para alguien que ya en ese momento era la cara del atletismo español, todo aquello tuvo que ser obligatoriamente duro.

La mano de Hortelano. (EFE)
La mano de Hortelano. (EFE)

La inteligencia del migrante

Ahora, meses después, cuando las marcas han vuelto a los máximos, Bruno recuerda los momentos difíciles, el dolor, el duelo, la sensación de que no se iba a volver a ser el mismo. Porque si todo ser humano duda, es parte de la naturaleza, uno en apuros lo hace con más frecuencia. Su año 2017 consitió en recuperarse, tener jornadas horribles y muchos días en los que se acostaba pensando si todo esto tenía sentido. Ser capaz de derrotar esos demonios es clave para entender la mentalidad del atleta.

Ya antes de todo aquello, Hortelano había demostrado su capacidad mental. Es uno de esos atletas que siempre llega a la competición dispuesto a dar la mejor marca. Como le ocurría a Bolt, que reventaba sus números en los mayores escenarios, Bruno da lo mejor de sí mismo en la competición, es ahí donde rebaja sus marcas y muestra su mejor versión. En España hay una gran tradición de atletas que llegaban con enormes expectativas que se rompían como pompas de jabón. No es el caso.

Quizá también porque Hortelano es un español atípico. Nació en Australia, pasó su infancia en Canadá y se desarrolló como atleta en el ultracompetitivo mundo de la universidad estadounidense. Su vida siguió la de sus padres, investigadores de esos que no entienden de fronteras porque el siguiente gran hallazgo no te irá a buscar, tendrás que encontrarlo tú. No es un inmigrante al uso, pero algo de eso hay, implica su vida una capacidad de adaptación a nuevos países y entornos, retos probables para un deportista que, además, es muy carismático. El atletismo español necesitaba una figura como él.

Todas estas cuestiones psicológicas subyacen en una mente privilegiada. Los que conocen a Bruno Hortelano saben que su éxito en el atletismo podría haberse replicado en muchas otras disciplinas, no es uno de esos deportistas sin más horizonte que correr o jugar. Estudió ingeniería biomédica en Cornell, que es un centro conocido mucho más por su excelencia académica que por sus programas deportivos. Es cierto que allí conoció a Adrian Durant, clave para su formación como velocista, pero desarrollarse como tal era solo uno más de los objetivos que buscaba en la universidad neoyorquina. Es muy inteligente y eso se nota al correr y al conducirse por el atletismo.

Ahora queda correr. El favorito no es Hortelano, es Guliyev, ese atleta que esta misma temporada ha bajado tres veces de 20 segundos, algo que el español todavía no ha conseguido. Ese también es el objetivo, batir su propia marca, el récord y convertirse en la pequeña rareza que es un blanco rompiendo esa barrera en el doble hectómetro.

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