tres blancos por debajo de 10 en 100 metros

Hortelano, Tortu, Guliyev, Lemaitre... los blancos también saben correr

Filippo Tortu se convirtió en el tercer blanco en bajar de diez segundos en los cien metros lisos. Su padre y entrenador quiere revolucionar el modo de ver la velocidad. La musculatura no cuenta

Foto: Filippo Tortu, en Madrid. (EFE)
Filippo Tortu, en Madrid. (EFE)

Madrid tuvo una gran tarde atlética. Lo de los españoles en el 400 ya está más que contado, en las pistas de Moratalaz dejaron viejo el récord de Cayetano Cornet, una leyenda del deporte español y la plusmarca más longeva de cuantas había en las pruebas olímpicas de atletismo en España. Tanto tiempo en pie para verse superada de golpe por Óscar Husillos y Bruno Hortelano, este último nuevo recordman nacional de la distancia. Ni siquiera fue, en realidad, la mejor prueba del día.

Ese mérito se lo lleva los 100 metros, aunque solo sea porque Su Bingtian, récord de Asia con 9.91. Es bonita la pelea que se están dando en este inicio de verano dos chinos con la intención de ser el más rápido del continente, pue solo tres días antes Xie Zhenye había logrado ese récord con 9,97. Y, sin embargo, la vista se iba un poco más lejos en esa misma prueba, pues también se batió el récord nacional de Italia del hectómetro. Esto son palabras mayores, porque era una marca de, ni más ni menos, Pietro Mennea. Lo hizo Filippo Tortu, con 9.99.

Esto es importante porque Mennea es la respuesta a muchas preguntas que tienen que ver con el atletismo y la raza. Si los blancos no pueden correr, como muchos asumen ¿cómo pudo él ser campeón olímpico de 200? ¿Y cómo llegó a mantener el récord del doble hectómetro durante 17 años, hasta que llegó el superclase de Michael Johnson para batirla en 1996? Mennea era un genio, uno de esos deportistas colosales que salen en cada generación. Y por las mismas, rebajarle la marca de 100 metros es algo importante. Es aún más valiosa la de 200, eso sí, que hoy en día sigue establecida como récord de Europa. Hortelano la tiene en mente, como uno de los grandes objetivos de su vida. Le queda aún, su mejor marca es 20.12 y la del italiano 19.71.

20 años tiene Tortu, que no puede disimular de ningún modo su cara de niño. Bajó de los 10 segundos en los 100 metros, como antes hicieron Lemaitre, Guliyev y... ya. Porque, a que negarlo, la tradición de blancos reventando la barrera más mítica del deporte es más bien escasa. Y ese chico, joven, italiano, heredero de Mennea, quiere demostrar que se puede ser muy rápido siendo milanés.

Una historia en desarrollo

En realidad, se puede ver cierta tendencia en el caso de de Tortu, pues el año pasado el campeón del mundo de 200 fue Guliyev, también de piel clara. Lemaitre lleva años ya demostrando que puede ser considerado entre los mejores, es medallista olímpico en el doble hectómetro. Se suma en esta lista Bruno Hortelano, del que se esperan grandes cosas en el 200. Es plusmarquista nacional y campeón de Europa, pero su carrera, como la de Tortu, Lemaitre y Guliyev, forma parte de una historia en desarrollo.

Tortu, que está especializado en la recta, no responde al físico corriente en el velocista. Es largo, no muy musculado, lejos de esos perfiles reventones tan habituales entre los esprinters mundiales. No tiene nada de casualidad, y su propio padre, Salvino, que fue atleta y ahora le entrena, intenta explica que no se busca otra cosa ni es un problema, todo lo contrario. No es un mal de su corta edad.

"El 9,99 es el resultado del coraje con el que mi entrenador está revolucionando la preparación de los velocistas italianos", aseguraba Tortu después de su carrera en Madrid. El método habla de variables que antes no se tenían tanto en cuenta, como la elasticidad, la rapidez o la técnica de ejecución. También con estudios sobre el equilibrio del chico que, con toda esa mezcla de conceptos, tiene un correr muy suelto y natural.

Bruno Hortelano. (EFE)
Bruno Hortelano. (EFE)

Una sensibilidad extrema

Su propio padre señala un modelo en Christoph Lemaitre. Pero ni siquiera en el de ahora, sino más concretamente en el de los inicios. "Hizo 9,92 a los 21 años y no bajó de eso en las siguientes siete temporadas, iba muy rápido hasta que le hicieron subir siete u ocho kilos de músculo que le han frenado en lugar de otorgarle más potencia", explicaba al Corriere della Será Salvino.

Flavio di Giorgio, su preparador físico, entiende que las pesas no deben suponer cargas sino repeticiones, en una manera algo diferente de ver la aproximación a la potencia física. Levanta pesas, por supuesto, pero no con muchas cargas y realizan más que nada ejercicios de velocidad en los que mueve el peso con flexibilidad. Los resultados, por el momento, van saliendo, aunque la mayor parte de los atletas triunfadores de la historia hayan optado más por pesos mayores. Para mejorar de forma natural la salida lanza un balón medicinal de ocho kilos lo más lejos posible desde la posición de partida.

"Filippo tiene una sensibilidad extrema, si le pedimos que cierre el ángulo de los brazos en un grado para mejorar el impulso del cuerpo hacia adelante, lo cierra exactamente en un grado, es un regalo innato", cuenta su entrenador. Salvino no se corta en recomendar su método, hace unos meses, en Padua, realizó una ponencia para escándalo de los entrenadores de toda la vida, que por descontado, no ven en ese mode de preparación la manera correcta de proceder.

Empieza a sentr las cosas de gran deportista. Hace unos días le hicieron ciudadano honorario de Cerdeña, pues ahí están los orígenes de su familia. Él, juventino, hace años que vive en Milán, pero no olvida los orígenes, tiene tatuado en el brazo el perfil de la isla que vio nacer a Salvino, ese hombre dispuesto a revolucionar el deporte desde la base. Y demostrar que los blancos también saben correr.

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