La experiencia en Tyrrell, Ferrari y Benetton

Así era la vida junto a los "Zipi y Zape" de la F1: "¡¡Pero cabrón, para de una vez!!"

Joan Villadelprat sigue compartiendo en El Confidencial su dilatada e intensa experiencia en la Fórmula 1, desde McLaren al Benetton de Michael Schumacher, pasando por Ferrari

Foto: Gerhard Berger y Jean Alesi en el ochenta aniversario de la fundación de Ferrari (EFE)
Gerhard Berger y Jean Alesi en el ochenta aniversario de la fundación de Ferrari (EFE)

¿Se imaginan en medio de una gran bronca por una desastrosa temporada a Flavio Briatore preguntando a sus dos pilotos, Gerhard Berger y Jean Alesi, por el nombre de quienes trabajan en sus respectivos barcos? ¿ O cómo puede sentirse de culpable un jefe de mecánicos de Ferrari tras sufrir el austríaco un brutal accidente que casi le cuesta la vida?

Joan Villadelprat sigue compartiendo en El Confidencial su dilatada e intensa experiencia en la Fórmula 1, desde McLaren al Benetton de Michael Schumacher, pasando por Ferrari, viviendo de cerca con los mejores pilotos de dos décadas. En esta ocasión, le toca el turno a Jean Alesi y Gerhard Berger: “Eran como Zipi y Zape, armaron de las suyas, en Benetton me reí con ellos como nunca en la Fórmula 1, aunque también llorábamos como nunca porque las cosas no salían como esperábamos. Pero les quería muchísimo. Berger quizás sea mi mejor amigo entre los pilotos, y Alesi era como un hijo, como un hermano pequeño. Era una relación acojonante la que tenían entre ellos". Lo dicho, pasemos con Zipi y Zape en acción. Aviso para navegantes: la palabra escrita nunca hará justicia al propio Joan Villadelprat narrando las historias. Y bien que lo sentimos.

"Más rápido que Schumacher"

Villadelprat compartió equipos con Jean Alesi y Tyrrell y con Berger en Ferrari, quienes llegaron a Benetton tras la marcha de Schumacher. Ambos, con una personalidad muy acusada, y ambos muy diferentes. “Gerhard es un tío muy listo que ha sabido venderse muy bien sin ganar mucho, porque ha ganado más pasta de nadie”, se ríe Villadelprat mientras lo cuenta “Es un tío inteligente, con una empresa con miles de camiones, un buen playboy, ha sabido disfrutar la vida. A Jean le manejaba, le hacía putadas, de todo, y encima el otro le amaba”. Más risas.

Para muchos, Jean Alesi era un talento natural fuera de lo común, pero le faltó siempre algo. "Berger sabía que Jean era terriblemente rápido, y te digo, a una vuelta quizás era más rápido que Schumacher, era increíble (Ejem, Villadelprat repite tres veces una palabra más contundente, cuatro letras y una y griega en medio). "Pero no tenia la ciencia en la cabeza de lo que debía hacer. Le faltaba la habilidad de usar la cabeza antes que el corazón, porque era todo corazón. Pero tenía un control de volante y un tacto en el culo brutales. Además era fuerte como un toro. Lo único que no tenía era lo que tienen los grandes campeones, una cabeza bien amueblada”. Villadelprat empieza a desgranar historias para reflejar la personalidad de ambos y recordarnos cómo de intensa, curiosa y hasta divertida puede resultar la Fórmula 1 entre bastidores. Las carcajadas, faltaría más, eran constantes en la conversación.

"¡Tienes un par de huevos!"

Nos vamos al primer año de Alesi con aquell famoso Tyrrell 018 de “alas de gaviota” con el que plantó cara al mismísimo Senna en Phoenix, 1990. El equipo británico y el francés fueron la revelación de aquella temporada. Con los neumáticos Pirelli, el monoplaza británico en manos de Alesi era letal en los circuitos urbanos.“Tyrrell me tenía como un hijo porque me veía con fuerza y ganas, por el mucho trabajo que hicimos Harvey Postlewhite, Jean Claude Migeot y yo, que era entonces el ‘team manager’. Pues estábamos en Mónaco, en los entrenamientos. Había que esperar para salir a la pista a la última vuelta, porque era la más rápida". ¿Esperar, un bala como Jean Alesi?

"Pues tengo allí a Jean en el coche metido, impaciente por salir. Y yo, “¡Espera, espera!”. Y empieza a llamar por la radio. “¡Quiero salir!”. “¡Jean, espera, coño!” “¡Que quiero saliiiir, quiero saliiiir! Y entonces empieza a dar golpes al volante como un loco. Voy para allá, y le digo al equipo: “¡Quitadle las ruedas! ¡Las ruedas, fuera!”. Allí se quedó allí el tío pegándole al volante, no se lo creía. Flipado. Vuelvo al muro, con Ken Tyrrell, y me dice: “Well done, you have big balls” (“Bien hecho, Tienes un par de huevos”). Esperamos, y ya le digo: “Venga, ahora sales, Jean”. Le montan los neumáticos, y ¡zasca!: segundo mejor tiempo. En Mónaco, justo por detrás de Senna, fuimos segundos detrás de McLaren. Hay una foto muy bonita en que se me ve diciéndole con el gesto a Ron Dennis: “por un dedo no te jodo”, cuando luego vino a felicitarme y abrazarme, “le decía, te ha faltado esto para que jodiéramos a Senna ¿eh?”.

"¡Joder, que no ha parado!"

Alesi llegó a Tyrrell como un diamante en bruto, sin formar, por lo que le tocó a Villadelprat pulir sus primeros pasos en la Fórmula 1. El tema parece que no había cambiado años después, ya en Benetton. Llega otra del francés, Villadelprat siempre con la risa a cuestas. "En el Gran Premio de Australia de 1996, ya con Benetton, Jean tenía que parar a poner gasolina y cambiar neumáticos. Lideraba la carrera. Berger, su compañero, entra antes, cambia neumáticos y llena combustible. Alesi tenía que entrar en la siguiente vuelta. Pero no paró”.

“Nosotros, llamándole con la pizarra y también con la radio. Nada. Otra vuelta. “¡Joder, no ha parado!” Siguiente vuelta: 'Ñiaaaoummm’ "¡Otra vez, coño! Ahí me tenías a mí, casi en medio de la pista, haciéndole todos los gestos posibles que te puedas imaginar. “¡Cabrón, para de una vez!” Y el tío, 'ñiaaaoummm’..... Todos chillando, desesperados. Total, que a la cuarta o quinta vuelta, liderando la carrera, va y empieza el coche 'budubudubluuuu’. Que se para, que se para... Y se paró ¡La madre que lo parió! ¡Se quedó sin gasolina por no parar en boxes! ¡Cuando iba primero! ¡Acojonante!”.

Joan Villadelprat junto a Michael Schumacher en su época en Benetton.
Joan Villadelprat junto a Michael Schumacher en su época en Benetton.

Cuando tu piloto se estrella

Salto atrás a Ferrari. Cuando el ingeniero John Barnad emigró de McLaren, se llevó a Joan Villadelprat como jefe de mecánicos. Allí compartió equipo con Gerhard Berger. “Mi mejor amigo en la F1 es Berger, era un grandísimo piloto, pero todo cambió tras su accidente en Imola, ya nunca fue el piloto que era. Y no por su culpa, cuando además estaba en su mejor momento. Hubiera podido destrozar a todos en su época”. El austríaco estuvo a punto de fallecer en un tremendo accidente en el Gran Premio de San Marino en 1989, cuando después de un brutal impacto su monoplaza comenzó a arder. “El accidente fue porque se rompió el alerón delantero. Pero no lo sabíamos al principio, lo descubrimos a la carrera siguiente. Yo era el jefe de mecánicos entonces, y te preguntabas qué podíamos haber hecho mal, estaba acojonado. Lo primero que piensas es si tú has hecho algo mal. Lo pasé muy mal, te preguntabas si podías haber sido tú, no sabíamos qué ocurrió. Fueron días muy malos. Porque la vida del piloto está en tus manos. Y esta responsabilidad te abruma”.

En la siguiente carrera, Ferrari descubrió casi accidentalmente las razones del accidente. “En Mónaco, en la primera tanda va y se rompe el alerón delantero. Descubrimos que los laterales eran tan rígidos que cuando tocaban un bordillo rompían el alerón. Nos fuimos John Barnard y yo en helicóptero a Maranello y estuvimos trabajando toda la puta noche, hice unos tubos de acero, los metimos en el metal y solucionamos el problema en plan parche. Luego lo solucionamos de forma más elegante. Llegamos a las siete de la mañana otra vez en helicóptero, los monté y a partir de ahí fue otra historia. Fue una pena, porque Berger era muy piloto brillante, brillante. Recuerdo que ganó en Hockenheim justo al poco de morir su padre, y aquel día se dijo. "¡Por cojones gano!". Y ganó”. Su última victoria en la Fórmula 1.

"Menudo silencio se hace allí"

Llega el momento (1996) en que Villadelprat se reúne en Benetton con quienes se convertirían juntos en los “Zipi y Zape” de la Fórmula 1. Al año siguiente de la marcha de Michael Schumacher, tras dos títulos consecutivos. “Salíamos en Benetton de estar con Michael, y pensábamos que éramos la leche. Pero también Ross Brown se había ido y se llevó 22 tíos de Benetton a Ferrari. Nos quedamos Pat Symonds y yo”. Aterrizaron “Zipi y Zape”. “Los dos llegaban de Ferrari muy mimados. Nosotros teníamos una actitud muy inglesa. Pero como en Ferrari los pilotos son dioses, ellos dos se lo creyeron. Eran gandules, no trabajaban como Michael. Para nosotros, el choque cultural era muy grande, porque nos había hecho trabajar como cabronazos, siempre intentando superar todo, pero estos eran como pasotas”. Benetton se había despeñado en aquella temporada. “Teníamos un coche para ganar, pero siempre hacían una cagada, un día uno, y al siguiente el otro. Llegó un día en que hubo que tomar cartas en el asunto. Hablo con Flavio, y le digo, “Tienes que darle un toque a estos dos, esto está pasando ya de castaño oscuro”.

Reunión con Briatore, Villadelprat, Symonds, y los dos pilotos presentes. “Empieza Flavio: “No estamos nada contentos con lo que está pasando”. “¿Qué quiere decir esto? se remontaba Berger, porque cuando Flavio hablaba, Jean bajaba la cabeza y callaba. En estas que Flavio, de repente, le dice a Berger: “Oye, ¿Cómo se llama el tío que lleva tu barco?”. Claro, Berger se queda así, y le dice “Pues tal”. “¿Y el que te pone los cócteles en el barco?” Gerhard le dice otro nombre "¿Y el otro que hace esto y otro?” Le da otro nombre. Entonces, luego se va hacia Jean: “Oye, ¿y como se llaman los de tu barco?” Porque, claro, los dos tenían barco. Alesi le contesta: “Pues yo tengo a Manolo, a Pepe, y tal y tal". ¿A dónde quería ir a parar Briatore?

"Entonces les dice Flavio, primero a uno, y luego al otro: “Dime ahora, ¿cómo se llama el número uno de tu coche, el responsable?” Joder, qué silencio se hace allí. “¿Y el dos de tu coche? ¿Y el número tres?” Los cabrones no supieron decir el nombre de los tres miembros más importantes de su equipo, pero sí que se sabían los de su barco. “O sea, es la gente que os hace el coche, con el que os jugáis la vida, y no conocéis ni un puto nombre de la gente de vuestro equipo”. Era como si vas a la oficina y no hablabas con quien tenías al lado”, explica Villadelprat, que remata la escena. “Entonces, la cosa se puso allí muy tensa. Hasta que en un momento determinado, Flavio le dijo a Jean: “¡Y tú! ¡Cállate!, ¡El día que te mueras vamos a vender tu cerebro como si fuera nuevo!, ¡Que todavía no le has quitado el plástico de burbujas, porque no lo has utilizado nuncaaa!”. Todo entre carcajadas, faltaría más.

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