LA HISTORIA DE JOAN VILLADELPRAT CON FERRARI

Cuando el 'capitano' español aceleró el último monoplaza a Enzo Ferrari antes de morir

Joan Villadelprat, jefe de mecánicos en 1988, cuenta a El Confidencial la visita oculta de Enzo Ferrari para conocer su último monoplaza, y la relación que mantenía con él

Foto: El Ferrari de 1988 pilotado por Gerhard Berger. (Imago)
El Ferrari de 1988 pilotado por Gerhard Berger. (Imago)

“Era un sábado. Me llamó el chófer de Enzo Ferrari, que era médico también y hasta guardaespaldas, un poco de todo. Era un tío que hasta iba con pistola, un pájaro fuerte. Me dice: Joan, me pregunta 'Il Commendatore' que cuánta gente hay en la fábrica”. Esta es la historia de cómo el propio Ferrari quiso ver el último de sus monoplazas poco antes de fallecer.

Joan Villadelprat es el español con más experiencia en la Fórmula 1 tras décadas en McLaren, Ferrari, Benetton, Tyrrell y Ligier. Su impresionante bagaje personal de historias daría para varios libros. En esta ocasión, El Confidencial le ha solicitado que eligiera las, personalmente, más relevantes sobre Enzo Ferrari, Ron Dennis y Flavio Briatore, recogidas en una serie de artículos que arrancan con aquel día en que Enzo Ferrari le pidió a Villadelprat que vaciara de personal toda la fábrica de Ferrari. ¿ Por qué?

La guerra civil en Ferrari

Villadelprat llegó a Maranello con una alta responsabilidad de la mano de John Barnard, uno de los ingenieros más brillantes en la historia de la Fórmula 1. Barnard había revolucionado la concepción de los monoplazas al introducir, entre otras innovaciones, los chasis de fibra de carbono. Tras años sin victorias ni rumbo técnico, Enzo Ferrari personalmente apostó por traer a Barnard a Maranello a pesar de la resistencia interna de parte de sus directivos. Incluso le dio carta blanca y permitió mantener su oficina técnica en Gran Bretaña, una decisión muy contestada en el seno de Ferrari. El ingeniero británico se llevó consigo a Joan Villadelprat como jefe de mecánicos, y con la misión de ser sus ojos en Maranello. “Ron Dennis me había prometido ser el jefe de mecánicos de McLaren, pero así estuve tres años. Hasta que Barnard me pidió que me fuera con él a Italia".

“Enzo Ferrari estaba ya bastante enfermo”, recuerda Villadelprat a El Confidencial. Hablamos de verano de 1988. “Nosotros habíamos estado trabajando con el monoplaza de Barnard, pero entre medias estaba también el proyecto de Gustav Brunner con Harvey Postlewhite, muy cercano al hijo de Enzo Ferrari. Pero John Barnard era ‘hijo adoptado’ del propio Ferrari, quien le contrató personalmente. Incluso se hacía difícil meter en el túnel de viento al coche de Barnard, no había manera. Había una guerra política tremenda allí dentro”. El propio Ferrari era consciente de aquel conflicto mientras Barnard diseñaba el 639, la primera de sus creaciones en Maranello. “Harvey trabajaba a escondidas de Barnard haciendo su propio coche y, literalmente, quería ‘joder’ a Barnard junto con el hijo de Ferrari. Y yo era un hombre de Barnard (que pasaba la mayor parte del tiempo en Gran Bretaña) le explicaba lo que pasaba y no se lo creía. Harvey era inglés, y Barnard no se creía que un compatriota se la intentara jugar”.

Enzo Ferrari charlando con Gilles Villeneuve, su piloto favorito.
Enzo Ferrari charlando con Gilles Villeneuve, su piloto favorito.

"Bella, bella macchina"

“Al final logramos tener el coche terminado. Esto fue en los momentos finales de Enzo Ferrari, que estaba muy enfermo”. Volvemos a la famosa llamada del médico de 'Il Commendatore', cuando le pidió que sacara a todo el mundo de la fábrica. Villadelprat no entendía por qué. “Habría unas doscientas personas, en motores unas cien…”. Y me dice “échalos todos afuera". "Cojo el altavoz, y le digo a la gente: todo el mundo a casa. Eran como las doce de la mañana. Cuando todos se fueron, yo me quedo solo, y me dijo que abriera la puerta grande de entrada. Entró hasta dentro de las instalaciones con el coche. Con Enzo Ferrari dentro”.

“Le ayudamos a salir del coche. Yo tenía el monoplaza de Barnard tapado con una manta. Había venido para verlo. Le levanté la manta y solo ver la cara de Ferrari tocando el coche… Decía sin parar, extasiado: Bella, bella…". El 639 rompía toda la línea técnica de Maranello hasta el momento, la primera criatura del técnico en quien tanto había confiado y apostado. "Le digo: 'Commendatore', ¿se lo arranco? Me mira y me dice, ¡Tira!. Joder, lo arranco, un V12 sonando allí dentro, imagínate, le pego cuatro golpes de gas, ¡Vroom Vroommm! Tenías que ver la cara de aquel hombre mirando el coche, sin parar de decir de decir bella, bella macchina escuchando el 12 cilindros. Estaba muy enfermo. Daba vueltas al coche y le tocaba como si le diera besos sin parar. Le metimos en el coche, y se marchó. Fue la última vez que vio uno de sus coches. A los veinte días murió”.

Pero hubo más. “Veinte días después de su muerte, ganamos el Gran Premio de Italia de 1988. Hicimos el doblete con Berger y Alboreto. Una locura, ganamos con un coche que no teníamos que haber ganado”, recuerda Villadelprat. Hay que recordar que aquel año McLaren dominaba con Senna y Prost con el famoso MP4/4. Triunfaron en todas las carreras de la temporada, con excepción de aquella en Monza. A pocas vueltas del final el brasileño marchaba en cabeza pero hizo un trompo al tocarse con el Williams doblado de Jean Louis Schlesser. Monza se vino abajo. “Yo creo que desde arriba nos dijo: vais a hacer primero y segundo en Monza, justo pocos días después de fallecer".

Joan Villadelprat junto a Pat Fry, director técnico de chasis en Ferrari en 2013.
Joan Villadelprat junto a Pat Fry, director técnico de chasis en Ferrari en 2013.

Huelga en un equipo de F1

¿Y como era la relación de Joan Villadelprat con una personalidad tan singular de Enzo Ferrari? “A mí me llamaba ‘Capitano’. Cuando venía a trabajar, llegaba a las once o las doce, y todo el mundo perdía el culo. Pero yo no me enteraba nunca cuando entraba porque siempre estaba trabajando en mi oficina. Él pasaba de todos, pero venía a mi oficina, ya que entraba por Gestione Deportiva, entraba por la parte de los mecánicos. Abría la puerta y me decía buon giorno 'Capitano'. Buon giorno 'Commendatore'. Cerraba la puerta y se iba a su oficina. Esto mataba a todos, los ponía nerviosísimos, decían este cabrón de español que viene a tocar aquí los cojones, y nosotros que llevamos treinta o cuarenta años… Creo que me tenía un afecto especial, porque entonces yo era joven, quizás por mi inconsciencia de no entender quién era aquel señor, y no le hacía la rosca porque no estaba para ello. Estaba allí con una responsabilidad enorme, jefe de mecánicos, con doscientos tíos, el más joven de ellos tenía 50 años”.

Villadelprat recuerda otro momento decisivo para su trayectoria en Maranello. “Al poco de llegar encima tuve una huelga. Empiezo a trabajar, y de repente, un día, la gente que no viene. Me voy al portero de Maranello, el tío que me enseñaba italiano, y le preguntó que por qué no viene la gente. Y en italiano me dice la palabra 'sciopero'. Me voy al diccionario, y me entero que significa huelga. Esto no puede ser, me digo. ¿Una huelga? ¿En un equipo de Fórmula 1? Esto no lo he visto en mi vida, no me entraba en la cabeza. Pero como Ferrari formaba parte del Grupo Fiat, los sindicatos habían convocado una huelga del metal. Solo dejaban entrar en Ferrari a los extranjeros".

Pero yo tenía tres coches de montar. Así que fui a casa, cogí mi caja de herramientas, y empecé a montar los tres coches poco a poco cada coche. Estaba hasta las cuatro de la mañana, me duchaba, me volvía”. ¿Un solo hombre montando pieza a pieza tres monoplazas? Villadelprat cuenta cómo montaba un motor, luego otro, piezas… Una historia surrealista. “De repente, durante la huelga, me llega un día un mecánico. ¿Quién está montando mi coche?, me dice. Este no es tu coche, es de Ferrari. Y segundo, este coche corre el viernes en Fiorano, contigo, o sin ti, le contesto. Pues va ese mismo tío, que era el mecánico número uno del primer coche, y aparece por la noche. Se había saltado la valla para venirse a trabajar conmigo. Humberto Benacci, aún le recuerdo. Al día siguiente tenía todo el equipo saltando la valla por la noche y, trabajando hasta que amanecía. El viernes a mediodía estábamos entrenando en Fiorano con los tres coches”, termina Villadelprat. Poco tiempo después, ‘Il Capitano’ recibió aquella extraña llamada para que Enzo Ferrari pudiera ver antes de morir su última criatura roja.

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