tras las declaraciones de Flavio Briatore

Cuando Fernando Alonso rompió las costuras de Ferrari

¿Tenía el presidente de Ferrari Luca di Montezemolo celos de Fernando Alonso porque el piloto estaba por encima de los monoplazas de la Scudería durante varios años?

Foto: Fernando Alonso y Luca de Montezemolo, juntos en el último Gran Premio de Italia del español con Ferrari (AP)
Fernando Alonso y Luca de Montezemolo, juntos en el último Gran Premio de Italia del español con Ferrari (AP)

Fernando era el que marcaba la diferencia, no el coche. Desafortunadamente, Luca di Montezemolo no quiso admitir que Ferrari se lo debía todo a Fernando. Al contrario, Ferrari tenía celos de Fernando, y ese es siempre el problema de los pilotos de Ferrari, no puedes ser demasiado bueno en comparación con el coche. Debe haber un equilibrio”. ¿Acierta Flavio Briatore con sus recientes declaraciones sobre el español y el equipo italiano? ¿O se deja llevar por su relación mutua y la admiración que el italiano profesa por Alonso?

El paso del tiempo otorga perspectiva los últimos diez años de Ferrari con Alonso y Sebastian Vettel como líderes. De sus cinco temporadas en Maranello, el español optó en dos de ellas al título hasta la última carrera, con aires de gesta única en 2012. ¿Y por qué no pudo rematar? “No se venden más coches por ganar un campeonato del mundo de Fórmula 1, se venden los mismos terminando entre los tres primeros”, llegó a confesar en privado el presidente de Ferrari, ante la sorpresa de quien escuchaba tales palabras que quizás explicaban tantas situaciones. Más que hablar de ‘celos’, quizás en semejante filosofía radicaba el virus de Maranello que impidió ganar a Fernando Alonso con Ferrari.

35 puntos sobre Vettel

Desde que Ferrari era un embrión carrerista, la tremenda personalidad de su fundador impuso siempre sus máquinas sobre sus pilotos, “bombillas intercambiables”, como les definió. Aunque ya fallecido “Il Commendatore”, el episodio de Alain Prost en 1991 fue otro ejemplo de un extraordinario piloto intentando presionar a una organización poco competitiva y maniatada por la política interna. Salió de Maranello en su segundo año. Sin embargo, Alonso aguantó cinco temporadas similares en Ferrari. En 2011,13 y 14, los monoplazas italianos fueron un completo fracaso, sin conceder la menor opción. Tan solo en 2010 cabía la victoria por el nivel del coche, a diferencia de 2012 cuando, sin armas, Alonso estuvo a punto de lograr una de las mayores proezas en la historia de la Fórmula 1. Solo hace falta revisar cada campeonato desde 1950.

Quizás sea leyenda esa llamada telefónica de Felipe Massa para contarle a Montezemolo el desastre de aquel F2012 en la primera jornada de pretemporada, monoplaza que Stefano Domenicali conceptuaba como “el coche que girabas a la derecha, y se iba a la izquierda”. Aquel sábado 17 de marzo, tras los entrenamientos oficiales del Gran Premio de Australia, Alonso lanzaba un grito desesperado. “El año pasado (2011), estaba a 1,4 segundos del primero, y este año estoy a un segundo de la Q2…”. En las cuatro primeras carreras Alonso clasificaba en los entrenamientos duodécimo, octavo y noveno dos veces, respectivamente. Aunque con el milagro de ganar en Sepang desde la octava posición y en Valencia desde la undécima. Tras este increíble triunfo, en junio lideraba con 20 puntos de ventaja sobre Mark Webber y 35 sobre Vettel…¿Y por qué perdería el título en aquella última carrera de la temporada?

Un título, pero el túnel cerrado

“El equipo no tiene novedades desde las últimas seis o siete carreras...” volvía a gritar Alonso en el Gran Premio de India, recta final del campeonato. Desconcertados por la falta del rendimiento de las evoluciones de Maranello, el equipo italiano recurrió nuevamente el alerón del…Gran Premio de España. No era la primera vez. Follón mediático. “Ahora mismo no luchamos contra Vettel, contra Vettel luchábamos cuando teníamos todos más o menos el mismo coche durante todo el campeonato. Hasta ahí íbamos liderando. Ahora luchamos contra Adrian Newey y de momento no podemos con él", denunciaba Alonso. Las broncas internas eran memorables. Mientras, Adrian Newey había metido la directa con evoluciones progresivas desde el GP de Singapur, doble DRS incluido, y Vettel ganaba una carrera tras otra recortando implacablemente la diferencia que Alonso había disfrutado en verano.

El rendimiento de Alonso en relación al F2012 rompió las costuras de Ferrari. Porque obligó a revisar procesos de trabajo y metodología en Maranello ante su estancamiento técnico. Todas las evoluciones “iban al fondo del camión”, en gráfica expresión de Pedro de la Rosa para definir la dinámica de Ferrari. Mientras Newey echaba todo el carbón a la caldera de Red Bull, Ferrari cerraba el obsoleto túnel de viento de Renzo Piano, desconcertados por la falta de correlación con la pista. Se acudió al de Toyota en Colonia.

Aquella temporada puso de relieve descarnadamente la gestión de Luca di Montezemolo para su equipo, cuando no supo, pudo o quiso adaptar a Ferrari al nuevo modelo que surgía en la Fórmula 1 con la prohibición de los tests privados. "No se venden más coches por ganar un campeonato del mundo de Fórmula 1, se venden los mismos terminando entre los tres primeros”. Montezemolo se había quedado en los tiempos de su circuito de pruebas de Fiorano.

Alonso perdió el título en 2012 por tres puntos, rematado también por la desafortunada carambola de Grosjean en Spa y la ‘cuchilla’ de Raikkonen en la salida de Japón. De haberlo logrado, pocas veces en la historia de la Fórmula 1 un piloto habría aportado tanta dinamita con tan poca mecha. Quizás Ayrton Senna en 1991 frente a Williams fuera comparable. “Alonso es el mejor piloto del mundo, es uno de los pilotos como Lauda y Schumacher, que ha tenido una gran importancia en mi vida profesional, y en la de Ferrari”, llegó a declarar Luca di Montezemolo aquel 2012. ¿Celos de Fernando Alonso? Nadie objetivamente puede responder a semejante afirmación. Pero la realidad habla y puede contestar: desde que Alonso dejó el equipo en 2015, Ferrari no solo no ha ganado título alguno. Ni siquiera ha llegado vivo y con opciones a una última carrera de un campeonato del mundo. Aquí, Flavio Briatore no se ha equivocado.

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