la marcha, una vez más lo mejor

Más luces que sombras: el atletismo español saca un buen botín del europeo de Berlín

Ocho medallas reales y dos en equipos de maraton son un buen balance para un país que ha superado la crisis de los últimos años mejorando en sectores que antes no eran propicios

Foto: El equipo de relevos, en Berlín (EFE)
El equipo de relevos, en Berlín (EFE)

No todo salió como se esperaba, pero las sonrisas proliferaban en la española en estos últimos días de campeonato, cuando Berlín volvió a ser Berlín, con sus cielos amenazando lluvia y una temperatura más centroeuropea que la del principio de las sesiones. Sale España de los europeos con un buen botín consistente en ocho medallas reales y dos figuradas. La organización ha decidido que la copa de Europa de maratón por equipos, que hasta ahora era cuestión de honra nacional, se traduzca también en metales y eso le dio al equipo nacional una plata masculina y un bronce femenino. Pues bien, es una idea curiosa, como tantas otras, aunque poco respetuosa con la historia de este deporte, que solo premió a los equipos que competían como tal, es decir, a los relevos.

Lo que nos lleva, por supuesto, a hablar de relevos o, lo que es lo mismo, de la velocidad. El bronce en el 4X400 es motivo de orgullo, también por lo extraño que es en el registro histórico español. Para un país en el que la velocidad solo se conseguía yendo en coche, una presea como esta es notable. Se logró, además, de un modo algo agónico, lo cual lejos de restar, suma. La emoción se vio hasta en la clasificatoria, en la que Samuel García logró esquivar una caída casi segura para terminar metiendo a España en la final. Era muy peligrosa la serie, pues no podían competir los mejores y España no tiene tantos cuatrocentistas como para tener tranquilidad en una competencia así.

La final fue de menos a más, y Bruno Hortelano, cuando terminó, estaba empeñado en atribuirse a sí mismo el error que llevó al bronce y apartó el oro o la plata. Lo cierto es que sus primeros 200 metros fueron rapidísimos, demasiado para aguantar el lactato al final de la vuelta. Hortelano, que es más competidor de distancias cortas, ha demostrado este año que puede correr la vuelta al estadio con autoridad, tanto que no compitió en Berlín, pero de haberlo hecho hubiese estado entre los favoritos. Le pudo la pasión, eso sí, porque una carrera más lineal y progresiva le hubiese dado más opciones de resistir las embestidas de los belgas y los británicos, que le terminaron superando.

Fue la medalla de velocidad española, un sector que vive una edad de oro pero que, esta vez, se ha quedado en menos de lo esperado. En esto también hay matices, porque el cuarto puerto de Bruno Hortelano en el 200 es en realidad un resultado sensacional. Sin medalla, claro, y eso duele, porque de algún modo estaba presupuestada, pero con una marca a la altura de su potencial actual, un 20.05 que en realidad es su mejor marca de siempre, porque esa centésima menos que logró en Getafe es fácilmente atribuible a una prueba en altura y en una pista híperrapida como la que se montó en el campeonato de España.

Óscar Husillos. (EFE)
Óscar Husillos. (EFE)

Husillos ¿un atleta de indoor?

En sus piernas está bajar de los 20 segundos, algo que pasará más pronto que tarde. Y ese día recordaremos que nadie mejor que él en la historia de la velocidad masculina en este país. Es cierto que la competencia tampoco es descollante, pero Bruno es un atleta a la altura de los mejores de Europa, una alegría verle competir. Como le ocurre a Orlando Ortega, que de nuevo brilló en la gran competición. Su bronce, algo menos de lo que se esperaba, es más fuerte si se piensa que un fallo al principio del camino le obligó a esprintar más todavía. El 110 metros vallas tiene muy poco espacio para el rectificado, pero él lo consiguió defender con brillo.

La otra bala en velocidad, Óscar Husillos, estuvo por debajo de su nivel. Quedó sexto, pero ya en semifinales dio la sensación de que las piernas han llegado agotadas a agosto, que es justo cuando deberían de estar en su mejor momento. Saber competir es lograr entender que en el calendario la fecha más importante es esa en la que todo el mundo te está observando. Hay, además, la sensación de que Husillos se encuentra más cómodo en la pista cubierta que en el verano. Si es así, es una pena, porque los éxitos que da el invierno siempre están por debajo de los que ofrece el aire libre.

Y ya que de calendario se trata, igual no está de más hablar de Adel Mechaal, el mejor, casi el único, mediofondista español. Es un talento puro, es también un deportista indescifrable. Este ciclo olímpico se lo plantea corriendo los 1.500, pero por algún motivo difícil de explicar esta temporada se ha decidido a probar el 5.000 y el 10.000. No tiene mucho sentido tirarse un año en distancias más largas si el objetivo final es volver a lo de siempre, menos aún cuando se es un atleta con muchísimo talento y que, quizá, en Berlín hubiese tenido mucho más que decir en las tres vueltas y media al estadio.

Su 10.000, en un intensísimo calor, fue muy bueno, porque él lo es. Quedó cuarto, una posición que tuvo mucho que ver con su falta de calidad táctica. Salió a todos los ataques, a todos los cambios de ritmo y terminó ahogado en una prueba que es mucho más larga de lo que él acostumbra a correr. Se vio lo mejor y lo peor de Mechaal, su talento natural, su zancada suelta, su capacidad para estar con los mejores. También lo peor, su incapacidad para, a la hora de la verdad, entender que las fuerzas hay también que saber ubicarlas en los momentos importantes. Se podría achacar a su inexperiencia en el 10.000, pero lo ha hecho las suficientes veces en el 1.500 para estimar que es algo propio del atleta, no de la circunstancia.Casi peor fue lo que hizo en el 5.000, retirado a mitad de la carrera sin más explicación que el cansancio y comentando que tiene que guardarse para siguientes citas. No ha entendido nada. No hay siguientes citas, no al menos a la altura de un europeo. Para ennoblecer el deporte hay que estar a tope en estos momentos, y retirarse es aceptable, por supuesto, pero comentar que algún mitin futuro cuenta más que el presente gran campeonato y quedarse tan tranquilo es no tener nada claro en qué consiste todo esto.

Diego García, María Pérez y Álvaro Martín. (EFE)
Diego García, María Pérez y Álvaro Martín. (EFE)

La plata de Carro y la fiesta en marcha

En el mediofondo, Fernando Carro hizo algo más que salvar la honra. Su plata en 3.000 obstáculos fue espectacular, un derroche de energía. Más aún, tras el final de la carrera él reconocía que en sus piernas podía haber algo más, que solo un despiste le había alejado del oro. Y eso que, quien le ganó, Mekhissi, es uno de eso atletas grandes de verdad. Está bien que no haya conformismo, pero igual en este caso era excesivo, su plata es un resultado magnífico. Los obstáculos han sido siempre un buen terreno para España en los europeos, aunque también es cierto que es una prueba en la que el dopaje ha tenido especial incidencia. Es de esperar que Carro, que nunca ha dado muestras de lo contrario, sea una medalla limpia.

En cuanto a la maratón, muy bien los chicos. Lo de la medalla por equipos, bien, es divertido, pero es que además tanto Javi Guerra (4º) como Jesús España (6º) hicieron una carrera sensacional. Y son dos deportistas admirables, no solo por sus resultados, sino por tener una carrera coherente y un discurso que debería estar cincelado en la mente de todos los atletas españoles. España, además, se retira en Berlín del atletismo. Su recuerdo cubrirá la ausencia.

Las preciosas calles de Berlín vieron también un momento histórico en el atletismo español, la lluvia de medallas en marcha. Takacs ganó su bronce en los novísimos 50 kilómetros en lo que era el prólogo de un sábado memorable. La prueba femenina se retrasó por una amenaza de bomba y terminó la cosa en un montón de atletas juntos caminando por Berlín. Y empezaron a caer las medallas, primero Álvaro Martín, oro; luego Diego García, plata; unos minutos después María Pérez, también oro.

La alegría de Peleteiro

Un botín excelente que hincha el resultado de la delegación española en estos europeos. La prueba es casi soñada para el equipo, que siempre encuentra más recursos humanos para subir al podio en la caminata. Es el único sector en el que no habría que tocar nada, pues es evidente que los resultados no pueden ser mucho mejores. Tiene, eso sí, algo de anticlimático, porque durante el año la marcha casi no tiene relevancia, con su calendario propio y su circuito fuera del atletismo normativo. Es, en todo caso, una cuestión que no se puede cambiar.

La última medalla española en el recuento es la de Ana Peleteiro, pero haber caído a este párrafo no es sinónimo, en absoluto, de menor valor. Al contrario, quizá nadie tenga en el atletismo español tenga tanto carisma, tanta energía, tanta capacidad para ilusionar. Es la cara del nuevo deporte español, con 22 años ya está ganando medallas europeas y mundiales. Su historia es también una redención, la de la estrella infantil que se apagó tan solo para ser más fuerte en el futuro.

No salió del todo contenta del foso, habiendo talonado un poco mejor hubiese convertido el bronce en plata. Quizá en oro. En sus piernas hay un récord de España que antes o después caerá y, si todo sigue en esta línea, un futuro de competiciones brillantes, con la gente pendiente de lo que haga la gallega de la sonrisa perpetua. Peleteiro, además, tiene esa capacidad innata para ser querida, algo conveniente para las marcas, para el equipo y para su proyección mediática. Su cuenta de instagram es una muestra, en ella se muestra natural, interactua con otros atletas, especialmente los jóvenes, y hace del seguimiento del deporte algo más atractivo.

Y esto fue todo, un europeo esperanzador, con altibajos. Un campeonato, por cierto, muy mal organizado. La sensación de improvisación constante, una retransmisión calamitosa, una insospechada ausencia de orden para un país, que en el tópico, es la perfecta organización.. Pues no, ni los alemanes están exentos del caos. El estadio, eso sí, sigue siendo una pasada. Y la ciudad, preciosa, con su cielo encapotado y sus jardines.

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