ESTRENOS DE CINE

'El hombre invisible': pudo ser una buena peli de terror y acabó en comedia involuntaria

Elisabeth Moss ('El cuento de la criada') protagoniza esta revisión del clásico de H.G. Wells

Foto: Elisabeth Moss es Cecilia Kass en 'El hombre invisible'. (Universal)
Elisabeth Moss es Cecilia Kass en 'El hombre invisible'. (Universal)

El #MeToo irrumpió fuerte en Hollywood, y no solo a nivel judicial y provocando cambios necesarios de dinámicas en las relaciones laborales entre hombres y mujeres, sino que también ha tenido un impacto obvio en la narrativa del cine que se produce en los grandes estudios. No solo porque se fomente que haya más mujeres directoras, guionistas y productoras. Ni porque se incorporen más personajes femeninos a la historia. Sino porque también se ha buscado un punto de vista femenino que habitualmente ha estado relegado al segundo plano. La nueva entrega de la revisita de los monstruos clásicos de la Universal —después del fiasco de 'La momia' de Tom Cruise— debería haberse llamado 'La mujer acosada por el hombre invisible' porque, a diferencia de las anteriores adaptaciones de la novela de H. G. Wells, el filme de Leigh Whannel, creador de la saga 'Saw', parte del punto de vista de Cee Kass (Elisabeth Moss), y no del de Adrian Griffin (Oliver Jackson-Cohen), el científico que consigue el don de la incorporeidad.

'El hombre invisible', de la productora Blumhouse, funciona hasta que el hombre invisible (des)aparece. Con un inicio estremecedor muestra de un dominio del tempo y del suspense, este 'thriller' psicológico pierde fuelle cuanto más se acerca al fantástico y las secuencias de acción rozan el ridículo: dar puñetazos y patadas al aire nunca fue fácil de ver.

Aldis Hodge, Elisabeth Moss y Storm Reid, en un momento de 'El hombre invisible'. (Universal)
Aldis Hodge, Elisabeth Moss y Storm Reid, en un momento de 'El hombre invisible'. (Universal)

Si 'El hombre invisible' original planteó el peligro de la ruptura de los límites de la ciencia, ahora Whannell, que dirige y escribe, apea el terror de la pura fantasía y lo lleva al terreno de lo cotidiano: el de una mujer maltratada. El acierto del inicio de Whannell es la presentación de los personajes a través de sus acciones, sin caer en la redundancia o en el lagrimeo. El miedo está ahí, latente, y cualquier espectador puede empatizar y sentirlo. En una casa amplia y lujosa al borde de un acantilado, una mujer (Moss) sale sigilosa y asustada de la cama, en la que duerme junto a su pareja. Camina de puntillas y su temor, aunque no se ha materializado —el hombre duerme plácidamente—, lo sentimos a través del temor de su mirada y de sus gestos. La mujer consigue salir corriendo bosque a través, se monta en un coche que la ha venido a buscar y, justo antes de arrancar, aparece el monstruo: el novio celoso y violento que revienta el cristal del coche de un puñetazo, mientras pide a su novia que no lo abandone o se arrepentirá.

Whannell, que dirige y escribe, apea el terror de la pura fantasía y lo lleva al terreno de lo cotidiano

Él, Adrian, es un genio en el campo de la óptica, multimillonario, poderoso y bastante cruel. Ella, Cee, es una mujer de suburbio, ahora apocada, que solía trabajar de arquitecta y que de joven se lanzó a vivir la vida bohemia de París con poco más que lo puesto. Después de abandonar a Adrian, Cee tiene miedo hasta de poner un solo pie en la calle. Hasta que se entera de que Adrian se ha suicidado y le ha dejado una suculenta fortuna. Sin embargo, Cee está convencida de que esa decisión no casa con la personalidad de su ex. Y se convence cuando alrededor de ella comienzan a ocurrir hechos difícilmente explicables.

Elisabeth Moss es Cee Kass en 'El hombre invisible'. (Universal)
Elisabeth Moss es Cee Kass en 'El hombre invisible'. (Universal)

A partir de ahí, la película incide en la vulnerabilidad de la mujer que sufre los juegos psicológicos de su maltratador, que hacen que ella misma ponga en duda su propia cordura y que la gente que la rodea desconfíe de su salud mental mientras ella se enfrenta a una amenaza potencialmente mortal. Un punto de vista interesante que se ve lastrado por la necesidad de coreografiar escenas de acción en las que los efectos especiales se hacen demasiado patentes y que llevan a 'El hombre invisible' al terreno de la comedia involuntaria.

Cartel de 'El hombre invisible'.
Cartel de 'El hombre invisible'.

Después de hacerlo en 'Mad Men' y en 'El cuento de la criada', Elisabeth Moss vuelve a demostrar su capacidad como mujer doliente y sufriente para llevar su personaje al costumbrismo absoluto. Si Verhoeven ya apuntó a la capacidad de abuso del villano que consigue la invisibilidad en 'El hombre sin sombra' —donde Kevin Bacon se dedica a violar a su vecina y magrear a su exnovia sin que esta quiera, pero en el plano fetichista y retorcido sello del holandés—, ahora Whannel lo traslada al cine social, una mezcla que no acaba de funcionar del todo, que pasa de la sugestión a la aridez, de la fantasía a la portada de sucesos, pero todo sin amalgamar.

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