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'Taxi a Gilbraltar': van un español y un argentino y conquistan el Peñón

Dani Rovira, el rey de la comedia costumbrista, se pone a las órdenes del argentino Alejo Flah, pero esta vez cambia a Clara Lago por el bonaerense Joaquín Furriel como pareja antagónica

Foto: Joaquín Furriel y Dani Rovira, en un momento de 'Taxi a Gibraltar'. (Warner)
Joaquín Furriel y Dani Rovira, en un momento de 'Taxi a Gibraltar'. (Warner)

Hace tiempo que la taquilla se limita a premiar el que se ha convertido en el gran género del cine español: la comedia costumbrista. Los primeros puestos en la lista de recaudación suelen estar copados por películas cortadas por un mismo patrón, con personajes estereotípicos construidos sobre el molde del prejuicio regionalista y el choque cultural como trasfondo de una aventura que promete locura y frenesí. Casi como un chiste de bar: esto, van un tal y un cual —inserte ahí el gentilicio que uno prefiera—, quienes, a pesar de sus diferencias, están condenados a entenderse.

El cliché localista es un filón inagotable. Más aún si se amplía el mapa hasta Latinoamérica —en ese sentido, en España estamos servidos de tópicos— y si se le añade un conflicto tan doliente en el orgullo patrio como el de Gibraltar. 'Taxi a Gibraltar', dirigida por el argentino Alejo Flah y coescrita con Fernando Navarro, tiene mucho de conversación de barra de bar castizo: taxistas cabreados —especialmente con Uber—, argentinos embaucadores y ¡Gibraltar español! También por ahí aparece la cuestión del Brexit, que tiene muy preocupados a los 'llanitos'.

Joaquín Furriel, Ingrid García Jonsson y Dani Rovira, en 'Taxi a Gibraltar'. (Warner)
Joaquín Furriel, Ingrid García Jonsson y Dani Rovira, en 'Taxi a Gibraltar'. (Warner)

Aunque no haya tensión sexual resuelta o no resuelta, 'Taxi a Gibraltar' es una comedia romántica —más o menos— con una traca final de acción, persecuciones y disparos. Pero esta vez Dani Rovira cambia a Clara Lago por el bonaerense Joaquín Furriel como pareja antagónica en esta 'buddy movie' sobre un taxista español iracundo y parco en palabras (Rovira) y un estafador de medio pelo argentino y, por tanto, verborreico (Furriel). Y es que en la primera mitad de la película, el personaje de Rovira se limita a escuchar con la mandíbula apretada las divagaciones de su cliente sobre la vida, la política, España y los españoles y, cómo no, Maradona y la mano de Dios.

Rovira representa al macho ibérico, al hombre rudo y llano, frente al prototipo de galán latino zalamero de Furriel: otro de los gags recurrentes es la profunda irritación que siente el taxista cada vez que una mujer sucumbe al acento meloso del timador. Porque hay varias. Y más allá de este choque de contrarios, que funciona, la película se va desinflando hasta acabar totalmente desnortada, con los personajes tomando decisiones irracionales para llegar al previsible desenlace. Y aunque la película arranca potente y divertida, con un Furriel que se come la pantalla con unos diálogos ametralladores a medida que avanza el taxímetro, el guion los sitúa en situaciones inverosímiles que se encasquillan.

Ingrid García Jonsson, en 'Taxi a Gibraltar'. (Warner)
Ingrid García Jonsson, en 'Taxi a Gibraltar'. (Warner)

En un principio, lo único que une a ambos personajes a la hora de emprender la aventura son los problemas económicos, que además serán lo que motive al taxista —que está hasta arriba de deudas y va a ser padre— a hacer el viaje de ambos hasta Gibraltar. Un periplo que se justifica endeblemente con la posibilidad de encontrar un tesoro en las entrañas del Peñón. Dato histórico: durante la Segunda Guerra Mundial, en caso de que los nazis invadiesen Inglaterra, el Gobierno de Winston Churchill mandó construir una red de túneles dentro de la montaña. Ficción: los túneles ocultan un montón de lingotes de oro que pueden cubrir las deudas de los protagonistas. Aún más ficticio: que el taxista acepte participar en la búsqueda que le propone el mismo hombre que no tiene dinero para pagarle la carrera.

La película finalmente se sostiene por la complicidad entre Rovira y Furriel

La desorientación de la trama se acentúa con la aparición de un tercer elemento desestabilizador: la chica. La nueva incorporación del triángulo está interpretada por Ingrid García Jonsson, cuyos altibajos emocionales provocan aún más desconcierto en el espectador. La extrañeza llega a su punto climático en la —larguísima— secuencia en la que los tres protagonistas se encuentran en medio de la carretera con el prometido de la mujer, un 'paleto de pueblo' que intenta recuperar a su novia a base de escopetazos y que hace chanza del estereotipo de la España profunda sin demasiado éxito. La película finalmente se sostiene por la complicidad entre Rovira y Furriel, que acaban demostrando química como dúo cómico, y que van tumbando los prejuicios culturales que se retroalimentan a uno y otro lado del charco.

Cartel de 'Taxi a Gibraltar'.
Cartel de 'Taxi a Gibraltar'.

También funciona el dúo de secundarios de Jorge García 'Perrichi' y Juan Vinuesa, John y Paul Pérez, los dos policías que custodian la frontera de España con Gibraltar, prototipo de llanitos que hablan 'spanglish' y comen 'salaítos' a la vez que guardan fidelidad a la reina de Inglaterra. 'Taxi a Gibraltar' probablemente recaude bien en taquilla en tanto en cuanto reproduce la fórmula de humor costumbrista de 'Ocho apellidos vascos' o 'Villaviciosa de al lado' pero, aunque tiene momentos divertidos, no acaba de funcionar un guion con demasiados rellenos que cortan el ritmo de una película que promete ser frenética desde el propio diseño de cartel.

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