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'Sin rodeos': Segura se marca una peli feminista... con dos cojones

Ni la gran Maribel Verdú salva la primera película del director tras la saga 'Torrente', que reincide en los tópicos más rancios y simplones sobre mujeres, hombres y redes sociales

Foto: Maribel Verdú protagoniza 'Sin rodeos'. (A Contracorriente)
Maribel Verdú protagoniza 'Sin rodeos'. (A Contracorriente)

Como "comedia de empoderamiento" define Santiago Segura su nueva película, un 'remake' de la cinta chilena 'Sin filtros', de Nicolás López. 'Sin rodeos', en efecto, resigue el proceso de Paz (Maribel Verdú), una mujer de mediana edad a quien nadie valora como se merece, para liberarse de sus propias represiones y recuperar la autoestima. La vida de Paz es un catálogo de situaciones injustas: su pareja no da palo al agua, su jefe ficha a una chica más joven para que la supervise, su amiga no es capaz de escucharla, su psiquiatra solo sabe aumentarle la dosis de medicación y su hermana siempre le pide favores. La sufrida protagonista llegará al hartazgo definitivo y vivirá su propio día de furia. El proceso liberador de Paz pasa por dejar de callarse las cosas, expresar su rechazo y quererse un poco más. Visto así, el filme encajaría en los discursos feministas que abogan por que las mujeres no aguanten más imposiciones, digan lo que piensan, se quiten de encima rémoras innecesarias y se encuentren a gusto con ellas mismas.

Pero revisemos la película con más calma. ¿Cómo son los personajes femeninos? La nueva compañera de trabajo de Paz, a la que da vida Cristina Pedroche, es una 'influencer' a la que el jefe ficha como supuesta medida para conectar con un 'target' más joven. El personaje es la caricatura actualizada a los tiempos del selfi de la chica guapa, egocéntrica y sin demasiadas luces que además no establece con la protagonista otro tipo de relación que no sea la de rivalidad. La hermana (Toni Acosta) sería una 'loca de los gatos', una mujer que prefiere convivir con un felino que con un ser humano y es ridiculizada en el filme por ello. La mejor amiga (Cristina Castaño) no sale del gimnasio, está enganchada al móvil y responde al fantasma de la exnovia psicópata que acosa a su antigua pareja sin tan siquiera ser consciente de ello. También tenemos a la nueva novia (Bárbara Santa-Cruz) del ex (Diego Martín) de Paz, otro personaje al que solo se puede odiar como encarnación de la fémina controladora y hostil. Luego está la pija del coche merecedora de un buen puñetazo (Candela Peña). Y para acabar, la insufrible asistente del adivino.

Como comedia, 'Sin rodeos' se podría haber planteado subvertir este cúmulo de tópicos misóginos desde varios mecanismos (exagerándolos hasta desactivarlos o celebrándolos en positivo), pero ni lo intenta ni lo pretende. Para más inri, el personaje de Paz está construido en oposición a todas estas secundarias y a partir de otra sarta de clichés respecto a las mujeres, esta vez en positivo: ella es responsable, trabajadora, comprensiva y con más paciencia que Job. El filme plantea que el problema de Paz radica en ser demasiado complaciente, pero al mismo tiempo la señala como el único personaje simpático precisamente por ello.

'Sin rodeos' se podría haber planteado subvertir este cúmulo de tópicos misóginos, pero ni lo intenta ni lo pretende

Los hombres no salen mejor parados, y aquí seguimos para bingo. El jefe (David Guapo) es un acosador sexual cuyo tendencia al abuso está totalmente frivolizada en la película. Siguiendo con la doble moral de 'Sin rodeos', Paz se distingue explícitamente del resto de trabajadoras de la empresa por ser la única que no ha 'cedido' a los avances de su superior. El marido (Rafael Spregelburd) es un seductor caradura con acento argentino que se cree el nuevo Jackson Pollock, un artista que debe dejar fluir su tormento interior sin que nadie le moleste con requerimientos banales como ir de compras al supermercado o atender al técnico de internet (Florentino Fernández). Los chistes más que gastados a propósito del arte contemporáneo están al nivel de los que se llevan a cabo sobre las mujeres o sobre las redes sociales.

Como cineasta supuestamente gamberro que es, Segura podría haber apretado el acelerador cuando Paz se sumerge en su día de furia. Pero ni entones se le permite a la protagonista desmelenarse más allá de lo que se debe considerar políticamente correcto para una mujer 'normal' cabreada, demostrándose una vez más que el nivel de desmadre que se les permite a las protagonistas femeninas en estas 'comedias de empoderamiento' es muy inferior del que han disfrutado tradicionalmente los hombres en filmes equivalentes.

Maribel Verdú y Santiago Segura, en 'Sin rodeos'.
Maribel Verdú y Santiago Segura, en 'Sin rodeos'.

Así que no por casualidad los escasos momentos divertidos de 'Sin rodeos' son los más 'torrentiles': el portero del edificio borracho en el umbral del ascensor mientras la puerta no para de chocar contra su entrepierna, la fiesta sin fin de amiguetes que celebra Quique San Francisco en el piso de arriba del de Paz o todo lo que tiene que ver con el gato de la hermana...

Resultan curiosas las concomitancias que 'Sin rodeos' guarda con otro filme español reciente, 'Perfectos desconocidos', de Álex de la Iglesia. En ambos casos nos encontramos ante directores populares con cierta áurea rompedora que llevan a cabo un 'remake' patrio de una comedia de éxito de otro país. En ambos casos se pretende ofrecer una mirada cómica a una sociedad marcada por las nuevas formas de relacionarse que propician las redes sociales y por las viejas dinámicas de la hipocresía y el machismo. Y los resultados también se repiten: películas impersonales, formulaicas y repletas de estereotipos que esconden un discurso plano, previsible y conservador tras una aparente imagen de transgresión o reivindicación femenina.

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