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'Perfectos desconocidos': sexo, mentiras y teléfonos móviles

El director lleva a su terreno el 'remake' de la película italiana al convertir una cena de amigos en el espejo deformante de una sociedad hipócrita que esconde sus secretos en el móvil

Foto: 'Perfectos desconocidos'.
'Perfectos desconocidos'.

Podría ser una versión ligera de cualquier capítulo de 'Black Mirror' en torno a los peligros de una sociedad en exceso dependiente de las nuevas tecnologías. 'Perfectos desconocidos', la segunda película que estrena Álex de la Iglesia este 2017 tras 'El bar', reúne a un grupo de parejas que se conocen desde hace años en torno a una mesa para lo que se proyecta como una cena agradable. Ejercen de anfitriones Alfonso (Eduard Fernández) y Eva (Belén Rueda), un matrimonio acomodado con una hija adolescente. Se les suman Ana (Juana Acosta) y Antonio (Ernesto Alterio), siempre al borde de la discusión. También llega Eduardo (Eduardo Noriega), que se acaba de casar con la más joven Blanca (Dafne Fernández). Por último, Pepe (Pepón Nieto), un divorciado en el paro que prometió que acudiría con su nueva novia pero al final se presenta solo.

Para animar la velada, se proponen un reto. Todos dejan los móviles al descubierto y deben compartir en público aquellos mensajes y llamadas que les lleguen a lo largo de la noche. Al iniciarse el ágape, estos mejores amigos y sus parejas insisten en que no tienen secretos que ocultar, de aquí la supuesta facilidad con que acceden a la propuesta. Por supuesto, a medida que avanza la cena, a través de los móviles van desvelándose todo tipo de mentiras, relaciones ocultas, engaños y traiciones que ponen en jaque la supuesta confianza que reinaba en el grupo.

Quizá porque se trata de un 'remake', 'Perfectos desconocidos' es la película menos vitriólica de la filmografía de Álex de la Iglesia, la que en menor grado se expresa a través del esperpento moral y la estética grotesca. El director y su guionista habitual, Jorge Guerricaechevarría, insertan la trama original en un contexto cuasi fantástico que casa mucho mejor con su imaginario. Así, lo que sería una típica cena entre amigos en una noche cualquiera de verano tiene lugar en pleno eclipse de luna, un acontecimiento excepcional que funciona a modo de desencadenante mágico de los acontecimientos. El fenómeno astronómico también ofrece un ambiente propicio para esos clímax que tienden al apocalipsis de pequeño formato tan gratos al responsable de 'El día de la bestia'. En esto y en el hecho de tratarse de una comedia negra de vocación sociológica ambientada en un espacio único y casi cerrado coincide con su anterior filme, 'El bar'. Aunque 'Perfectos desconocidos' tiene un mayor regusto teatral, por mucho que una cámara siempre en movimiento se esfuerce en evitarlo.

Dobles vidas

De hecho, el filme introduce algunos elementos típicos de la comedia de vodevil que encierra a diferentes personajes en un espacio para propiciar los enredos y equívocos entre ellos. Pero aquí los móviles sustituyen a los elementos de toda la vida (los disfraces, el intercambio de habitaciones...) que facilitaban la confusión de identidades y el desvelamiento de secretos. Esta es la única novedad realmente contemporánea en 'Perfectos desconocidos', la herramienta que facilita una mayor inmediatez a la hora de poner en evidencia dobles vidas, infidelidades y secretos propios de los seres humanos desde que el mundo es mundo. Así, la moraleja final del filme, algo tan de sentido común como que compartir la intimidad de los móviles no resulta una buena idea, serviría para cualquier época con la única diferencia de que nuestra comunicación personal ahora mismo está gestionada y albergada por un único dispositivo. En cambio, la película no se esfuerza en desarrollar aspectos intrínsecamente propios de nuestra era en lo que a la utilización del móvil se refiere, como la construcción de una imagen pública para las redes o la adicción a sus flujos de mensajes.

'Perfectos desconocidos'.
'Perfectos desconocidos'.

Si su trama es mucho menos moderna de lo que aparenta, 'Perfectos desconocidos' resulta un buen ejemplo del audiovisual del siglo XXI en lo que a sus condicionantes de producción se refiere. Esta es una película hija de la era del 'pitching' y el 'high-concept': se resume y vende muy bien en una sola idea con gancho. Forma parte de la moda de los filmes concebidos como formatos exportables y adaptables a cualquier cultura con una base cómica, además, que debe mucho a los monólogos de éxito en torno a tópicos sobre el mundo de la pareja y la guerra de sexos. Los personajes y sus conflictos responden a estereotipos y a situaciones tópicas que puede identificar con facilidad un público mayoritario. Y además es una película que puede verse en cualquier tipo de pantalla en cualquier circunstancia: no resulta compleja en la puesta en escena, prioriza los diálogos y mantiene la atención del espectador a través de un guion perfectamente calculado y 'formulaico', plagado de continuas sorpresas (más o menos previsibles) y giros de guion. No fuera caso de que alguien tenga la tentación de echarle un vistazo al móvil mientras mira la película...

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