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'La última bandera': en la guerra solo los muertos son héroes

Richard Linklater dirige a Steve Carell, Bryan Cranston y Laurence Fishburne en esta 'road movie' en que tres veteranos de Vietnam se reúnen 30 años después de la guerra

Foto: Steve Carrell y Bryan Cranston en 'La última bandera'. (Vértigo)
Steve Carrell y Bryan Cranston en 'La última bandera'. (Vértigo)

Este fin de semana, por azares de la distribución, coinciden en el cine dos películas que parten de un nexo común: la noticia de la muerte en combate de un joven soldado y el mazazo que supone esta en la vida de sus seres queridos. Tanto 'Foxtrot', candidata —que no nominada— al Oscar a mejor película extranjera, como 'La última bandera', la última película de Richard Linklater, coinciden en ese momento de sensible tensión artificiera en que la familia se ve cara a cara con el Estado, personificado en un sargento o coronel, pidiendo ver a su hijo; despejar todas las dudas, aunque sean irracionales. Ahí es donde se separan ambas películas, para transitar derroteros muy diferentes. Y la de Linklater elige la introspección del duelo y las resonancias de la guerra en las vidas civiles de los soldados y su familia.

Aquellos que van a la guerra ya no vuelven. No igual que se fueron. A mediados de los años cuarenta, John Huston rodó uno de los documentales antibélicos más conmovedores de la historia del cine, 'Let There Be Light'. Huston metió la cámara en la consulta de los médicos y psiquiatras que examinaron a los soldados estadounidenses que, recién llegados de la Segunda Guerra Mundial, padecían trastornos postraumáticos que a muchos les acompañarían toda la vida: desde el tartamudeo o la amnesia hasta la paranoia o los ataques de ansiedad agudos.

Bryan Cranston, Steve Carell y Lawrence Fishburne, en 'La última bandera'. (Vértigo)
Bryan Cranston, Steve Carell y Lawrence Fishburne, en 'La última bandera'. (Vértigo)

La vida de los protagonistas de 'La última bandera' también ha estado marcada por el tiempo que lucharon como marines. En su caso, en Vietnam. "Todas las generaciones tienen su guerra. Quizás algún día intentemos algo diferente", lamenta uno de los personajes en un momento de la película. Ahora es 2003 y han pasado 30 años desde que Larry (Steve Carell), Sal (Bryan Cranston) y Richard (Laurence Fishburne) se vieron las caras por última vez. Sal es el dueño de un bareto de mala muerte, nunca se casó ni tuvo descendencia. Richard se convirtió en pastor de iglesia y formó su propia familia. Y Larry, después de pasar ocho años en la cárcel a la vuelta de la guerra como chivo expiatorio de un delito menor, consiguió llevar una vida relativamente normal hasta el fallecimiento de su mujer y, sobre todo, hasta que unos días antes unos hombres llamaron a la puerta de su casa en nombre del Gobierno de Estados Unidos para anunciarle que su único hijo acababa de morir en combate en la Guerra de Irak.

"Todas las generaciones tienen su guerra. Quizás algún día intentemos algo diferente", lamenta uno de los personajes

Por eso Larry ha decidido reencontrarse con sus antiguos compañeros y pedirles que lo acompañen a recoger el cuerpo de su hijo para poder enterrarlo. Con esta premisa, Linklater rueda una 'road movie' crepuscular en que los tres veteranos —como en la típica regresión en la fiesta de reencuentro del instituto— retoman las relaciones de poder y las identidades que dejaron atrás hace tres décadas y que ahora son la única fotografía con la que reconocerse mutuamente. Un viaje para recordar con nostalgia la juventud perdida, incluso en un lugar tan traumático como una guerra, para analizar los efectos de esta en sus vidas y para plantearse si mereció la pena luchar por su país, incluso si realmente lucharon por su país. Y todos, en algún momento, han sentido que nadie les agradeció lo suficiente haberse jugado el pellejo. Ellos no mordieron el polvo ni derramaron su sangre, y solo los muertos son héroes.

Steve Carell protagoniza 'La última bandera'. (Vértigo)
Steve Carell protagoniza 'La última bandera'. (Vértigo)

Con su habitual estilo pulido y desnudo, cuya fuerza reside en la sencillez formal y la natural trascendencia de los diálogos, Linklater adapta en 'La última bandera' la novela homónima de Darryl Ponicsan —quien también participa en el guion—, concebida como una suerte de secuela de su libro 'El último deber' (1973), convertida en película en 1973 bajo la dirección de Hal Ashby y protagonizada por Jack Nicholson, Randy Quaid y Otis Young. Dos novelas que reflejan la impronta que dejaron dos conflictos bélicos en dos generaciones de estadounidenses.

'La última bandera' es la secuela libre de 'El último deber', adaptada al cine en 1973 y protagonizada por Jack Nicholson

Pero que nadie se imagine un drama solemne y plomizo; Linklater alterna el drama de la pérdida con una visión cómica de lo paradójico de la vida. En especial en un momento en que confunden a Richard —veterano de Vietnam y pastor protestante, recordemos— con un mulá sospechoso de formar parte de una célula terrorista. O la entrañable ingenuidad y torpeza de Sal tras comprarse su primer teléfono móvil. E incluso la cabezonería de Larry por enterrar a su hijo tiene algo de la tierna irracionalidad de 'Una historia verdadera'.

Un fotograma de la última película de Richard Linklater. (Vértigo)
Un fotograma de la última película de Richard Linklater. (Vértigo)

Sin embargo, la crítica antibelicista de Linklater se mantiene en aguas templadas y aunque cuestiona el relato de 'lo heroico' y el aura de santidad que se construye alrededor de la figura de los caídos en combate —incluso a expensas de la verdad— y señala lo absurdo de ciertos códigos de la disciplina militar, no se atreve a profundizar en terrenos pantanosos, como los intereses económicos que se mueven en un conflicto armado —"allí, a miles de kilómetros, yo nunca tuve la sensación de estar protegiendo América"—, ni profundizar en el abandono social y administrativo —y ni decir del peaje psicológico— en que se quedan muchos veteranos de guerra después de haber arriesgado la vida por su bandera.

Cartel de 'La última bandera'.
Cartel de 'La última bandera'.

Tomando como referencia sus últimas películas, como las especialísimas 'Boyhood' y el cierre de su trilogía 'Antes de...', con 'La última bandera' Linklater ofrece su trabajo más constreñido, sin la frescura ni la magia ni la sedosidad que acostumbra. Y aunque Cranston y Fishburne no consiguen desencorsetarse en unas actuaciones prototípicas, Steve Carell conmueve hasta taponar la faringe con el papel de un hombre al que la vida le ha puesto tanto la pierna encima que parece haber menguado hasta estar al borde de desaparecer. Lo cierto es que el Linklater más convencional sigue siendo emocionante y sabe extraer lo más extraordinario de la vida de los detalles que, para el ojo que no se detiene a mirar, pasarían por la nimiedad más ordinaria.

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