presentación en madrid

Y el hombre traicionó a su mejor amigo: vuelve Wes Anderson con 'Isla de perros'

El director tejano ha pasado por Madrid para presentar 'Isla de perros', la película con la que ha ganado el Oso de Plata a Mejor Dirección en la pasada Berlinale

Foto: Un fotograma de 'Isla de perros'. (Fox)
Un fotograma de 'Isla de perros'. (Fox)

El Madrid más gris posible recibía en la noche del martes al director de cine más colorido —con permiso de Pedro Almodóvar y del Jeunet de Amélie—: Wes Anderson aterrizaba en la Filmoteca en medio de una lluvia espesa. Y en la calle, bajo los voladizos de la calle Santa Isabel, cientos de cinéfagos aguantando el chaparrón con entereza; todo sacrificio es poco para ver al ídolo de —más o menos— cerca. Además, el director tejano llegaba antecedido por la actualidad del Oso de Plata a Mejor dirección que recibió el pasado fin de semana en la Berlinale por 'Isla de perros', precisamente la película que venía a presentar en el Cine Doré y que se estrenará en salas comerciales el 20 de abril.

Anderson apareció junto a sus co guionistas Roman Coppola, de los Coppola de toda la vida, y Jason Schwartzman, también de los Coppola de toda la vida pero sin el peso del apellido. Los tres como recién sacados de una fotografía en sepia de los años 70. La misma paleta de colores de 'Los Tenenbaums. Una familia de genios' (2001) como fondo de armario. Cuatro años después de su último largo, 'El gran hotel Budapest' —ganó cuatro oscars—, y casi una década tras su primera gran incursión en el cine de animación con 'Fantástico Sr. Fox', Wes Anderson vuelve a encomendarse al 'stop motion' en la que según sus palabras es "la película más política de su filmografía". Porque la animación es el reducto más seguro para la crítica social: parece que con marionetas y dibujitos la subversión entra mejor. Con un poco de azúcar esa píldora, que decía Poppins.

Un fotograma de 'Isla de perros', la última película de Wes Anderson. (Fox)
Un fotograma de 'Isla de perros', la última película de Wes Anderson. (Fox)

'Isla de perros' no es 'Fantástico Sr. Fox'. Es decir, no es una película para niños. "Es una película para niños pero para más adelante", bromea el director. Es un relato crudo —con su punto de humor retorcido, pero violenta al fin y al cabo— sobre la falta de empatía y la vileza del ser humano, que contrasta dolorosamente con la sempiterna fidelidad canina del grupo protagonista. En un futuro distópico, al alcalde de la semi ficticia ciudad japonesa de Megasaki se le ocurre la última idea peregrina para mantener a la población ocupada con un objetivo de odio concreto: mandar a todos los perros de la ciudad, acusados de transmitir una enfermedad que podría —¿podría?— contagiar al hombre, al exilio de una isla que actúa como vertedero municipal y moral. Una posible amenaza como excusa para hacer converger la irracionalidad y el desprecio de una sociedad entera. En resumen, algo con lo que mantener las vísceras ocupada.

El alcalde de Megasaki manda a todos los perros de la ciudad a una isla que actúa como vertedero municipal y moral

Debajo de la fachada multicolor del Hotel Budapest o de la casa de los Tenenbaums Anderson siempre ha escondido un poso agridulce. Pero no tan vehemente y doloroso como en 'Isla de perros'. "Si que es verdad que es más política que otras películas que hemos hecho", reconoce. "Lo curioso es que partimos de una situación en la que teníamos que inventarnos un gobierno. Y un gobierno criminal. Así que indagamos en la historia para inspirarnos pero, como estos procesos son tan largos, para cuando empezamos la película el mundo estaba cambiando. Y lo que íbamos escribiendo e íbamos leyendo, conforme pasaba el tiempo, cada vez era más político. Yo espero que, al final, la política esté al servicio de la historia, de los personajes, porque para nosotros la experiencia de la película es la que prima". Ni tan siquiera la fantasía de Anderson se puede despegar de la realidad de la crisis de los refugiados, de las deportaciones en Birmania, de las matanzas y la hambruna de Sudán del Sur, del Gobierno Trump, del auge de la extrema derecha europea. "And so on and so on", que diría Žižek.

El alcalde de Megasaki, uno de los villanos de 'Isla de perros'. (Fox)
El alcalde de Megasaki, uno de los villanos de 'Isla de perros'. (Fox)

Perros desnutridos, rabiosos y desconcertados en una isla de basura. Pero perros tremendamente honestos, dignos, una versión mejorada y peluda de sus homólogos humanos. Y un trabajo de 'stop-motion' de orfebrería fina. "Creo que la principal razón por la que quisimos hacer la película en 'stop-motion' es por la destreza de las personas que hacen estas miniaturas tan bellas; estos personajes en miniatura son imposibles de hacer con un ordenador", justifica Anderson, una obra museística vintage en sí mismo. "Y el arte de convertir un objeto inanimado en algo vivo, de darle vida a estas marionetas, que parezca que están vivas, es un proceso muy misterioso para mí. Por eso me gusta mantener una colaboración muy cercana durante el proceso, discutirlo... porque es algo muy único de la técnica 'stop-motion'".

Anderson: "El arte de convertir un objeto inanimado en algo vivo, de insuflarle vida a estas marionetas, es muy misterioso para mí"

"En el trabajo con 'stop-motion tienes que simultanear muchas tareas, no es algo lineal", prosigue. "Tienes que calcular las marionetas que vas a tener disponibles en dos meses, y la única forma de hacerlo bien es contar con gente que lo ha hecho ya muchas veces. Nuestro equipo es de lo mejorcito de la 'stop-motion y mi trabajo es confiar en ellos y en su talento". Uno puede intuir en sus palabras, en sus formas, en sus planos, en su relación con el público, la meticulosidad de un creador perfeccionista obsesionado con el detalle. Seguramente ni sus calcetines rojos hayan sido una elección dejada al azar.

Una imagen del proceso de 'Isla de perros'. (FoxNext)
Una imagen del proceso de 'Isla de perros'. (FoxNext)

Tres años pegado a un ordenador, confiesa Anderson. Alrededor de 1.000 marionetas —algunas tardaron hasta dieciséis semanas en construirse— y un reparto de actores de doblaje en el que no cabe ni una estrella más: Bryan Cranston, Edward Norton, Bill Murray, Greta Gerwig, Scarlett Johansson y Tilda Swinton. "Ahora, más que nunca, nuestra forma de hacer cine es como una familia. En el caso de los rodajes de acción real convivimos y nos hospedamos en el mismo hotel, cenamos juntos, desayunamos juntos, y me gusta trabajar así, no me gusta que la gente se vaya a casa, me gusta que todo el equipo se quede junto, que convivamos formando parte de esa experiencia hasta el final del rodaje", admite. El caso de la animación es diferente: esa conexión se produce en el momento de doblar las voces. "Cuando hicimos 'Fantástico Sr. Fox' grabamos en las distintas localizaciones naturales, aunque no todas, no todo el rodaje. Pero fue una muy buena experiencia: eran las primeras grabaciones y acabamos pasando un fin de semana todos juntos en una granja de Nueva Inglaterra haciendo las voces".

El director estadounidense Wes Anderson a su paso por Madrid. (Fox)
El director estadounidense Wes Anderson a su paso por Madrid. (Fox)

Anderson, que ya había visitado el Cine Doré unos tres años atrás, no quiso dejar pasar la oportunidad de hacer un guiño a sus seguidores españoles. "Cuando hice 'Los Tenembaum: una familia de genios' me vi influido en cierta manera por España porque me inspiré conscientemente en Pedro Almodóvar; me encantaban sus películas desde hacía tiempo, pero en esa película había cosas muy concretas sobre el 'look' de la película que me sirvieron de inspiración. Es uno de los grandes referentes de cómo ser un cineasta, con sus propias historias ambientadas en su ciudad. Como Bergman. Son personas que tienen una región, un hogar, una 'familia' con la que hacen películas. Y se nota esa conexión. Y no hay muchos directores así".

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